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MUNDO -responsable de la página: Tito Decelles

BULGARIA

Sublevación popular

JAMES O'TOOLE

marzo de 2013

 

El primer ministro de Bulgaria, Boyko Borísov, dimitió el pasado 20 de febrero, tan solo 24 horas después declarar que no pensaba hacerlo. Borísov, líder del partido derechista Ciudadanos por el Desarrollo Europeo de Bulgaria (GERB), había vacilado en los días anteriores entre hacer concesiones a la creciente revuelta popular en la calle y la represión pura y dura. Prometió reducir un 8 % el precio de la electricidad y al mismo tiempo ordenó a los antidisturbios que hicieran frente a los manifestantes y los dispersaran a golpes. "Cada gota de sangre es para nosotros una mancha", dijo el primer ministro. "No soporto ver un parlamento rodeado de barricadas, ese no es nuestro objetivo, ni nuestra manera de hacer las cosas, si tenemos que protegernos del pueblo. "

El ministro de Hacienda, Simeón Djánkov, funcionario del Banco Mundial y arquitecto de los drásticos presupuestos de austeridad de Bulgaria, había sido depuesto en los días anteriores a la dimisión del gobierno, pero con ello no se consiguió otra cosa que espolear a las masas a mantener las protestas hasta conseguir sus objetivos. Las protestas en 35 ciudades comenzaron después de que la compañía eléctrica checa CEZ y otras grandes empresas incrementaran la tarifa eléctrica un 13 %. En un país en que la pensión media es de menos de 150 euros al mes y el salario medio es de unos 400 euros, el recibo de la luz podía ascender a más de 170 euros al mes. Las compañías incluso comenzaron a cobrar 25 euros por solicitar información.

En la sociedad búlgara ya cundía la indignación ante la corrupción generalizada en los principales partidos tradicionales, heredados de la época estalinista, cuyos dirigentes se habían apoderado de las empresas del Estado para enriquecerse. Hubo además una serie de presupuestos regresivos que redujeron el déficit público del país al 0,5 % a fuerza de eliminar servicios, recortar salarios y prestaciones y privatizar lo que quedaba del sector público. El aumento de la tarifa eléctrica fue para la mayoría de la población la gota que colmó el vaso. La gente empezó a concentrarse ante las oficinas de la compañía CEZ de su localidad y a quemar los recibos. En algunas ciudades pusieron fuego a los coches de la empresa y persiguieron a sus directivos por las calles lanzándoles bolas de nieve y piedras.

En las ciudades más pequeñas, la gente se puso a cortar autopistas y carreteras. Cuando los manifestantes en Sofía, la capital, se toparon con los antidisturbios, arrancaron el asfalto y agarraron todo lo que podían para hacer retroceder a la policía. También hubo casos de autoinmolación, señal de la profunda furia que se había acumulado en la sociedad búlgara. Las protestas escalaron de día en día y pusieron de manifiesto la disposición a culminar en acciones directas de masas. Los manifestantes de ciudades menores bloquearon túneles de montaña. El grito principal que se escucha en las manifestaciones tras la dimisión de Borísov es "¡Mafia! ¡Mafia!", y la hostilidad hacia los grandes partidos se expresa en el rechazo de todo intento de control político del movimiento. La gente está harta de la derecha y también de la izquierda reformista. El Partido Socialista Búlgaro (PSB), heredero del antiguo Partido Comunista, sigue actualmente una política similar a la del Partido Laborista británico de Tony Blair. En 1997, miles de manifestantes ocuparon el parlamento y derribaron el gobierno del PSB.

El movimiento ha comenzado a articular reivindicaciones tanto económicas como políticas, que de momento son las siguientes:

• Llevar a juicio a los principales ejecutivos de las grandes empresas 
• Revisión de las tarifas eléctricas mediante consultas con foros ciudadanos 
• Renegociación de los contratos de los últimos 24 años 
• Fin de las privatizaciones 
• Revisión completa del sistema de partidos 
• Control del poder de los políticos y posibilidad de cesarlos y revocarlos 
• Por una asamblea constituyente

¿Quiénes son los manifestantes?

