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 ARTE & CULTURA   coordinadora de la rúbrica :   
          

 

                LUZ DARRIBA mirando a MARCIA SCHVARTZ

                                       © Marcia Schvartz | Luz Darriba | Entrevista | Mujeres Mirando Mujeres | MmiraM19

                                                                                   Fotografía Pepe Mateos

 

LD ¿Por qué Marcia?

Porque nací en marzo; es un nombre con fuerza, ¿no? De chica me llamaban marciana, nos responde Marcia Schvartz, la artista argentina que entrevistamos para MMM. Una creadora extraordinaria con una impronta inconfundible.

Reiteradamente galardonada, continúa trabajando con su entusiasmo primigenio. Marcia nació en marzo, pero no cualquier día, un 24 de marzo (Buenos Aires, 1955), fecha que en la Argentina no se olvidará porque, en 1976, la Junta Militar dio un golpe de Estado contra el gobierno de Isabel Martínez, que inició casi una década de atrocidades en el país. Por otra parte, Marcia es bastante marciana. En lo que a talento, tesón y cabezonería se refiere.

             © Marcia Schvartz | Luz Darriba | Entrevista | Mujeres Mirando Mujeres | MmiraM19

Autorretrato (1980) tiza y pastel/papel

 

LD ¿La pintura abandona al mundo o el mundo abandona a la pintura? En las grandes ferias internacionales es relegada por la fotografía, el vídeo, la instalación… Defender la pintura como expresión artística, además de una elección personal, ¿es un acto político?

MS Yo creo que sí. Por lo menos es una resistencia a la máquina, digamos. En realidad, más que decisiones de los artistas, son imposiciones del mercado. Los premios de vídeos, de fotografía, ¿quién los financia? Las mismas compañías, ya sabés… El mundo del arte no sólo no está fuera de los mercados, sino que está en el eje de la tormenta. Sería estúpido pedir otra cosa. Pero las decisiones personales son otro tema: yo conozco mucha gente que pinta, que dibuja… con una enorme pasión por lo que hace, ¿entendés? Acá hay una escuela de pintura muy grossa; y no están en las bienales, ni en las ferias, pero están. Gente consagrada y gente que se está haciendo… Y te hablo de gente de veinte y pico. Eso existe. Y por más que les digan que no van a llegar a nada, siguen adelante. Ahí es un acto político.

             © Marcia Schvartz | Luz Darriba | Entrevista | Mujeres Mirando Mujeres | MmiraM19

Gardelita (2012), tm/tela, 180 x 200 cm

 

Marcia se expresa con mucha pasión y un entusiasmo contagioso cuando habla de su trabajo docente en escuelas de arte, que corren el riesgo de ser aplastadas por la ola neoliberal que sacude el planeta. Ella cree que es precisamente en la gente más joven donde se encuentra el antídoto contra la banalidad colectiva. Para Marcia la pintura es su gran herramienta expresiva y no renunciaría a ella por nada. Nos cuenta que, en las calles, la gente más joven utiliza la pintura para expresarse y como arma política, sin menoscabo de la calidad pictórica, hay murales que se hacen porque sí, por el placer de hacerlos. Aunque a veces sean también absorbidos por el mercado (y claro, se nos viene Banksy a la cabeza), o decorando boliches…

                                      © Marcia Schvartz | Luz Darriba | Entrevista | Mujeres Mirando Mujeres | MmiraM19

La sonrisa de Nelda (2010), pastel/lino, 150 x 94 cm.

 

LD Hablas mucho de las manos, son tus herramientas, unidas a ese cerebro que fue formando conexiones para que no haya despistes entre el cuerpo y la mente. Somos hu-manos, decís. Una apuesta por lo manual frente a un mundo, cada vez, más mecanizado. ¿Qué aporta lo manual?

MS Es como para un cantante la voz. Algo único. Cada uno tiene su trazo. Cuando empiezo a dar clases con un grupo, les digo: ahora somos todos iguales, pero dentro de un tiempo cada uno va a reconocer su propio trazo y seremos todos diferentes. Únicos. Cada uno tiene su manera. De repente ves una piba chiquitita, toda tímida, que empieza a dibujar y le sale un trazo enorme, potente, y un muchacho gordo, gigante, que saca un trazo diminuto. Cada uno es distinto.

LD Marcia Schvartz es una artista consagrada, una mujer con un reconocimiento en lo más alto de la plástica argentina, pero, oyéndola, nos queda la idea de que, como los nenes y las nenas, lo que le urge es ir a su taller a zambullirse en la pintura. Podemos imaginar a una laburanta, curranta, que se diría aquí, enamorada de su trabajo manual y su empeño docente, que también le apasiona… ¿Eso es así? ¿Es Marcia Schvartz una persona feliz?

