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TESTIGOS DE LA VIOLENCIA

Un estudio de la Clínica de Psiquiatría Pediátrica de la Facultad de Medicina, dio a conocer datos relativos a los daños psíquicos que afectan a los niños y las niñas testigos de violencia doméstica. “Valoración de las características emocionales y conductuales de niños provenientes de un contexto socioeconómico crítico. Diseño de estrategias educativas y sanitarias”, es el nombre de la investigación, realizada entre 2008 y 2009, sobre una muestra de 326 niños y niñas. La misma estuvo a cargo de la psiquiatra infantil Laura Viola.

El estudio señala que el 34% de los padres consultados, declaró que sus hijos presenciaron situaciones de violencia física o verbal.

La especialista señaló que “hace unos años comenzó la preocupación por saber qué es lo que pasa cuando el niño es testigo de esa violencia, sobre todo cuando ésta se produce en el ámbito familiar. Antes se creía que si la violencia no era ejercida sobre el niño no había una consecuencia, y lo que estamos viendo, en los últimos años, es que hay consecuencias”.

Estas consecuencias se dividen en dos grupos: las internalizadas (angustia, miedos, depresiones) y las externalizadas (agresividad, hiperactividad, baja tolerancias a las frustraciones). También se abre un área de estudio referida a las consecuencias cognitivas sobre el niño testigo de violencia doméstica.

De todas formas, Viola explica que “la preocupación social está referida a los problemas que se ven, a las consecuencias externalizadas de los niños, lo que la gente llama ‘problemas de conducta’. Sin embargo, los estudios (…) dicen claramente que en los niños hay muchos más problemas del sufrimiento interno”.

La psiquiatra señala que si bien no ocurre en el cien por ciento de los casos, se trata por lo general de una violencia ejercida por el hombre contra la mujer. “Es una violencia que la mujer siente necesidad de disimular”, lo que produce “una doble negación: la madre dice que no está pasando nada, a pesar de que los niños escuchen los gritos o los ruidos y de que vean las consecuencias de esa violencia. El niño sabe que eso está sucediendo pero la persona que es su referente y en quien confía lo niega”. Según Viola, “esto genera una dificultad para la construcción cognitiva del individuo”.

Sobre la idea de que los niños más pequeños no registran los casos de violencia doméstica de los que son testigos, la psiquiatra asegura en el estudio que existe evidencia de que “niños de tan sólo 16 meses presentan síntomas de estrés postraumático, al igual que profundos cambios cerebrales ocasionados por los violentos traumas de los primeros años de vida”.

Otros datos arrojados por la investigación, señalan que la agresividad es el principal trastorno de conducta de los niños estudiados, cifra que se duplica cuando el niño es testigo de violencia familiar, y se triplica cuando la violencia comenzó durante el embarazo.

Lucía Lorenzo /

Fuente: La diaria / Agencia de comunicación Voz y Vos

   
N°156---25/02/2011