El marxista italiano Gramsci dijo una vez que calificar un movimiento de "espontáneo" era admitir que uno no lo había examinado de cerca lo suficiente para detectar los elementos de liderazgo orgánico. En el caso de las manifestaciones en Bulgaria existen redes de activistas que convocan las protestas y han aprendido de las luchas de los años anteriores. Los búlgaros dirán que son apáticos, pero un rápido repaso de la historia de los últimos años demuestra que está jalonada de numerosas luchas.

Hubo la "revolución del tomate", una serie de protestas en relación con el encarcelamiento de un poeta disidente; una larga huelga del ferrocarril de mercancías en que los trabajadores organizaron piquetes durante semanas por todo el país para combatir la privatización; movilizaciones estudiantiles contra las nuevas leyes de educación y los aumentos de tasas. En 2009, campesinos de todo el país cortaron carreteras. Dos de los portavoces del movimiento más citados en los medios de comunicación internacionales ya se habían dado a conocer con anterioridad como activistas destacados del movimiento contra el ACTA (nuevas restricciones a las descargas de internet, etc.) y en una serie de protestas masivas contra la extracción del gas de esquisto.

Angel Slavchev, figura clave de los comités de base de Sofía, es un trabajador informático que ha ayudado a movilizar a miles en las calles el pasado mes de enero. Quienes se oponen a la fracturación hidráulica para la obtención de gas de esquisto saben que esta técnica puede contaminar las aguas subterráneas y provocar incluso pequeños terremotos. Este método también es objeto de controversias en Irlanda. Yanko Petrov, otro activista, es el creador de una red para protestar contra el ACTA. Ha sido la existencia de redes de resistencia y sectores activistas la que permitió convocar manifestaciones que después, a causa de la indignación masiva sobre las tarifas eléctricas, confluyeron en un pulso al poder. El elemento espontáneo es la rabia masiva y el elemento no espontáneo son las redes que concentran y orientan esa rabia. Los activistas han convocado una reunión cerrada para decidir qué hacer a continuación. No está claro por qué estas decisiones no se toman en asambleas abiertas como el 15-M en España.

Daniela Pelovska, quien se presenta como portavoz del movimiento, apareció en la televisión búlgara llamando a poner fin a las protestas con el argumento de que estaban siendo aprovechadas por elementos violentos. Yanko Petrov y otros respondieron inmediatamente acusándole de "traicionar" al movimiento. Pelovska fue hasta 2005 miembro de la derechista Unión de Fuerzas Democráticas y había intercambiado misivas con Borísov, a quien se dirigió con el apelativo de "querido general". Su aparición en la televisión fue evidentemente una maniobra del gobierno para tratar de desmovilizar a la población. El Estado búlgaro tiene una larga historia de intentos de "comprar" los movimientos de protesta.

¿Y ahora?

El domingo, 24 de febrero de 2013, decenas de miles de personas se manifestaron en todo el país. El gobierno ha dimitido y ningún otro partido está dispuesto a ponerse al timón por miedo a que se convierta en un cáliz envenenado ante la creciente cólera popular. Se han convocado elecciones para el mes de mayo y el poder espera que con el paso del tiempo las protestas se diluyan y las diferencias estratégicas acaben con la unidad actual del movimiento. Habrá debates sobre el modo de seguir adelante y el Estado también intentará "comprar" a figuras destacadas del movimiento.

Chris Harman describe bien la trayectoria de movimientos de este tipo: "Todo movimiento de protesta exitoso atraviesa dos fases. La primera es cuando estalla, cogiendo por sorpresa a los oponentes y llenando de alegría a quienes están de acuerdo con sus objetivos. Cuanto más tiempo haya transcurrido desde el último gran movimiento de protesta, tanto mayor es la alegría. Y parece que el mero impulso del movimiento ha de llevarlo delante de victoria en victoria. Esto refuerza la unidad de sus componentes y les lleva a minimizar antiguas diferencias de opinión y viejos debates sobre la táctica. Pero aquellos contra quienes se dirigen las protestas no se rinden sin más. Una vez pasado el estupor inicial, refuerzan sus propias defensas, tratan de asegurarse de que no se vean sorprendidos de nuevo e intentan frenar el impulso del movimiento. En este momento es inevitable que surjan debates sobre la táctica en el seno del movimiento, incluso entre personas que habían jurado olvidar viejas disputas en interés del consenso."