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El agua sueña, 1996 Óleo sobre tela, 90 x 125cm.

 

MS Sííí, yo me siento feliz en mi taller, con mi trabajo… pero, feliz, feliz, igual… la felicidad se agarra de a cachos, ¿viste? Y yo, además, soy bastante melancólica.

LD ¿La estética tiene que estar ligada con la ética y viceversa, o todo vale para hacer arte?

MS Mirá, la pintura es muy ética. Ahí estás vos, y los demás, porque de algún lado sacás el material para tu trabajo, y no cabe más que el respeto. Si no tenés un compromiso ético terminás haciendo globitos de colores. Si vos mantenés una coherencia con tu trabajo tenés que tener una actitud totalmente ética.

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Las vecinas III (1980), t/m/tela 150 x 120 cm.

 

LD Te definís como pintora y te significás del lado de los más débiles, de los marginados. ¿Llega a interesarte el arte que no guarde relación con la sociedad y sus problemas?

MS Sííií, me gusta mucho la pintura pintura, el arte abstracto me encanta, no así el geométrico. Hay artistas que tienen su mundo y es maravilloso. Yo asumo un compromiso social con mi trabajo, es algo personal, no se lo exijo a nadie. Disfruto de todo lo que está hecho con calidad y honradez.

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Las vecinas II (1980), t/m/tela 150 x 120 cm.

 

LD Los feminicidios, una realidad mundial. ¿Es un tema para tratar desde la pintura?

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Matanza (2008), óleo/madera, 90 x 130 cm.

 

MS Claro, las chicas de la Belgrano lo hacen continuamente. La exposición que hicieron por Lucía Pérez, esta chiquita violada y asesinada brutalmente, fue fabulosa. Emocionante. Casi todas estudiantes. Organizaron una cosa muy grossa. Si tenés la inquietud de trabajar sobre eso, tenés que hacerlo. Yo tengo muchas obras, una de hace años, que se llama Talibán, es una mina lapidada, debajo de las piedras. Cada tanto sale algo. Podés trabajar sobre eso o no. O expresarlo de otro modo. Tengo una serie de mujeres como ahogadas y saliendo de ese ahogo. Algo que surgió hace años y cada tanto vuelve. Siempre está… Otra serie, Las indias, unos trabajos que empecé cuando se cumplieron los 500 años. Hicimos una exposición en el Centro Cultural Recoleta que se llamó La conquista y mi sala eran todas mujeres; se hablaba del mestizaje, que fue inmediato. Unas cosas muy dolorosas y otras no. Hablaban del placer de relacionarse con la naturaleza, con el agua… Cuando empecé a pintar esos temas me dio la espalda mucha gente. ¿Qué estás haciendo, de dónde sacás esa paleta? Les molestaba que fueran indias. Hubo marchantes que me dijeron que nada latinoamericano interesaba.

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Acerca del descubrimiento (1991), óleo/tela, 115 x 130 cm.

LD Pertenecemos a la misma generación, una dictadura atroz, una enfermedad devastadora para rematarla. Te lo preguntan siempre, pero las compañeras europeas no conocen demasiado nuestra historia. Ese dolor, ¿cómo se expresa? ¿acaba alguna vez de manifestarse del todo?

MS Mirá, ahí hay un agujero. En la Belgrano los chicos pintaron un mural con cada uno de los desaparecidos. Son cosas muy pesadas. Yo era muy amiga de Hilda Fernández, incluso militamos juntas al principio, después ella se fue metiendo mucho más. Cuando me despedí de ella le dije: venite, venite. Ella me dijo: no, yo no me puedo ir. Y ya sabés… Eso lo tengo, ¿viste?… Muy grabado. Es parte de mi vida, de mi historia. Es algo que arrastramos, ¿no?

LD Has trabajado incansablemente en la pintura, y has abordado la cerámica, el grabado, has experimentado con materiales diversos como la brea. ¿Tu placer viene de lo háptico y lo erótico?

