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Haití

                            n°452

21/07/2017

Frida Khalo
                

 

​Minus Just

Camille Chalmers, activista de la organización social haitiana PAPDA nos escribe desde allá:

 

"El Consejo de Seguridad de la ONU puso fin a la MINUSTAH y acordó remplazarla por la Misión de la ONU de Soporte a la Justicia en Haití (MINUJUSTH), que contará con siete unidades de aproximadamente 980 agentes y 295 oficiales. La nueva fuerza policial será substituida luego de un plazo de dos años por una institución policial haitiana".

El último ciclista ya entró, no al Velódromo esta vez. Vamos a ver si arrancamos, lo que sigue es una contribución a un necesario balance sobre la participación de Uruguay en la MINUSTAH, que tenemos que hacer. Hemos dicho en sucesivas notas que la MINUSTAH ha fracasado en todos sus objetivos declarados, con una excepción PARCIAL: "haber apadrinado la policía haitiana, todavía muy precaria aunque aprendiendo lo peor" (Por la ventana fue que entraron, marzo 16).

Hoy los hechos confirman también esto. Si quedando atrás la MINUSTAH se proponen continuar con otra "misión" especializada en conformar una fuerza policial haitiana es porque ese objetivo les es especialmente relevante, y porque no está completamente cumplido.

Las razones de que esta tarea que se propusieron quedó cumplida solamente a medias son las dificultades básicas y estructurales en la reconstrucción del aparato del Estado neo-colonial, que no se superan por políticas de superficie. El objetivo de "reconstruir" Haití es de hacerlo en un sentido específico, integrarlo en un lugar ultra-subordinado en la cadena mundial de explotación capitalista del trabajo y recursos naturales.

Las "misiones" sucesivas de la ONU en Haití vienen desde 1993, luego del primer derrocamiento de Aristide, UNMIH, UNISMIH,​ UNTMIH, ​MIPONU, todas orientadas a formar una policía haitiana operativa. Hoy son 13 mil efectivos mal equipados, mal preparados y mal pagos para más de 10 millones de habitantes; en Uruguay hay 30 mil.

Y para ver que eso era un objetivo privilegiado de la MINUSTAH alcanzan las sucesivas resoluciones de prórroga del Consejo de Seguridad al cabo de todos estos años, todas dicen lo mismo.

"Reiterando el papel vital que desempeña la Policía Nacional de Haití en lo que respecta a la seguridad y estabilidad de Haití, y acogiendo con beneplácito la labor que se está realizando para fortalecerla, profesionalizarla y reformarla, acogiendo con beneplácito el hecho de que la Policía Nacional de Haití ha seguido mejorando su capacidad y ha demostrado su determinación de garantizar la seguridad del pueblo haitiano, y observando que todavía no es independiente desde el punto de vista operacional, sino que sigue dependiendo del apoyo internacional...".

Así año tras año, mucho beneplácito y ningún resultado, sigue dependiendo; se va la MINUSTAH y sigue dependiendo. Y si esto no se ha modificado en 13 años, 34 si contamos las previas, 2 más no lo cambiarán. Para tener un panorama más claro se puede leer un informe de AP difundido por New Cold War sobre l​as violaciones por efectivos de la ONU (Semanario Alternativas 14/4, Posta Porte ña 1755).

También la reciente carta de cinco premios Nobel de la Paz en la que reclaman a la ONU reparar a Haití por los daños causados por la misión, "... ante la falta total de justicia y una respuesta reparadora contundente e integral para las personas, familias y comunidades en Haití, que han sido las víctimas directas del balance catastrófico de la MINUSTAH en términos de derechos humanos... Son miles las mujeres, niños y niñas violadas o explotadas sexualmente, muchas de ellas abandonadas con niños sin que los soldados de la Misión reconozcan su responsabilidad" (la diaria, 17/4)

Una policía en un Estado capitalista es un guardián del orden capitalista, de la propiedad privada, de la capacidad de operar de las empresas, uno de los "destacamentos de hombres armados" que ejercen el monopolio de la violencia.

Dentro de sus funciones está la de fuerza represiva al servicio del orden capitalista ante cualquier rebelión de los explotados. Pero es obvio que esa no es su única función. Para que los trabajadores estén en condiciones de ser explotados tienen que poder ir a su casa y volver al trabajo al día siguiente, esa es la "seguridad del pueblo" de que se habla.

Pero si el objetivo es hacer de Haití una "China de bolsillo" de explotación extrema de la fuerza de trabajo, la diferencia está en que China tiene su propio Estado y su propia policía, y Haití es policiaco-dependiente.

