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CHILE

Un domingo de pesadilla al interior del Caupolicán

A pesar del frío, me armé de valor para ir –como periodista – a reportear la funa contra el homenaje al dictador Pinochet. Entré al Caupolicán. Quiero salir del lugar, salgo al pasillo, me siento observado, quiero gritar, quiero protestar ahí mismo –delante de los fascistas- no puedo.

Por Hugo Chacón Molina

A pesar del frío, me armé de valor para ir –como periodista – a reportear la funa contra el homenaje al dictador Pinochet.

Cerca de las nueve de la mañana, las calles aledañas al mítico Caupolicán eran cercadas por carabineros. En la intersección de Santa Isabel con San Diego, reinaba la calma, luego sería distinto con la represión policial. Al ver que no se podía acceder al teatro enfile por Arturo Prat. Delante, un  hombre de parka roja y un gorro negro, camina sereno hasta el primer control en la esquina del teatro; muestra un papel –supongo que es la entrada – y pasa.

Sigo, el policía me mira y muestro la credencial del Colegio de Periodistas, el carabinero mira para otro lado y entro como Pedro en su casa. Estaba a pasos del teatro y se escuchan voces femeninas que gritan: “chi,chi,chi, le, le, le viva Chile y Pinochet”.

A la entrada del Caupolicán, unas treinta personas,  con una bandera que reza “Viva Pinochet”. Dos mujeres visten con delantal blanco donde se lee: “Libertad a nuestro soldados del 73”.

El sábado en la noche, ya se había realizado una funa en el exterior del Caupolicán y aún quedaban panfletos pegados en la muralla donde se muestra al tirano con la leyenda de “No a la herencia de la dictadura”. Un personaje –muy siniestro -sale del teatro hacia el frente y comienza a borrar el texto con un aerosol negro. Es resguardado por Carabineros.

El público asistente –en su mayoría mujeres de avanzada edad – llegaba de a poco. Los hombres, en su mayoría, militares en retiro, miraban con recelo a los periodistas que estábamos ahí. Una mujer se acerca –es alta con un rubio teñido- nos dice que Chile está despertando y pide libertad a los “libertadores” y que se merecen un indulto. Le preguntamos el nombre y responde Marinela Fachei, un reportero le pregunta “Facha”, ella no se da cuenta y dice Ma-ri-ne-la Fa-chei (supongo que así se escribe ese apellido “facho”).

Mujeres con carteles también se acercan al punto de prensa frente al teatro para que les tomen fotos y las graben para la tele. Un tipo que está en la entrada grita: “Todos los periodistas son comunistas”. Miro hacia la esquina y viene un carabinero con un hombre demacrado. Es el famoso Juan González, artífice del acto y de la película que ganó un premio otorgado por la comunidad anticastrista en Miami. Las mujeres lo comienzan a vitorear. Él levanta las manos y recibe aplausos. “Unamos las fuerzas para ser de Chile, una gran nación, ¡Viva Chile Mierda”, proclama González a la féminas del lugar. Los periodistas apostados ahí le pedimos si podemos entrar. El responde: “No depende de mí”. Y entra.

Un grupo de jóvenes llega gritando al lugar: “Jamás, Jamás, no te olvidaremos libertador Augusto Pinochet”. Se quedan a la salida y junto a otro grupo entonan el himno patrio con la estrofa castrense. En ese preciso momento, un helicóptero –militar, cruza la cuadra del Caupolicán. Una mujer llega al lugar con una estatuilla de Pinochet y se pone ahí para que le tomemos fotos. La mujer pasa a segundo plano ya que  aparece Alfonso Márquez de la Plata, el ex ministro del dictador y le hacemos una entrevista.

La gente comienza a entrar y los periodistas nos quedamos solos. Un tipo de corbata –con pinta de productor general del evento- llega hasta nosotros y nos comunica que vamos a poder entrar por un espacio de diez minutos. A todos nos pide credencial del medio y carnet de identidad. “Tú de que medio eres”, me pregunta y le respondo del Colegio de Periodistas, el tipo insiste: “De qué medio”, vuelvo a responder del Colegio de Periodista y me hace entrar.

