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El estructuralismo como superación del dualismo alma-cuerpo

de Luis Antonio Guerrero Cantera

MAGAZINE SUBJECT ON THE COLLEGE DE FRANCE

   Hace 105 años nació Claude Lévi-Strauss, uno de los pocos antropólogos cuya obra ha destacado más allá de su propia disciplina; posiblemente siendo uno de los intelectuales franceses más influyentes del siglo XX. Al ser un referente imprescindible en la formación del antropólogo, muchas veces la transmisión escolar de la obra de Lévi-Strauss tiende a ser reducida a un conjunto de preceptos que tienden a simplificarla, si no es que suele ser deformada. De esta manera se olvida que -como toda obra científica- el estructuralismo de Lévi-Strauss se enriquece al ocupar nuevas áreas de conocimiento, corrigiendo y modificando sus postulados (muchas veces a través de las críticas pero también de la atención cuidadosa a los nuevos descubrimientos en otros campos del saber).

   Aunado a ello, el estructuralismo ha sido concebido negativamente por ser considerado como el último eslabón de la pretensión cientificista en alcanzar la objetividad. Al considerarse como un método que pretende aprehender las constricciones que se aplican al pensamiento humano y que otorgan coherencia a los sistemas simbólicos de los diversos pueblos nativos, el estructuralismo levistrosiano ha recibido críticas de mentalista, ahistórico, así como de reducir las acciones humanas a dichas constricciones. Por tanto, el título de esta entrada puede sorprender: ¿qué tiene que ver el cuerpo si un supuesto epistemológico central de Lévi-Strauss es la estructura del pensamiento humano?

   Parto esta reflexión con una cita de la conferencia que Lévi-Strauss impartió en  el Barnard College en 1972 y publicada por la editorial Anagrama bajo el título de Estructuralismo y Ecología:

   He tratado de demostrar que, por el contrario, el análisis estructural sólo puede tomar forma en la mente porque anteriormente su modelo existe ya en el cuerpo […] Siguiendo un camino al que se acusa a veces de demasiado intelectual, el estructuralismo recupera y hace conscientes procesos que ya estaban latentes en el cuerpo mismo. Al reconciliar el alma y el cuerpo, la mente y la ecología, el pensamiento y el mundo, el estructuralismo se orienta hacia la única clase de materialismo acorde con los desarrollos actuales de la ciencia. Nada puede estar más lejos de Hegel, y aun de Descartes, cuyo dualismo tratamos de superar, conservando su fe racionalista. (Lévi-Strauss 1972: Pág. 45-46).

   Esta observación que Lévi-Strauss hace del estructuralismo es muy interesante, yo diría sorprendente si se toma en consideración lo que comúnmente se dice. Debemos señalar que para la fecha en que había pronunciado dicha conferencia, el antropólogo francés ya había escrito obras de gran envergadura como Las Estructuras Elementales del Parentesco (1949), Tristes Trópicos (1955), El Pensamiento Salvaje (1962) y los cuatro tomos de Mitológicas (1964, 1967, 1968 y 1971 respectivamente). Al leer dicha conferencia, uno tiene la impresión de que Lévi-Strauss hace una valoración general de su obra y le sirve para responder algunas críticas que –principalmente en los campos académicos anglófonos- le han hecho.

   Ante los críticos que le reprochan la búsqueda de los “universales levistrosianos” como  expresión de la cultura, el antropólogo francés señala entonces por qué el trabajo estructuralista necesita de una minuciosa observación etnográfica que implica estudios de astronomía, geología, geografía, zoología, entre otros[1], nos dice:

   Ningún principio general o proceso deductivo podrá jamás permitirnos prejuzgar la historia contingente de cada grupo humano, la peculiar conformación de su medio ambiente o la impredictible razón por la que ha escogido otorgar sentido a determinados rasgos de su historia o de su hábitat y no a otros. (Lévi-Strauss 1972: 9).

   De esta manera, la producción de conocimiento antropológico bajo el método estructuralista implica necesariamente trabajo empírico: 1) cada cultura presenta rasgos novedosos en la generación de su sistema lógico y la selección particular a través del cual se revela la estructura peculiar de cada sistema proviene del medio ambiente en que está inmerso, así como de las condiciones tecno-económicas; 2) los principios subyacentes a toda clasificación no pueden aprehenderse si antes no existe una indagación etnográfica previa (Lévi-Strauss 2003: 92).

   ¿Qué debe aprehenderse en este trabajo etnográfico? Podemos decir que dos tipos de determinismos. El primero consiste en el sistema lógico en el cual cada cultura otorga sentido a los diferentes elementos que lo rodean para ser retenidos en un sistema lógico que puede variar. Así mismos elementos pueden tener una significación diferente y diferentes elementos una significación igual. La variedad de sistemas va a depender de la clasificación peculiar que cada cultura realiza. A pesar de dicha variedad, cada sistema presenta una coherencia que es producto de “los constreñimientos específicos de la mente humana”, determinando la forma en que se relacionan los elementos del sistema. La supuesta universalidad de Lévi-Strauss no consiste en que en última instancia una estructura fundamental determine la acción humana, sino que en el proceso de la construcción del sistema de clasificación, el espíritu humano opera de manera similar que posibilita la coherencia de su sistema lógico. El esqueleto de estas reglas universales “permanece constantemente abierto a la adición de nuevas determinaciones o a la corrección de las anteriores” (Lévi-Strauss 1972: 13).  El segundo determinismo es que, si bien cada sistema lógico actúa de manera arbitraria bajo las constricciones de la mente humana, ésta “aparece como curvada, y por así decirlo, atraída y entretejida en las condiciones tecno-económicas” (Ibídem). La palabra curvada nos recuerda a la teoría relativista de Einstein en donde la gravedad no sólo atrae linealmente a los cuerpos, más bien en dicha atracción gravitatoria se deforma el espacio-tiempo por la fuerza que ejerce el cuerpo mayor sobre el menor al seguir las curvaturas del tejido espacial que el primero genera. Así de la misma manera, los sistemas simbólicos son constreñidos por la curvatura que genera las condiciones tecno-económicas; no es una relación directa y lineal, pero sí ejerce su influencia[2]. Lejos por tanto de que uno determine al otro, existen entrelazamientos entre ambos  determinismos que operan simultáneamente Por tanto, sería un error pensar el sistema lógico como aislado del medio ambiente y de las condiciones tecno-económicas en las que opera.