Y si como medida de los estándares de la MINISTAH en materia de protección de la "seguridad del pueblo" tomamos ese informe que citamos sobre violaciones por efectivos de la MINUSTA nos damos una idea del problema.

Vamos a citar algo más. La violación del joven haitiano Johnny Jean en 2011 por marinos uruguayos ocurrió muy poco antes de que una diplomática uruguaya, Laura Dupuy Lasserre asumiese la presidencia del Consejo de DDHH de la ONU.

Le escribimos directamente porque no confiábamos demasiado con la justicia uruguaya (y en eso teníamos razón) para preguntar sobre los pasos para proseguir la denuncia ante la ONU. La respuesta que nos dieron (todo esto puede encontrarse en nuestro informe ante la INDDHH, [1] dice:   "...deseamos informarle que el seguimiento del caso corresponde al Departamento de Operaciones de mantenimiento de la paz de Naciones Unidas (DPKO)."

O sea: el DPKO se controla a sí mismo y punto, incluso en las violaciones de DDHH que sus mismos efectivos puedan cometer y cometen, no hay posibilidad de control siquiera por el organismo que Naciones Unidas tiene para la protección de los Derechos Humanos.

Con instrumentos así los resultados son los esperables, ¡que astilla querés con ese palo! Por eso, lo esperable es que, dentro de dos años, tampoco exista en Haití una policía que pueda ser "independiente" de la tutela extranjera en ninguna de sus funciones. Y la "minus just" será un nuevo fracaso, porque la ONU es precisamente eso, lo menos justo.

Veamos los otros objetivos de la MINUSTAH. Los de buenas intenciones, contribuir al desarrollo de Haití en  nivel de vida, empleo, salud, educación, vivienda, agua potable..., quedaron en eso: palabras.

Hoy se asume de hecho que ya ni en las palabras.

Queda decir algo sobre la "estabilización" entendida en el sentido político-institucional, que, además del estrictamente policial, era el tema de la MINUSTAH. "La democracia de nuestro país no es exportable, cada pueblo tiene la soberanía de definir su destino...  Pero no podemos verlo a imagen y semejanza de nuestras democracias, de nuestra institucionalidad".

Estas son palabras de nuestro ministro de defensa, Jorge Menéndez, anunciando el retiro de Uruguay de la MINUSTAH (la diaria 16/3, El País 15/4). Y si las instituciones no son exportables, entonces ¿qué fueron a hacer a Haití? ¿Y recién ahora se dan cuenta?

La única forma lógica en que podemos leer estas palabras es como que se está asumiendo, no de manera totalmente explicita porque cuesta hacerlo, el fracaso en los objetivos políticos de la MINUSTAH. Obviamente, lo más fácil es eso que también está implícito allí. echarle la culpa a los haitianos que como nosotros no son, y parece que en materia democrática son "pueblos con capacidades diferentes".

¿Por qué no ha sido posible poner a Haití, dentro del sistema-mundo capitalista, en un lugar diferente a un protectorado de hecho?

¿Un lugar más "normal" desde el punto de vista burgués? La "insuficiencia policial" o "síndrome policiaco-dependiente" sólo es la forma en que la enfermedad se manifiesta. Y como dijo bien una vez Galeano -hablando de nosotros, Uruguay- "no vendrá la cura de donde vino la peste".

Acostumbramos a decir que el pueblo haitiano sigue sufriendo, por parte de las potencias imperialistas, el castigo por protagonizar la primera y única revolución triunfante de esclavos.

Es una frase emocionante y tiene parte de la verdad, pero no toda la verdad. No es propio de la izquierda quedar en la veneración del pasado, tenemos que venir al presente. Es obvio que hay problemas para meter en la cadena a este eslabón "China de bolsillo", problemas que vienen de los otros eslabones, porque la explotación tiene que ser negocio y los costos de seguridad son costos.

Castigar al estilo chino sería fusilar al tipo y hacer que sus familiares paguen la bala; eso se intentó, pero a la "familia latinoamericana" que fue a ejecutar el castigo, se le terminó la plata para las balas. Por esta rama seguiremos en otra oportunidad, ahora volvamos al tronco.

La nueva misión MINUJUSTH tendrá algunas diferencias con la MINUSTAH. Uruguay no va a participar en ella, y tampoco será será una ocupación militar, sino un apadrinamiento policial en conformidad con el gobierno haitiano. No se pueden mantener las mismas consignas ignorando los cambios.
¿Qué pasa con este gobierno haitiano? Ha sido producto de elecciones que han sido impugnadas por la oposición por diversas irregularidades, pero eso es solamente un aspecto, el fraude en el sentido estricto de manipulación o falsificación de los resultados electorales. Una vez más es parte de la verdad pero no toda la verdad.

