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Contracultura y ciberactivismo. Derrumbando los mitos del fetichismo digital

Martes 30 de octubre de 2012. 

 

David García Aristegui Y Laura Tejado Montero, pertenecientes a la Asamblea de Nodo50

Capítulo perteneciente a la obra colectiva "¿Y ahora qué? Impactos y resistencia social frente a la embestida ultraliberal", editado por Libros en Acción.

EL ORIGEN MILITAR DE INTERNET

«La RAND Corporation, la primera fábrica de ideas de la América de la guerra fría, se enfrentó a un extraño problema estratégico. ¿Cómo se podrían comunicar con éxito las autoridades norteamericanas tras una guerra nuclear? La América postnuclear necesitaría una red de comando y control enlazada de ciudad a ciudad, estado a estado, base a base. Pero sin importar cómo esa red estuviera de protegida, sus líneas y equipos siempre serían vulnerables al impacto de bombas atómicas. Un ataque nuclear reduciría cualquier red imaginable a pedazos.» Bruce Sterling

Es usual que cuando se habla de Internet se aluda de manera recurrente a su supuesto origen militar. Otros inventos o tecnologías como las conservas, el microondas, la gabardina, el reloj de pulsera... o el más reciente GPS, en mayor o menor medida vienen de las necesidades de los ejércitos. Pero nadie parece tener que aclarar y recordar constantemente el origen militar de estas herramientas tan útiles [1]. Pero con Internet esto sí sucede de manera habitual, ya que ese supuesto origen militar de la red de redes es muy útil a los discursos de corte tecnófobo que maneja gran parte de la izquierda clásica.

Lo primero que hay que aclarar es que cuando hablamos de Internet, aludimos en realidad a la World Wide Web (WWW), que es la que nos posibilita navegar por páginas web a través de enlaces. Internet en sentido estricto alude, en cambio, a las redes que permiten que accedamos a las páginas web desde el navegador de nuestro ordenador. Al igual que en un ordenador pueden correr sistemas operativos distintos (Windows, MacOs, Linux...), en Internet antes de la WWW hubo otras maneras de organizar la información (como el ahora desconocido Gopher). Haciendo otra analogía, la WWW serían las normas de tráfico e Internet sus carreteras. No hay ninguna duda de que el origen de la WWW no es en absoluto militar: se creó en 1989 por Tim Berners-Lee y Robert Cailliau, con el objetivo de mejorar la comunicación entre investigadores, mientras trabajaban en el el mayor laboratorio de investigación en física de partículas a nivel mundial, el CERN.

Pero no pasa lo mismo con esa red heterogénea que es Internet, por lo que recogemos aquí las ideas fundamentales de un texto cuya primera versión data de 1996, que intenta aclarar ciertos malentendidos sobre Internet. Quienes desarrollaron ARPANET, la primera red de ordenadores y por tanto la antecesora de Internet, planteaban algo ahora elemental pero que entonces no lo era en absoluto: el poder interconectar ordenadores de investigadores y científicos entre sí. El objetivo era el mismo que posteriormente la WWW: que los ordenadores de esos investigadores pudieran compartir recursos e información. Que ARPANET la financiara una agencia del Departamento de Defensa de los Estados Unidos, marca para muchos como militar el origen y desarrollo de Internet. Además, algunas ideas que se utilizaron en la pionera ARPANET, basadas en trabajos de Leonard Kleinrock, se desarrollaron también en paralelo y de manera independiente -como tantas veces pasa en la ciencia- en la RAND Corporation.

Esto ha reforzado el mito militarista: la RAND Corporation es un think tank estadounidense, muy habitual en textos con teorías conspirativas, donde trabajaba Paul Baran, un ingeniero eléctrico que estaba interesado en el estudio de redes. La motivación principal en sus estudios era el temor a que un ataque nuclear pudiera destruir las estructuras de defensa de EEUU, y de ahí su interés en redes descentralizadas, idóneas para seguir funcionando en caso de ataques. En ARPANET se perseguía, al igual que en otros ámbitos académicos, el objetivo de conseguir mejorar el intercambio de información a través de redes de ordenadores descentralizadas, rápidas y flexibles, y no un diseño específico para que esas redes sobrevivieran a una hipotética guerra nuclear. El mito sobre el origen militar de Internet es un mito interesado, que se transmite y fomenta desde hace tiempo para argumentar más fácilmente las críticas sobre la actividad política y el uso intensivo que hacen de las TIC muchas redes activistas.