Los activistas en Bulgaria tienen que hacer el debate, como hicieron muchos en España en el movimiento de los Indignados, para estrechar vínculos con los lugares de trabajo y la fuerza de los trabajadores organizados. Las asambleas en España no han desaparecido, sino que ahora tienen lugar en hospitales y escuelas, donde se reúnen los trabajadores y votan sobre cuestiones clave que les afectan. Estas asambleas fueron un factor vital a la hora de presionar a los sindicatos para que convocaran huelgas masivas y un elemento clave a la hora de reforzar la confianza de los trabajadores. El modelo del 15-M de asambleas masivas, desconfianza en los partidos del sistema, protestas masivas con sentadas y ocupaciones de plazas y calles, resurge ahora en Bulgaria y será un fenómeno que veremos una y otra vez.

Cada vez más se pone en tela de juicio la "democracia" en el sistema capitalista. Esto constituye un gigantesco paso delante de la conciencia popular. La tarea de los anticapitalistas consiste en señalar la naturaleza no democrática del sistema económico subyacente a la democracia formal del parlamentarismo. La exigencia de revocabilidad de los políticos es algo que aplaudimos, pero debemos exigir también el derecho a revocar a los ejecutivos de las empresas. La revuelta búlgara muestra la creciente probabilidad de que se produzcan estallidos revolucionarios. Hemos de estar preparados y crear redes de activistas capaces de orientar la cólera de las masas. Debemos aprender de la combatividad de las protestas y obrar siempre a favor de la intensificación de las luchas, sin dejar nunca a la gente sin perspectivas.

Hemos de ser más ambiciosos. Debemos impulsar campañas encaminadas a implicar a sectores masivos de la población en asambleas que tomen decisiones. Debemos paralizar Irlanda el 1º de Mayo con una jornada de corte de carreteras y puentes. Hay que poner manos a la obra. Bulgaria muestra el camino.

24/02/2013

http://www.swp.ie/content/special-report-bulgaria-rises

Traducción: VIENTO SUR

 

 


 

 

Japón, un clamor antinuclear
El rechazo social a la energía nuclear en Japón no para de crecer, es uno de los principales asuntos que debe abordar el nuevo gobierno
Los movimientos antinucleares han llevado a cabo manifestaciones de magnitudes sorprendentes, que en el último medio siglo no habían tenido lugar en Japón
Hoy 11 de marzo, con motivo del tercer aniversario de la catástrofe nuclear de Fukushima, los movimientos antinucleares volveran a tomar las calles
11.03.2013 · periodismohumano · Lucas Vallecillos

El 5 de mayo del año pasado, día del niño en Japón, coincidió con el apagón nuclear. Fue una fecha muy especial para Hiroaki Koide, un prestigioso ingeniero nuclear de la Universidad de Kioto y un histórico activista. Ese día se encontraba en Chicago dando una conferencia donde pudo anunciar que todos los reactores en Japón habían parado. "Fue un gran regalo para todos los niños japoneses, los asistentes rompieron en aplausos al conocer la noticia, un gran día", recuerda Koide sonriente. "Pero el gobierno amenazó semanas más tarde-añade frunciendo el ceño- que si no se retomaba la actividad nuclear habría una crisis energética. No es así. Aunque apaguen todas las centrales nucleares de Japón el suministro energético está garantizado. Lo Sabemos por los datos de las estadísticas gubernamentales. El presidente dijo que volvíamos a la producción de energía nuclear por el bien del pueblo japonés. Pero la verdad es que ellos sólo lo hacen en beneficio de TEPCO, la empresa propietaria. Son unos viles cobardes. Los pronucleares son delincuentes, todos tienen que ir a la cárcel, para que cambien de opinión".