El problema principal con estas elecciones haitianas es que votó un 20% de los habilitados. No se puede pretender que sea una manifestación de la soberanía del pueblo, y si hubiesen resultados un poco diferentes y sido electo el que entró segundo, habría tan solo una diferencia de grado.

¿Y por qué incluso esa diferencia de grado les resulta intolerable?

La baja participación en las elecciones puede tener varias causas, políticas y no políticas. Se hicieron a pocos días del huracán Matthew, con medio país destruido, empobrecido, con alta fragmentación política, 50 candidatos y sólo 25 pudieron continuar, por problemas de financiación de las campañas.

Ganó un empresario oficialista que supo aprovechar la miseria para una campaña de asistencialismo proselitista.

Esa baja participación también pude ser producto del desprestigio de las elecciones en sí mismas, esta forma política que reduce el pueblo a las urnas.

Y además, con toda esa serie de precedentes de "selecciones" desde arriba. Dos cosas más. Una es el fracaso de Aristide y Lavalas como opción política, y a la hora del balance no se puede dejar esto afuera.

Vamos a citar una entrevista a Aristide cuando todavía estaba exiliado en Sudáfrica, antes de su retorno a Haití:

"Pretenden temerme cuando soy parte de la solución, si nos basamos en lo que la mayoría de la gente en Haití todavía siguen diciendo. Si continúan pidiendo mi regreso con manifestaciones pacíficas, significa que todavía tienen instalado el problema. Así que si quieren resolver el problema, que abran la puerta a mi regreso". [2] (Subrayados nuestros)

No podemos seguir con la leyenda de un Aristide antiimperialista.

Muchos haitianos recuerdan que él dio el primer paso hacia la ocupación del país cuando en 1994 con el objetivo de regresar a la presidencia aceptó la ocupación militar norteamericana.

Luego, ante la debacle de la MINUSTAH, ofreció indirectamente sus servicios al gobierno de Obama para una salida de contención. Luego volvió, y en vez de sumarse a la movilización del pueblo haitiano contra la MINUSTAH prefirió mantenerse al margen reservando la carta de solución por "gran acuerdo". Le fue mal, se quedó con la carta en la mano, y ​en los resultados electorales aun en esta elección tan flaca, el cuarto lugar para la candidata de Lavalas da cuenta de esto.

Esa carta hubiese sido la de una opción política de contención socialdemócrata o populista dentro del sistema, como han habido en gran parte del continente, con a una burocracia política de fachada medrando como parásito. Pero en ​Haití, de esa teta se colgaron las ONG. ¿Por qué? Por la MINUSTAH.

Pero también hay algo que decir sobre el resto de la oposición. No se ha sabido o no se ha podido ocupar el lugar que Lavalas deja vacante, sea en las urnas o no. Dejemos eso para el pueblo haitiano. Queda, en cambio, algo que decir sobre Uruguay.

La política internacional mercenaria del Estado uruguayo también ha tenido su fracaso.

"El ministro de Defensa Nacional, Jorge Menéndez, informó a la diaria que el gobierno uruguayo no está estudiando participar en nuevas misiones de paz y no ha recibido ninguna solicitud concreta de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) al respecto". (17/4)

Para las fuerzas armadas el "síndrome de abstinencia" será duro, ya tendremos oportunidad de hablar de eso.

En el gobierno y en el Frente Amplio la ocupación militar de Haití ha dejado cicatrices que se agregan a otros problemas de la política internacional en esta coyuntura.

En cuanto al movimiento social, también Haití nos trajo cambios.

En el mundo hay muchos puntos calientes, pero muy pocos en los que hay una participación militar directa de Uruguay y por lo tanto responsabilidad de todos nosotros, y ninguno como Haití en exposición. 

Con enorme esfuerzo hemos podido poner el tema en la calle, aunque apenas. Por sus condiciones especiales, Haití ha hecho que los aspectos más vergonzosos de la política mercenaria hayan salido del armario. 

¿Dejaremos que vuelva tranquilamente allí ahora que las tropas se retiran sin pagar la cuenta?

 

[1] http://inddhh.gub.uy/wp-content/uploads/2013/09/Coordinadora-por-retiro-de-las-tropas.pdf [2] http://canadahaitiaction.ca/content/interview-president-jean-bertrand-aristide-nicolas-rossier
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Enviado por:    fernando moyano