   Al hacer este entrelazamiento entre los dos tipos de determinismos, Lévi-Strauss trataba de evitar a los constreñimientos mentales y la relación del ser humano con sus condiciones ambientales y tecno-económicas como “entidades mutuamente irreductibles” y así evitar el dualismo filosófico. Para ello el antropólogo va a hacer algo genial como respuesta a los críticos “mentalistas”:

   Puesto que sólo a través de su anatomía y fisiología puede el hombre percibir la realidad exterior, cualquier intento de presentar la mente y el mundo exterior como entidades separadas supondría una vuelta clara a la metafísica. El mundo exterior, es decir, la ecología, únicamente puede aprehenderse a través de la percepción sensorial y por medio del procesamiento de los datos sensoriales que tiene lugar en el cuerpo. Todos estos fenómenos deben tener necesariamente algo en común que explique su mutua interconexión (Lévi-Strauss 1972: 37-38).

   Antecediendo a lo que el neurólogo Antonio Damasio diría en el capítulo 10 de El Error de Descartes, Lévi-Strauss señala que la corporalidad como totalidad tiene una capacidad activa en la captación del mundo exterior, siendo el cerebro el manager del proceso. ¿Cómo se genera esta captación? Al revisar descubrimientos científicos como la teoría de Luria o sobre los sistemas visuales muestran que la corporalidad genera codificaciones similares al análisis estructural pero al nivel de lo sensitivo. Por ejemplo, las células de la retina, los ganglios o la corteza responden a un determinado tipo de estímulos: presencia o ausencia de color, cambios de luz y sombra, etcétera. Así:

   Las disposiciones estructurales no son un mero producto de las operaciones mentales: los órganos sensibles también funcionan estructuralmente y, exteriormente a nosotros, podemos encontrar estructuras en átomos, moléculas, células y organismos. […] Cuando la mente procesa datos empíricos [piénsese aquí el cerebro], que recibe ya preparados, tras un primer procesamiento en los órganos sensibles, lo que hace es ordenar estructuralmente lo que desde el principio era ya estructural. Y esto le es posible hacerlo por cuanto la mente, el cuerpo al que pertenece la mente y las cosas que el cuerpo y la mente perciben son parte y parcela de una misma y única realidad (Lévi-Strauss 1972: 41-42).

   Así puede tener sentido la primera cita de esta entrada. Lo que hace el cerebro consiste en traducir una gramática que está previamente encarnada en la corporalidad viviente. La corporalidad para Lévi-Strauss clasifica en un nivel sensitivo y reacciona ante el mundo exterior en que se encuentra inmerso. La idea de una mente separada de un cuerpo o, en términos del propio antropólogo francés, una mente humana que siga leyes independientemente de su entorno (empezando por su cuerpo mismo) sería irrisorio y falaz. Por otra parte, si bien no precisa la peculiaridad sensitiva de la aprehensión estructural que hace la corporalidad ante un medio exterior, no se podría concluir como dice Juan Castaingts que para Lévi-Strauss “el significado del significante sólo se encuentra en relación con su sentido cognitivo y no con el sentido emocional” (Castaingts 2011: 209). El mismo Lévi-Strauss respondería:

   De este modo nos vemos llevados a poner fin de una vez al ya largo divorcio entre inteligibilidad y sensibilidad que un mecanicismo y un empiricismo pasados de moda nos han venido imponiendo, y a establecer una especie de armonía entre la interminable busca de sentido u el mundo en que vive: un mundo hecho de formas, colores, texturas, sabores y olores (Lévi-Strauss 1972: 47).

      Sin duda son sorprendentes e interesantes estas reflexiones. Nos obliga a ver con nuevos ojos el trabajo estructuralista del antropólogo francés y repensar ese conjunto de postulados a través del cual se transmite su obra. Ante la nueva ola de estudios antropológicos sobre la corporalidad que cuestionan el dualismo cuerpo-alma, sería pertinente regresar con una nueva mirada a los libros de Claude Lévi-Strauss.

   REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS:

Castaingts Teillery Juan. “El hombre simbólico. Antropología simbólica y neurociencia” enAntropología simbólica y neurociencia. Editorial Anthropos-UAM-I. Madrid, 2011.

Lévi-Strauss Claude. Estructuralismo y ecología. Editorial Anagrama. Barcelona, 1972.

Lévi-Strauss Claude. El Pensamiento Salvaje. FCE. México, 2003.


[1] Basta con hojear algunos tomos de Mitológicas para observar la necesidad de auxiliarse en las ciencias naturales para hacer análisis precisos de los mitos.

[2] Por tanto muy diferente del mal llamado determinismo económico de Karl Marx en la relación de la estructura y superestructura al que hace referencia en el prólogo de la Contribución a la Crítica de la Economía Política.

 

Fuente: http://luisguerreroc.wordpress.com

 

 

 

 

       

 

 

  

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N°298--24/01/2014