(AP Photo)

El grave accidente sufrido en la planta de Fukushima el 11 de marzo de 2011, ubicada a 240 kilómetros de Tokio y propiedad de la empresa TEPCO (Tokyo Electric Power), ha dejado marcado al pueblo japones. El terremoto de 9 grados en la escala de richter y el maremoto que generó, con olas de unos 15 metros provocó daños muy graves en tres reactores de la planta, diseñada para maremotos de 5,7 metros. No hubo ninguna muerte directa debido al accidente y las autoridades evacuaron 80.000 personas en un perímetro de 20 kilómetros. El mayor accidente nuclear de la historia, después de Chernobil, provocó el paro de todos los reactores nucleares en Japón y  desencadeno numerosas actividades de rechazo a la energía nuclear por parte de la sociedad japonesa. Pero ha sido durante el último medio año, debido a la reactivación de los reactores número 3 y 4 en la planta nuclear de Oi, en la provincia de Fukui, cuando las protestas han adquirido dimensiones que no se recuerdan desde las manifestaciones antiamericanas de los años 60, iniciadas en el 59 contra el Tratado de mutua cooperación y seguridad entre EEUU y Japón, donde 80.000 manifestantes comunistas tomaron las calles y asaltaron el parlamento japonés, provocando la huida del primer ministro. A lo largo y ancho del país han tenido y tienen lugar actos por parte de grupos antinucleares que reivindican el abandono de la energía nuclear e informan de sus peligros. Manifestarse en público ha pasado de ser un acto vergonzoso a ser una muestra de orgullo.

(AP Photo)

"El gobierno no nos ayuda para nada, vengo a manifestarme pero no escuchan, ni la asamblea, ni el gobierno, ni TEPCO, eso es lo que más coraje me da", cuenta Yukiko Kameya, que vivía en Futabacho a unos 3 kilómetros de la central de Fukushima. Ella abandonó a toda prisa su casa tres horas después del terremoto y nunca más podrá volver debido a la contaminación radioactiva; tan sólo le ha sido permitido hacer una breve visita a su vivienda seis meses después del accidente. Es una de los muchos japoneses que convocados desde la red, suele venir a manifestarse frente a la sede del gobierno japones contra la puesta en marcha de dos reactores nucleares en Oi. Quedaba así finiquitado el apagón nuclear que apenas duró dos meses; desde el accidente de Fukushima todos los reactores fueron cesando su actividad progresivamente. "Quiero que nos indemnicen por nuestras casas y tierras, así es imposible que podamos iniciar una nueva vida, ahora estamos desorientados, no tenemos nada. Y no nos aseguran nada", dice Yukiko Kameya. Otro manifestante, Hiro Sakamoto, ondea una bandera donde se puede leer "no more Fukushima". " Nos han ignorado tomando ellos solos la decisión de volver a la actividad nuclear", señala.

Junto a él camina Machiko Koji acompañada de su hijo, que muy irritada dice, "Es imposible entender que hayan puesto en marcha los reactores de Oi, la mayoría del pueblo japones no quería volver a la energía nuclear, pero el gobierno no hace caso de la voluntad del pueblo, no lo puedo creer . Y pienso que en el extranjero tampoco lo entienden, es una vergüenza. El presidente dice que nuestros gritos son simple ruido, a él no le interesa escuchar nuestra opinión".

"Yo siempre estoy preparada para huir, con el depósito del coche lleno por si ocurre otro accidente nuclear" dice Yayoi Hitomi. Parece una treintañera despistada, pero sin embargo ha cumplido los 50, y a pesar de tener el miedo en el cuerpo ha decidido que debido al menor efecto que tiene la radiactividad sobre las personas de su edad, tiene el deber de quedarse en Fukushima para luchar e informar de lo que ahí pasa. "El gobierno no nos protege, ni nos evacuó aludiendo que no había riesgo para la salud. Después de un mes del accidente elevaron de 1 a 20 microsilvert al año el nivel que puede tolerar el ser humano, para no evacuar a la población y después tenerla que indemnizar. Para el gobierno es más importante el dinero que nuestra salud"

(AP Photo)

La presión social cada vez es más fuerte. Tan fuerte, que durante el mes de septiembre pasado ha hecho que el gobierno dude en sus decisiones. El 14 de septiembre anunció que acordaba abandonar la energía nuclear en la próxima década de los treinta. La ecisión no convencía al movimiento antinuclear por que los plazos de tiempo fijados eran muy largos y por no contemplar el cierre de las plantas donde se procesan los residuos nucleares, como la de Aomori, que incluso recibe material radioactivo del extranjero. No obstante, significaba un gran avance para las pretensiones de los grupos antinucleares. Pero en menos de una semana tras intensas presiones de la industria el gobierno renunció a marcarse como objetivo abandonar las centrales nucleares durante los siguientes años treinta, incluso se mantiene en pie seguir la construcción de dos reactores que están ya empezados. Hecho que generó indignación entre los movimientos antinucleares. Con la intención de apaciguar los ánimos, Jun Azumi, el ex-ministro de Economía, declaró que "el objetivo sigue siendo el mismo pero que necesitan flexibilidad". Después de Francia y EEUU, Japón con 54 es el país que posee más reactores.

