Portada
POESIA

 

Qué Es Real?

La gente a menudo me pregunta cuánto hay de verdad en mis libros y cuánto he inventado. Puedo jurar que cada palabra es verdad. Si no hubiera pasado, ciertamente podría pasar. No puedo trazar una linea entre la realidad y la fantasía. Antes me llamaban mentirosa. Ahora que me gano la vida con estas mentiras, me llaman escritora. Quizás deberíamos aferrarnos a la verdad poética.

En El Libro de los Abrazos , Eduardo Galeano tiene un cuento corto que me encanta. Para mí, es una metáfora espléndida de lo que es la escritura:

Antaño, don Verídico sembró casas y gentes en tormo al boliche El Resorte para que el boliche no se quedara solo. Este sucedido sucedió, dicen que dicen en el pueblo por él nacido.
Y dicen que dicen que había allí un tesoro, escondido en la casa de un viejito calandraca.
Una vez por mes, el viejito, que estaba en las últimas, se levantaba de la cama y se iba a cobrar la jubilación.
Aprovechando la ausencia, unos ladrones, venidos de Montevideo, le invadieron la casa. Los ladrones buscaron y rebuscaron el tesoro en cada recoveco. Lo único que encontraron fue un baúl de madera, tapado de cobijas, en un rincón del sótano. El tremendo candado que lo defendía resistió, invicto el ataque de las ganzúas.
Así que se llevaron el baúl. Y cuando por fin consiguieron abrirlo, ya lejos de allí, descubrieron que el baúl estaba lleno de cartas. Eran las cartas de amor que el viejito había recibido todo a lo largo de su larga vida.
Los ladrones iban a quemar las cartas. Se discutió. Finalmente decidieron devolverlas. Y de a una. Una por semana. Desde entonces, al mediodía de cada lunes, el viejito se sentaba en la loma.
Allá esperaba que apareciera el cartero en el camino. No bien veía asomar el caballo, gordo de alforjas, por entre los árboles, el viejito se echaba a correr. El cartero, que ya sabía, le traía su carta en la mano.
Y hasta san Pedro escuchaba los latidos de ese corazón loco de la alegría de recibir palabras de mujer.

Isabel Allende


 

Poema

Guillermo Henao (Desde Medellín, Colombia.

 

No creo que este sol el mismo sol
o porque esté parado esté sin pies.
No es culpa tuya
el que no te pudieras perder en un adiós.

Ya sabes que tu espejo
no se trueca ni se trunca,
y hoy hace qué, casi ocho días,
sin ver que tu astro abra tu cielo.
Hoy hace, sí, cuántos espejos
sin ver qué has hecho tus reflejos.
Hoy hace sombras,
hoy hace lo que quieras,
hoy hace sólo tú.

Quizás te hayas sub ido hasta tu fondo
hasta tu fuego,
quizás hayas prendido
un grito en tus cabellos.

Recuerda
-qué vas a recordar-
aquel en contra miento
en pleno sol de leche.
¿Hacia adónde tus son
risas –estábamos en lucha-
fue hacia ti?
Desde entonces las orejas más claras,
-las consignas, agudas-,
más es pesa la lluvia.
Salgocorrromeaus-culto,
ausculto
el aire no medido
siento
los pitos de los carros policiales
oigo
cómo sudan las máquinas
no veo
que te hayas respirado
ignoro,
ignoro siempre en dónde estás.
Qué puedo digerir o dirigir de hoy más o puedo o-ir
sino que una aspersión, mas quién es él.

En fin, a esta hora de canícula
abrasan nuevamente las sirenas,
agitan el des-canso.
En esta hora
tengo que decirte cuándo,
cuándo andarás al fin en cuál sendero.

 

Fuente: ARGENPRESS CULTURAL)
   
N°219---25/05/2012