Adentro está Cristián Espejo, si el mismísimo asesor legal de la Municipalidad de Providencia y nos lleva por un pasillo, nos pide que aguardemos allí, se va y vuelve con Augusto Pinochet (Nieto del dictador, Jaime Alonzo, abogado español que participó en las acusaciones al Juez Garzón y otro tipo moreno que es Presidente de la juventud cubana en el exilio. Espejo hace un punto de prensa para que entrevistemos a estos invitados. Con los colegas nos mirábamos y como se dice – la hicimos corta- y entramos a la sala donde no habían más de mil personas. Dos pancartas una de la UDI y otra de RN nos llaman la atención. Cuando el locutor anuncia a Juan González, la gente se pone de pie y lo aclama.

Antes de proyectar la película desfilan los invitados, cada uno con un discurso. El público entre medio de las pausas grita vitoreando al dictador. Comienzo a sentir una especie de repulsión. Quiero salir del lugar, salgo al pasillo, me siento observado, quiero gritar, quiero protestar ahí mismo –delante de los fascistas- no puedo. Ando trabajando para contarlo.

Junio 10 de 2012

Fotos: Hugo Chacón Molina

Fuente: http://www.dilemas.cl/


 

Entre la Batalla de San Diego o la Apología de la Memoria

Después de finalizada, hace más de dos décadas, la Dictadura Militar, con tres o cuatros informes sobre Verdad y Justicia incluido el Nunca Más, nadie que se encuentre en su sano juicio podría expresar que en Chile no existió Dictadura. El acto reciente fue un intento más de reivindicación del oprobio.

Por Andrés Vera Quiroz.

...La memoria es la vida, siempre llevada por grupos vivientes y a este título, está en evolución permanente, abierta a la dialéctica del recuerdo y de la amnesia, inconsciente de sus deformaciones sucesivas, vulnerable a todas las utilizaciones y manipulaciones, susceptible a largas latencias y repentinas revitalizaciones... (Nora, 1984)

Camilo Escalona Medina, socialista y presidente del Senado de la República afirmo hace unos días atrás que el homenaje a Pinochet daña las bases de la convivencia política y el Estado de Derecho. Pablo Zalaquett Said, militante UDI y alcalde de Santiago expreso que era un homenaje inoportuno. En la mañana dominguera, un par de horas antes del inicio de las actividades en homenaje al fallecido dictador, el vocero de gobierno Andrés Chadwick, expresó su arrepentimiento de haber sido parte de un gobierno, donde sucedían violaciones a los derechos humanos.

Después de finalizada, hace más de dos décadas, la Dictadura Militar, con tres o cuatros informes sobre Verdad y Justicia incluido el Nunca Más, nadie que se encuentre en su sano juicio podría expresar que en Chile no existió DICTADURA. Pinochet junto a muchos más condujo un régimen basado en la traición, mentira, en el crimen, en la tortura y desaparición de miles de chilenos. El no reconoció los crímenes ni tampoco sus partidarios los han reconocido,  y en cambio han preferido hablar de excesos o una defensa inexistente del supuesto cáncer marxista.

Los orígenes de este tipo de actos de “homenaje” a torturadores, dictadores y similares 
-que sólo ocurren en Chile- seguramente habría que buscarlos en la Verdad y Justicia en la medida de lo posible o en la Mesa de Dialogo.

No cabe duda que cuando los caminos son negociados, pactados poco o nada se puede realizar. Mientras en Chile se permiten lanzar libros, realizar homenajes, en Argentina, los retratos de los comandantes en jefes dictatoriales fueron descolgados de las paredes y tribunas del Colegio Militar, como una clara señal ética y política del Nunca Más.

En realidad, la celebración, el homenaje, la puesta en escena del domingo 10 de junio es un acto, otro más de encubrir supuestos valores patrios, supuestas gestas heroicas y de reivindicación de una dictadura.  Por ello,   Escalona  se equivoca al plantear simplemente  que Pinochet rompe las bases de la convivencia.