NO HAY QUE DEJAR LA CRÍTICA TECNOLÓGICA A “LUDDITAS” Y TECNÓFOBOS

«Una alianza flexible de escritores, hackers, capitalistas y artistas de la Costa Oeste de los Estados Unidos ha conseguido definir una ortodoxia heterogénea para la próxima edad de la información: la ideología californiana. Esta nueva fe ha surgido de una singular fusión entre la bohemia cultural de San Francisco y las industrias tecnológicas de Silicon Valley. Promocionada en revistas, libros, programas de televisión, sitios web, grupos de noticias y conferencias en red, la ideología californiana combina promiscuamente el espíritu despreocupado de los hippies y el fervor empresarial de los yuppies. Esta amalgama de contrarios se ha logrado gracias a una fe profunda en el potencial emancipador de las nuevas tecnologías de la información. En la utopía digital, todo el mundo será rico y popular. » Richard Barbrook y Andy Cameron

En su libro “Contra el rebaño digital” [2], Jaron Lanier reactualiza la caracterización y medios de propagación de lo que Barbrook y Cameron denominaron ideología californiana. Describían una mentalidad y una ideología de exaltación del individualismo y las enormes posibilidades del “hágaselo usted mismo”, mezclado con un discurso para valientes emprendedores digitales, prácticamente indistinguible del darwinismo social. Lanier nos alerta en su trabajo sobre los peligros de un “totalitarismo cibernético” o “maoísmo digital”, compuesto según él en la actualidad por el universo de las licencias Creative Commons, el “copyleft” y el sistema operativo Linux, las redes sociales de la web 2.0 y el intercambio masivo de contenidos en redes P2P (redes entre pares, en castellano). Ese “totalitarismo cibernético” se percibe sobretodo en sitios de referencia para (no sólo) los angosajones, prácticamente desconocidos para el público español (Boing Boing, TechCrunch, Slashdot) pero con sus equivalentes en Europa y en el estado español (Menéame, los populares blogs de Hipertextual o Weblogs SL, Barrapunto...), además del ingente intercambio de información que se da en las redes sociales.

Lanier plantea dos cosas bien interesantes en torno a la crítica de ese “totalitarismo”. Por un lado, que las críticas al impacto del uso masivo de internet, en el actual contexto tecnológico y social, no deberían hacerse desde posturas tecnófobas o primitivistas. Lanier asume explícitamente que la crítica tiene que ser desde la propia realidad de inmersión digital que se da en muchas partes del mundo. Por otro, denuncia cómo se ha asumido de una manera en general totalmente acrítica el que grandes inversiones de capital riesgo hayan fomentado una nueva cultura digital, en la que se combina una suerte de potlatch obligatorio de contenidos digitales junto a una inmersión total e inmediata, prácticamente sin filtros, de la juventud en redes sociales corporativas, donde se facilitan desde espacios de pseudoanonimato a verdaderos panópticos digitales con efectos en el “mundo analógico” bien tangibles (despidos por ejemplo), como son en la actualidad las masivas redes y comunidades de usuarias/os de Twitter y Facebook.

Muchos personajes que se veían y se ven como verdaderos hijos de la contracultura hippie, como el recientemente fallecido Steve Jobs (fundador de Apple y un visionario tecnológico) ejemplifican a la percepción esa ideología de contornos difusos y de apariencia contradictoria, pero de presencia evidente en los discursos hegemónicos en torno a Internet y el mundo digital, que Lanier expone de manera provocadora como “totalitarismo digital”. Ese “totalitarismo” hegemónico y muchas veces amoral se concreta de muchas formas: insultos, humillaciones y despidos masivos en Apple (en aras de conseguir productos de consumo masivo), verdaderos linchamientos mediáticos (una simple entrada errónea en Twitter puede tener efectos devastadores para personajes públicos, son muy celebradas las suplantaciones) o discursos sobre qué hacer con industrias supuestamente obsoletas como la del disco que harían sonrojar a la Patronal más neoliberal de cualquier sector. La confusión reinante es, por desgracia, heredera de algunos aspectos de la contracultura.