MS El perfume de los materiales, ese mundo cerrado del taller… para mí, el estar rodeada de todas esas cosas es como llegar a casa. Los materiales me encantan, aunque hay pintores que me interesan muchísimo y toda su vida trabajaron con un grafito, ¿me entendés? A mí el experimentar, mezclar, trabajar con lanas, con brea, con carbón, con caracoles, me encanta. Me encanta la escultura, por ejemplo. El año pasado hice bastante escultura. Lo que pasa es que siempre necesitás a alguien, al menos yo. Y con tamaños importantes, ni digamos. Entonces, me agoto y vuelvo a lo mío, la pintura. Donde puedo cerrar la puerta sin que nadie me joda (ríe). La escultura, aunque hay muchas esculturas, y no hablemos de la gran Lola Mora, una bestia total, es una cosa muy de fuerza. Yo no soy esa clase de bestia, soy una bestia más chica (ríe).

LD ¿Qué queda del exilio barcelonés?

MS Llegamos toda una banda… Yo tenía veintiún años recién cumplidos, vivía en el Gótico, en pensiones, después alquilamos una casa en El Clot entre varios, yo hacía artesanía y la vendía en la calle, pero… el dolor de lo que estaba pasando en la Argentina estaba, no había manera de zafar… yo quería volver y no se podía, no se podía, pero mi idea siempre era volver. Hubo gente muy linda de la cual aprendí un montón, como Humberto Rivas, un fotógrafo extraordinario. Una familia preciosa que me ayudó muchísimo.

Para mí fue durísimo, porque, bueno… Cuando volví, todo horrible, la gente estaba muy quemada… Me pasé siete años, por momentos dudé si volver o no… porque estaba cómoda, digamos… tenía un taller… Humberto y María Helguera, su mujer, también artista, me ayudaron un montón… Les mostraba lo que pintaba… yo estaba muy desconectada, del mundo en general y del mundo de la pintura en particular. Un mundo muy chiquito y muy catalán. Por más que estuvieran ellos… que agradezco que estuvieran, yo tenía que volver.

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El Impenetrable (2010), óleo s/tela, 60 x 60 cm.

 

LD Tu obra es de una singularidad reconocible de inmediato. El secreto, como vos misma afirmás, está en el dibujo. Un trazo excelso y trabajado a lo largo del tiempo. Contame de esa habilidad, tan mimada y ejercitada.

MS El aprendizaje con mi maestra, Aída Carballo… los años de Barcelona, que fueron claves porque trabajé muchísimo, cuando más trabajé. Sola, para adentro… Claramente redondeé una cosa con la mano y con el ojo, aunque acá ya trabajaba bastante, pero lo de allá fue como si me terminara de construir en ese alejamiento. Humberto me insistía para que trabajara con modelo, y bueno, ahí empecé a trabajar mucho con modelo… Empecé ahí.
LD ¿Tus obras o tus series preferidas?

MS Los cuadros son todos distintos, aunque les llame series, me entusiasmo con un tema y avanzo hasta que decido cortar y engancho con otra cosa. Hay cuadros con los que te vinculás afectivamente, ¿no? Que tal vez no sean los mejores. ¿Pero quién dice qué es lo mejor? Toda clasificación es arbitraria. El año pasado estuve trabajando sobre el infierno, algo que, aunque no me lo propusiera, tiene que ver con los trabajos sobre los desaparecidos, que estuve años para que me salieran, digamos. No quería hacer la denuncia de cuerpos, que acá se ha hecho mucho, y esa recreación del horror. No me interesaba. Buscaba otra cosa y la encontré con los caracoles, con la playa como lugar límite entre la vida y la muerte, que en muchas culturas fue así. En esta serie del infierno pensaba sobre los males de la humanidad…

LD Alguna dificultad concreta por ser mujer, madre y artista…

MS Todas, como quien dice. Es muy difícil. Hubo momentos más bien largos que no podía hacer nada. No me daba cuenta, pensaba que era así, que tenía que pagar algo por el hecho de ser mujer. Pagás un precio por ser creativa; muchos no soportan una mujer creadora.

Las relaciones de poder con tu pareja, si sos una persona creativa, son muy complicadas. Como de vida o muerte. Densas. Nosotras en Bellas Artes éramos un montón, muchas más mujeres que hombres, y los que trascendieron, en general, fueron ellos. Ellas dejaron de trabajar, se dedicaron a los hijos, a la casa. Todo eso está mal. Pienso que tiene que haber una revisión… Fijate que, en el Quinquela, cuando se inauguró, se hizo un premio (me llegó un libro hace tiempo), y está lleno de mujeres. Había muchas. Incluso inmigrantes, que vinieron por la guerra… Están ahí los trabajos, no quedó ninguna… Horrible. A mis 63 pirulos me doy cuenta que muchos me quisieron cagar… Algunos ni se daban cuenta. Tus propias parejas, tipos que a veces te acompañaban y otras trataban de que dejaras de trabajar, digamos. Por condicionamientos de ellos, muy machitos de los 70, de los 80… Mismo compañeros militantes, ¿viste?, muy caballos. Yo decía que era ilustradora, fijate, jamás decía que era pintora. Son cosas que ahora las revés y te das cuenta de la presión que te bancaste. La vida nos corta por el medio, al ser madres. Algunas no pueden retomar, es durísimo. Acá, allá y en todas partes.