Históricamente al frente de las manifestaciones antinucleares ha estado la ONG Centro Ciudadano de Información Nuclear (CNIC) que carecía de respaldo social. Sin embargo, desde el accidente se han convertido en un importante agente social que articula las acciones del movimiento antinuclear. "El gran cambio en la sociedad japonesa es que hay nueva gente que siente el peligro de las centrales nucleares" señala Hideyuki Ban, codirector de CNIC. "Las explosiones de Fukushima vertieron mucha radiactividad en el medio ambiente causando un daño que perdurará durante muchísimo tiempo. Ban añade que el gobierno está en una gran disyuntiva. "El ejecutivo está estrangulado entre una población cuyo 60 o 70% está en contra de las plantas nucleares, y la comunidad empresarial que quiere mantener la actividad de las centrales. Entre estos dos grupos está viajando los dirigentes del país sin saber a donde ir". Y con vehemencia -prosigue-"es muy importante enfrentarse a la decisión, es el momento, justo el momento de hacerlo".

(AP Photo)

El informe oficial del accidente encargado a una comisión independiente por el Parlamento japonés, concluye que el desastre de Fukushima fue provocado por "el ser humano", que ocurrió debido a la "ignorancia y arrogancia" de la industria y los reguladores. Hace hincapié en el origen del problema; "sistemas organizativos y regulativos que apoyaron fundamentos incorrectos para las decisiones y acciones, más que problemas relacionados con la competencia de un individuo en concreto". Con una correcta actuación podría haberse evitado el desastre. Incluso indica que fueron varias las oportunidades que se perdieron para impedir la catástrofe. Uno de los aspectos más destacado que señalan las 641 hojas del informe es que no se puede afirmar con rotundidad que el accidente fue provocado únicamente por el maremoto, hecho que hasta ese momento sólo era cuestionado por activistas antinucleares. El informe dice; "en lo que  respecta a la causa directa de la crisis,que no se puede decir de forma definitiva que ninguno de los dispositivos que eran importantes para la seguridad resultaron dañados por el terremoto", contradiciendo las afirmaciones de TEPCO que culpaban del accidente única y exclusivamente al maremoto eludiendo así las responsabilidades por carecer de una buena previsión contra los temblores sísmicos. Si esto fuera así, serian tres las veces que ha pasado esto en menos de 4 años: la estructura sísmica de la central nuclear Kashiwazaki-Kariwa fue superada por más del doble de la capacidad de su diseño durante un terremoto que tuvo lugar en 2007; en 2011 el 11 de marzo en Fukushima; y el 7 de abril de este mismo año una réplica excedió la estructura sísmica de Onagawa. Hideyuki Ban considera que "el gobierno toma serios riesgos al reanudar la actividad en la planta nuclear de Oi, porque los geólogos señalan que la atraviesa una falla activa".

(AP Photo)

Dos años después del accidente nuclear de Fukushima, la sociedad japonesa continua intranquila. Según Hiroaki Koide, tienen motivos para estarlo. "El estado actual de la central de Fukushima no está controlado. "En en el reactor nª1,2 y 3 hay fusión de núcleo-quiere decir esto que se continúan liberando sustancias radioactivas-, además dentro no sabemos donde está el combustible. Y el nº4 estaba parado cuando hubo el accidente, el combustible nuclear usado estaba depositado en una piscina. Una réplica del terremoto puede provocar en él un derrumbamiento. Si esto ocurre puede salir 10 veces más material radioactivo que en el accidente anterior". El ingeniero nuclear también señala que la actividad nuclear no sólo es para producir energía, también para uso militar. "La técnica nuclear siempre va ligada a la militar. El desarrollo nuclear dicen que es para la paz, pero está directamente relacionado con el armamento. La humanidad debe conocerlo, hay que abandonar la actividad nuclear, sino nunca conseguiremos la paz en el mundo".