CONTRACULTURA: DEL HACKER O ALTERNATIVO AL EMPRENDEDOR

«El folclore consiste en ciertas ideas universales que han sido traducidas a una cultura local. Por ejemplo, muchas culturas tienen la imagen del Astuto, así que el Astuto puede considerarse universal, pero aparece de distintas formas, cada una apropiada al ambiente cultural. Los indios del sudoeste americano lo llamaban Coyote, los de la costa del Pacífico lo llamaban Cuervo. Los europeos lo llamaban Reynard de Fox. Los afroamericanos lo llamaban Br’er Rabbit. En la literatura del siglo veinte aparece primero como Bugs Bunny y luego como el Hacker.» Neal Stephenson

Neil Stephenson planteaba al Hacker, una de las figuras más míticas de la sociedad en red, como en realidad un arquetipo universal y previo a Internet. Amoral, excesivo e impactante, es una figura que cobra importancia a la vez que la tecnología, y no necesariamente por méritos propios, si no por su valentía y audacia (¿un emprendedor, en definitiva?). Está bien tener presente a la figura del Astuto/Hacker a la hora de juzgar a personajes como por ejemplo Steve Jobs. Consumidor habitual de LSD en su juventud y devoto coleccionista de absolutamente cualquier grabación de su adorado Bob Dylan, pronto despuntó sabiendo cómo comercializar ideas geniales de otras personas. Jobs empezó su carrera vendiendo primero una caja azul para realizar llamadas gratis, desarrollada por Steve Wozniak, y luego los Apple I y II diseñados y desarrollados también por éste. Nunca tuvo problemas en reconocer que el ya mítico interfaz gráfico del Macintosh era un robo de trabajos previos de la compañía Xerox.

Pero paradójicamente, al final de su vida era un ferviente defensor de la propiedad intelectual y un patentador casi compulsivo, pero dirigía Apple con mano de hierro (después de unos años de exilio) por la cifra simbólica de sólo un dólar al año, sólo por el placer de introducir nuevos inventos en el mercado (ya era millonario gracias entre otras cosas a la empresa de animación Pixar). Su conexión con el ámbito contracultural hippie facilitó a Jobs el desarrollar su innegable intuición para comercializar productos, además crear necesidades tecnológicas donde antes no existían (siempre alardeó de no necesitar nunca estudios de mercado), al generar una robusta e impagable imagen corporativa asociada a valores iconoclastas y rebeldes: “al construir ordenadores al alcance de cualquiera le estoy dando poder a la gente. Pueden acceder a la información ellos mismos. Y eso va a provocar más cambios que cualquier ONG” [3]. Los lemas más exitosos e impactantes en su momento de Apple fueron alusiones a 1984 de Orwell (en un anuncio de corte cyberpunk, donde una atleta era perseguida por antidisturbios) y posteriormente el “piensa diferente”.

La ensoñación rebelde que se daba en torno al consumo de productos como el Macintosh tenía su equivalente en el estado español, no precisamente por la penetración de tecnologías extranjeras en su momento caras y poco asequibles, si no en torno a la Cultura de la Transición. Las y los emprendedores de la contracultura de aquí encontraron en las industrias culturales su modelo de negocio (que en algunos casos, dura hasta nuestros días), revestidos de (al igual que los Macintosh) de una cierta aureola de sana rebeldía y libertad. Pero no había un consenso total respecto a ese (auto)engaño tardofranquista: Alfonso Sastre denunciaba muy lúcidamente que “(...) hoy por hoy vivimos (…) bajo un reinado de grafómanos, silbadores, microfónistas y analfabetos. Situación en gran parte diseñada, seguramente, en los laboratorios de las transnacionales de la cultura o de la contracultura (que de ambas formas puede decirse). En esos laboratorios ha tenido que dibujarse el mecanismo por el que muchas gentes -y jóvenes a porrillo- creen rebelarse contra el sistema por medio de los actos con los que lo obedecen (…). No sé, no sé, pero silbando, devorando micrófonos y escribiendo paparruchas no parece que se pueda llegar muy lejos” [4].

¿Es aplicable esto total o parcialmente al uso que se hacía y se hace de productos de Apple? ¿Y en la actualidad, en la participación política a través de la cooperación en espacios colaborativos o redes sociales, sea desde un Windows, un Linux o un iPad? Pronto nos adentraremos en estas cuestiones.

DE LAS DISTOPÍAS CYBERPUNK A UN ESPACIO SOSPECHOSAMENTE PARECIDO AL MERCADO

«Wikipedia sería así el paradigma por antonomasia de una extraña utopía liberal donde la cooperación surge como por arte de magia de la mera concurrencia en un espacio límpido –sospechosamente parecido al mercado, por cierto– de individuos autónomos sin otra relación que una comunidad de intereses». Cesar Rendueles