Aun cuando suele olvidarse, quienes celebran a Pinochet  no lo olvidan, muchos de ellos fueron parte de los jóvenes de Chacarillas y además están presentes en el actual gobierno. A saber Andrés Chadwick Piñera, ministro vocero, Cristián Larroulet Vignau, ministro secretario general de la Presidencia, Joaquín Lavín Infante, ministro de Mideplan o son parte de los partidos políticos como Juan Antonio Coloma, senador, presidente de la UDI u Patricio Melero Abaroa, actual presidente de la Cámara de Diputados. Todos ellos, alguna vez estuvieron al lado del dictador, recibieron diplomas, condecoraciones y seguramente empuñaron la antorcha de la libertad.

Ahora los mismos de ayer guardan silencio, saben y reconocen su lugar y su protagonismo y eso sólo es gracias a que fueron capaces de dar vuelta a su propio pasado, a su propia memoria.

Pinochet es y debe ser parte del pasado, él fue derrotado una noche del 05 de octubre de 1988, fue condenado por sus crímenes –aunque no judicialmente, pero si por la comunidad internacional- y su nombre estará marcado en la negra historia chilena. Rescatarlo es un gesto de  soberbia y de provocación.

Para el dato policial de esa jornada, se registraron 64 detenidos, 20 carabineros lesionados de diversa consideración y dos periodistas recibieron golpes. El mismo parte no expresa nada, del encubrimiento de los asistentes al homenaje, el uso desmedido  de la fuerza sobre la gente, el uso de “capuchas” negras entre motoristas, el uso y abuso de proteger  a  neonazis y podría seguir varias líneas más.

Me quedo con la mirada, la postura estoica y valiente de nuestras “madres corajes”, cada vez más desgastada con el tiempo y el cansancio, en su búsqueda irrestricta por más Verdad y por más Justicia.

Al finalizar una reflexionar que deseo compartir, Hoy vi jóvenes reventando su ira, recibiendo agua pintada de amarillo y nubes de gases de esos que se meten en los ojos y te dejan desorientado. Vi a nuestras compañeras de siempre con sus pancartas en alto tratando de hacer llegar su impotencia a las bestias. Vi una barricada de adoquines adornada con una de nuestras pancartas abrigada por una tenue fogata. Vi poleras negras que reflejaban el dolor por la ignominia. No vi, no estaban, aquellos “representantes” políticos de pomposas declaraciones, los que mañana y pasado harán más declaraciones y que, en estos tiempos, nunca recibirán un chorro de agua amarilla. Hago mía, la frase de  Mireya García, una de las dirigentes de la AFDD, en referencia a lo ocurrido: “La dignidad está del lado de la violenta ternura de nuestros jóvenes anónimos”. A ellos gracias

Junio 2012

Fuente: http://www.dilemas.cl

 


 

Ex preso político: “Se abrieron todas las heridas que uno tenía, todos los golpes que uno recibió”

 

Manuel Méndez en la galería del Estadio Nacional donde estuvo preso por 60 días en 1973.

Manuel Méndez no fue un delincuente, ni terrorista. Tampoco fue comunista. Fue un trabajador y, precisamente por haber estado en la fábrica ese día, cayó preso el 12 de septiembre 1973. Los siguientes 60 días, que junto con miles de otros presos pasó en el Estadio Nacional, le cambiaron la vida para siempre. Cuando el domingo pasado, los “pinochetistas”, como se llaman a sí mismos, se juntaron en el Teatro Caupolicán para celebrar su propia “verdad” histórica, a Manuel se les abrieron de nuevo sus heridas. Heridas que, como se vio ese día, separan la sociedad entera y que -en realidad- nunca se han sanado.

-¿Qué sintió el domingo 10 de junio?

-Bastante mal, provocador, me sentí. Porque se están burlando de las familias de los detenidos desaparecidos, ejecutados políticos y de nosotros mismos, que somos ex presos políticos. Están haciendo un homenaje, pero todo se contradice, porque no fue una cosa justa. No fueron inocentes, nos sacaron la cresta. Las heridas se abren de nuevo. Vienen a la memoria muchos recuerdos. Dicen que es un homenaje a un héroe. ¿Héroe de qué? Lo que sufrimos, no lo sufrió él. Entonces, se nos abren las heridas completas.