Hiroaki Koide está convencido de que la actividad nuclear no es respetuosa con las generaciones futuras, y que hace que los gobiernos no traten a sus ciudadanos con igualdad. "La actividad nuclear es símbolo de discriminación, saben que es muy peligrosa, no instalan las centrales nucleares en zonas urbanas donde hay una gran demanda de energía, lo hacen en zonas pobres y despobladas sacrificando a sus habitantes. Los trabajadores de las centrales nucleares también suelen ser victimas de la zona. Si escogemos la energía nuclear nos condenamos a vivir con los residuos, que son siempre contaminantes y no son compatibles con la vida hasta pasados 1.000.000 años".

El rechazo a la actividad nuclear ha calado hasta en el parlamento, donde ha nacido Gen patsu zero no kai (Grupo cero energía nuclear), una organización trasversal que aglutina miembros de casi todos los partidos políticos, incluso del Partido Democrático Liberal que actualmente gobiernan el país. La gran diferencia con el resto de grupos antinucleares es que dan un amplio margen de tiempo para el abandono de la actividad nuclear. "Nosotros queremos cerrar los reactores entre finales de 2020 y 2050, otro objetivo es parar el reprocesamiento, y en tercer lugar promover las energía renovables. No creo que fuese necesario reactivar los reactores de la planta de Oi, era un paso innecesario", cuenta Taro Kono, un parlamentario del Partido Democrático Liberal  que pertenece a Genpatsu zero no kai, y que está descontento con la vuelta a la actividad nuclear.

Anti-nuclear demonstration en Tokyo, Marzo 9, 2013 (AP Photo/Junji Kurokawa) 

Dentro del movimiento antinuclear han surgido un gran número de nuevas organizaciones en todo el país, adquiriendo mucha popularidad Sayonara genpatsu. Un grupo liderado por el legendario periodista Satoshi Kamata, conocido por sus reportajes de compromiso infiltrándose como trabajador durante los años sesenta en prestigiosas empresas para denunciar las nefastas condiciones laborales que padecían sus trabajadores, por los informes que ha elaborado sobre los 54 reactores nucleares que hay en Japón y por varios libros publicados de temática nuclear denunciando su incompatibilidad con la vida. En un inicio, después del accidente de Fukushima, Satoshi propuso en abril de 2011 a la gente de su entorno más cercano iniciar una llamada para convocar la recogida de 100.000 firmas. Pero fue en Junio del mismo año cuando llamó a varios intelectuales japoneses de gran talla, entre los que destaca el Premio Nobel Kenzaburo Oe, cuando decidieron movilizarse todos juntos por la recogida de 10 millones de firmas. Actualmente han conseguido 8,204,175. Kamata cuenta que "El 19 de septiembre de 2011 reunimos más de 60000 personas, y el 16 de julio de 2012 fueron 170.000 personas en Tokio, y también hubo manifestaciones en muchas ciudades del país. Poco a poco el movimiento va cogiendo más fuerza. Hay que conseguir 10 millones de firmas para que el parlamento cree una ley que prohíba la actividad nuclear. Por eso estamos manifestándonos de muchas maneras, para que el gobierno actúe rápido. Queremos que todas las plantas nucleares de Japón cesen su actividad junto con los reactores de reproducción rápida como el de Monju y las estaciones de reprocesamiento. Estructurando una política energética basada en las renovables". Respecto a la decisión por parte del gobierno de reiniciar la actividad nuclear achacando la llegada de una crisis energética, Kamata sostiene que "todo es muy parecido a cuando querían empezar a construir las primeras plantas nucleares. "Dijeron que iba a faltar petróleo y energía, así es como engañan históricamente al pueblo japonés. Es una vergüenza que todavía no nos hayamos liberado de la actividad nuclear con lo que hemos sufrido en Hiroshima, Nagashaki, Daigo Fukuryumaru y Fukushima. Alemania, Italia y Suiza han decidido abandonar las nucleares. Ahora es el turno de que Japón diga al mundo que cesa su actividad nuclear", sentencia.

 

 

 

 

 


 

   
N°259--22/03/2013