Hay muchos más Astutos relevantes en la historia de Internet además de Jobs, pero por razones de espacio sólo vamos a analizar someramente dos más de ellos. El primero es otro exponente de la contracultura, John Perry Barlow. Letrista del grupo hippie Grateful Dead en sus inicios, es realmente conocido por ser un comprometido defensor de las libertades civiles en Internet, siendo uno de los fundadores de la Electronic Frontier Foundation y el autor de la “Declaración de Independencia del Ciberespacio”. En el estado español asociamos el término libertario al anarquismo y a la CNT, pero en EEUU lo libertario se asocia a corrientes ideológicas y personajes en las antípodas del anarquismo ibérico (por ejemplo, se caracteriza a Milton Friedman como un libertario). Barlow, caracterizado a veces como un “ciberlibertario”, ha colaborado a nivel político tanto con el Partido Republicano como en el Partido Demócrata, y ahora lo hace con el Berkman Center for Internet & Society de la Universidad de Harvard. La antes citada ideología californiana, de la que Barlow es uno de sus máximos exponentes, es la que sienta las bases de los discursos que pretenden superar la prentendidamente desfasada dicotomía entre izquierda y derecha. Barlow ha colaborado con Republicanos, Demócratas, movimientos por los derechos civiles y por la libertad de expresión.

Un amigo personal de Steve Jobs y con enorme peso en el mundo de la tecnología como es Larry Ellison (fundador de Oracle) o Jimmy Wales (fundador de la ahora importantísima Wikipedia) también son relacionados con la ideología californiana y el utopismo tecnológico. Saltando de nuevo el charco, los diferentes Partidos Pirata que surgen en Europa, y la red de Democracia Real Ya y el movimiento 15M del estado español -tres iniciativas surgidas y desarrolladas en este siglo XXI en Internet- recogen de manera consciente o inconsciente gran parte de los postulados de esa ideología. Plantean que en este nuevo contexto social y tecnológico es innecesario de posicionarse como de izquierdas o de derechas, y que su lucha es, en el caso del reciente 15M una lucha “de los de arriba contra los de abajo” -lema muy común en estos días, asumido incluso por ideólogos de la nueva extrema derecha como Ernesto Milá [5]-. Una de las herencias de la contracultura es el intentar trasladar toda la polisemia englobada en el término liberalismo a Internet, liberalismo económico incluido, por supuesto.

El último Astuto del que vamos a hablar es el ahora celebérrimo Julian Assange, antiguo hacker de gran prestigio conocido en la escena como Mendax, y cuyas andanzas de la época están bien documentadas en la hagiografía “Underground”. Assange, muy influenciado en sus orígenes [6] por la contracultura cyberpunk, es es ahora celebérrimo por todo lo relacionado por el caso Wikileaks. Tiene fama de poseer personalidad similar a la de Steve Jobs (algunos ex-compañeros de Wikileaks lo retratan como autoritario y egocéntrico), y de conseguir ser una celebridad a costa de la información que le filtró el soldado Bradley Manning, a día de hoy en la cárcel y con una posible pena de muerte pendiente sobre él. Probablemente Assange se ve a sí mismo como la atleta del distópico anuncio cyberpunk de Apple en 1984 antes citado, un héroe peleando sólo contra el Gran Hermano. Pero Assange, a pesar de las enormes diferencias entre la contracultura hippie y el cyberpunk, también parece que se mueve exactamente en los mismos parámetros políticos que la ideología californiana. Al igual que Barlow, es un luchador por las libertades civiles, pero cuando es preguntado por el mercado y el capitalismo contesta:

“¿Diría de Vd. que es partidario del libre mercado? 
Sin la menor duda. Tengo una opinión menos definida respecto al capitalismo, pero me encantan los mercados. [...] ¿Cómo encajan las filtraciones dentro de todo ésto? 
Dicho de manera sencilla, para que exista un mercado, tiene que existir información. Un mercado perfecto requiere una información perfecta” [7].

Pero afortunadamente no todo el activismo en la red está contaminado por la ideología californiana, la izquierda y muchos movimientos sociales se hicieron hueco en Internet desde el primer momento.

[1] Idea de Igor Sádaba en el ciclo “Radical Community Manager”

 http://nocionescomunes.wordpress.co...accedido el 20-11-2012

[2] Su edición original “You are not a gadget” es de principios del 2010, por lo que respecto a algunos temas ha quedado un poco desactualizado. La edición española “Contra el rebaño digital” es del 2011

[3] "El Steve Jobs que nadié conoció

[4] “Silbadores, microfonistas y analfabetos

[5] "Entrevista a E. Milà sobre el 15M"

 http://infokrisis.blogia.com/2011/1... accedido el 19-01-2012

[6] “In conversations with Julian Assange

[7] “Wikileaks: Del abate Barruel a Jeremy Bentham

 

Fuente: http://info.nodo50.org/

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

       

 

 

  

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OPINION
   
N°241---2/11/2012