-Muchos defienden el acto como parte del derecho a la libre expresión…

-Está bien la expresión libre. Pero eso es mentira. Porque se estaba haciendo homenaje al Ejército en estado de guerra. ¿Pero qué guerra hubo en este tiempo? ¿Qué guerra? Nosotros teníamos nuestros trabajos, no teníamos armamento. No digo que no hubo armamento en total, pero no como ellos lo tenían. Está bien una guerra contra gente armada. ¿Pero qué éramos nosotros, con manos peladas? Había niños detenidos, mujeres. Entonces ¿De qué guerra estamos hablando? No era guerra ¡Era cobardía! El pueblo no estaba armado.

-En el acto de “homenaje”, hablaron de los presos políticos como delincuentes y terroristas…

-Dicen que estamos vivos, con buena salud y buen dinero. A mí, lo poco que me pagan me lo gané con tantas patadas que me dieron. Hay muchos que quedaron inválidos, hoy en día esperando su muerte. La plata que tienen ni alcanza para los remedios. Con estos 130 mil pesos –que les da el Estado a modo de reparación, ni siquiera con esto uno paga sus enfermedades.

-¿Los buenos y los malos?

-Todavía tienen la escuela de Pinochet en el Ejército, la aviación y la naval. No odio, siento rabia de la ignorancia que muchas personas tienen. No entienden cuánto sufrió un preso, y la familia, padres, hijos y madres. Los que tienen la culpa, no eran los cabros que estaban en la calle, porque estaban haciendo el servicio militar y también corrían riesgo de vida. Los responsables son los que tienen grados superiores. Tú ves, que todavía hay cabros en la Escuela Militar que ahora reemplazan a los viejos y va a seguir la misma escuela de matanza de Pinochet. Tienen que pasar varios años más para que termine eso. Cuando ayer vimos mucho odio de carabineros y pinochetistas, es por eso mismo, porque la rabia, el odio está.

-Las heridas se abren…

-Ayer, se abrieron todas las heridas que uno tenía, todos los golpes que uno recibió, los sintió. Creo que todos los presos se indignaron. Duele que digan que somos los cafiches del Estado. Yo no soy un delincuente, yo viví de mi trabajo. A todos, nos cagaron la vida, nos cagaron la vida entera. Y nos tratan de ignorante, porque ellos no sufrieron lo que sufrimos nosotros. No sufrieron en carne lo que sufrimos nosotros, esta pesadilla, porque fue una pesadilla.

-Crean un discurso bastante parecido al de los presos de la dictadura. Dicen, que ellos también tienen presos políticos, los soldados del ‘73…

-La cárcel, Punta Peuco, que tienen ellos, tiene internet, tiene de todo. Todo eso no lo teníamos nosotros. La comida que comen ellos, no es la comida que tienen en los demás cárceles. Nosotros no teníamos nada, dormimos en el suelo. Ellos tienen colchones, sábanas. Yo estuve 60 días con los mismos calcetines, la misma camisa, cuando yo salí, la camisa estaba pegada. No es que no me bañaba, pero no teníamos jabón, no teníamos pasta de dientes, nada. Ellos tienen permiso a salir al mall. ¿Tú has visto a un preso que va al mall? Falta sólo que dejen entrar a la familia, para que tengan una vida familiar ahí.

-¿Es posible que un país tan dividido se reconcilie?

-No. Después de que desaparezcamos todos, a lo mejor sí. Como familiar de un desaparecido detenido, no tienes un lugar físico, no tienes un lugar para dejar flores el cumpleaños Entonces ¿Cómo van a cerrarse estas heridas?

-¿El perdón que nunca se pidió?

-Nunca ha dicho nadie perdón. Pinochet nunca ha hecho nada, el Ejército nunca ha hecho nada. Es nuestra vida la que ellos jodieron. Una vida que nos hicieron perder, una vida con la familia. Es algo que nunca podremos olvidar. No es una cosa que podamos olvidar o perdonar.

Texto y fotos: David von Blohn

Fuente: http://www.elciudadano.cl/


 

 

 

   
N°222----15/06/2012