Es una sociedad que no debiera ser así, todo tan dividido, tan atomizado, vos estás sola con tu crío y te jodés… Con suerte, tenés al padre que sale a trabajar y provee, pero con mucha suerte. Y también es jodido, vos sabés, se paga carísimo. Y por otro lado no queda mucha alternativa, al menos al principio, porque la teta, la tenés vos. No sé cómo seguirá la cosa… el tema de la maternidad subrogada, por ejemplo, algo monstruoso para las mujeres pobres. Acá ponen a tipos que compran hijos, los ponen como ejemplo. Terrible. Para el día del padre, había uno que compró el bebé, y toda la publicidad era eso, esa cosa horrible. Acá todo eso no se habla ni se discute.

LD La actividad artística discurre por mundos paralelos que en ocasiones coinciden. Uno es el del trabajo de las y los creadores y otro el de los negocios construidos en torno su producción. ¿Cómo podemos resistir?

MS Bueno, así como te dije que hay pibes que siguen trabajando, también conozco muchísimos que han colgado todo, ¿no? Y especialmente muchas mujeres. Es lo mismo que un escritor, un músico, te movés en circuitos que son difíciles de transitar. Una ventaja que tuve yo cuando volví fue que en los lugares consagratorios y de poder estaban todos con el culo en la mano. No sabían qué iba a pasar, hubo un momento de apertura y ahí algunos logramos meternos, digamos. Yo volví muy con la idea fija de vivir de mi trabajo, lo tenía clarísimo. O la hacía acá o no la iba a poder hacer en ningún lado. Mandaba a todos los premios, estaba como re obse, lo que juntado a la inseguridad que tenían estos carcamales me permitió colarme, digamos.

                 © Marcia Schvartz | Luz Darriba | Entrevista | Mujeres Mirando Mujeres | MmiraM19

 

LD Hablame sobre el divorcio entre el arte y el pueblo.

MS Que la gente común, digamos, acceda al arte es algo que no está contemplado, es una cuestión de clases. Todo eso está planeado de arriba. Y esa gente también disfruta del arte. Yo hice un trabajo con la villa 31, que se llamó Marciamundi, fue genial. Ahora hice un mural en cerámica, me ayudó una amiga ceramista, para el Hospital Muñiz, para la parte de pediatría. Trabajamos un montón, pero lo disfrutamos muchísimo. Quedó muy lindo, unos indios mapuche junto al río, algo muy bucólico. Y es para el Muñiz, un hospital de epidemiología, pibes con SIDA, con Chagas… estoy feliz de haberlo hecho. Son pequeñas cosas y muy a pulmón, porque hay una piba del Muñiz que le interesa la pintura, la cooperadora puso los materiales… pero ahí va a quedar el mural.

LD Reite de la tilinguería (horterada)

MS Patéticos, cursis, la revista Hola, el período de Isabelita, donde comenzaron todos los horrores. Yo trabajé sobre eso. Ella con la banda presidencial, desnuda, decadente, como orgullosa, ¿viste? Buenos Aires es una ciudad terrible, San Pablo es igual, y Santiago de Chile lo mismo. Se salva Montevideo. Montevideo es una ciudad maravillosa.

                     © Marcia Schvartz | Luz Darriba | Entrevista | Mujeres Mirando Mujeres | MmiraM19

El grito sagrado (2014), t/m, 220 x 120 cm.

 

LD ¿Qué le queda por hacer a Marcia Schvartz como trabajadora del arte?

MS Muchas cosas. Esculturas, por ejemplo, más grandes, de tamaños grossos, aunque no creo que las haga y menos acá donde todo es tan costoso. Pero me encantaría.

© Marcia Schvartz. Web. Bio en MMM
Luz Darriba. Web. Bio en MMM

Imagen destacada. © Marcia Schvartz El psicoanálisis, con rabia roía el cráneo por dentro y por fuera (2018), 150 x 180 cm.

Fuente: http://mujeresmirandomujeres.com/marcia-schvartz-luz-darriba/?fbclid

     n° 510

30/04/2019

Frida Khalo