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MUNDO -responsable de la página: A. Gonzalez
La caída de Faluya y el desmembramiento de Irak
Escrito por: M K Bhadrakumar*

Irak. Foto: AFP. Samuel D Corum

 

El sitio de Faluya, en mayo de 2004, destaca en la Guerra de Irak como la batalla más sangrienta librada por Estados Unidos desde la Guerra de Vietnam. Según las informaciones, las fuerzas estadounidenses utilizaron aviones de guerra F-16 para atacar áreas residenciales en Faluya con bombas de racimo. La mayoría de sus prisioneros fueron ejecutados. Mientras el Cuerpo de Marines anunciaba un cese del fuego y se retiraba en mayo de 2004, las mezquitas proclamaron la victoria de los insurgentes, y la transformación de Faluya comenzó como una especie de mini Estado islámico con la ley islámica, la sharía. A fines de octubre de ese año, los militares estadounidenses volvieron con otra importante ofensiva, la operación Furia Fantasma. Según el Washington Post, granadas de fósforo blanco y obuses de artillería fueron utilizados para crear “muros de fuego” en la ciudad. Médicos informaron posteriormente que vieron cadáveres fundidos. Nadie conoce la cantidad de víctimas; el 18 de noviembre los militares de Estados Unidos afirmaron que 1.200 “insurgentes” habían sido muertos y un millar capturados. Un informe de The Guardian dijo que más de 70 por ciento de las casas de la ciudad fueron destruidas, junto con 60 escuelas y 65 mezquitas y lugares sagrados. Hubo evidencia fáctica de un gran aumento de casos de cáncer y de la mortalidad infantil, provocando especulación de que el uso de uranio empobrecido condujo a contaminación ambiental. Es extremadamente importante recordar la horrenda memoria viviente de Faluya para comprender lo que ocurrió este mes de enero, cuando el centro de la ciudad cayó en manos de combatientes del Estado Islámico en Irak y el Levante (daash), vinculado con Al Qaeda. Faluya, junto con la capital de la provincia Anbar, Ramadi, fue un baluarte de los insurgentes sunitas durante la ocupación estadounidense de Irak y combatientes de Al Qaeda tomaron gran parte de ambas ciudades. Expertos han comenzado a analizar los factores detrás de estos hechos. La narrativa dominante es que el gobierno iraquí encabezado por el primer ministro Nouri al-Maliki marginó a los sunitas desde que las tropas de Estados Unidos se retiraron, en 2011. Casi todos los sunitas se han vuelto contra el gobierno y se oponen a las fuerzas de seguridad iraquíes, aunque no todos se han alineado con el daash. Mientras tanto, los disturbios en Siria, en los cuales el eiil juega un papel dirigente, ha complicado la situación de la seguridad en Irak. El daash ha estado atacando a los chiitas, lo que da al conflicto un matiz sectario. Además, Irak tendrá una elección parlamentaria en abril y hay teorías conspirativas de que Maliki urdió la toma de Faluya por Al Qaeda con fines electorales, algo que parece inverosímil. El daash incluye combatientes aguerridos provenientes de Siria, donde los aliados regionales de Estados Unidos en el Golfo Pérsico, especialmente Arabia Saudí, han estado reclutando combatientes extranjeros y apoyándolos con dinero y armas. También hay que considerar al llamado Despertar, una fuerza creada por Estados Unidos para combatir a Al Qaeda y a la que abandonó tras su retiro militar de 2011. La mayoría de sus dirigentes han sido asesinados.

“MISIÓN CUMPLIDA.” El gobierno de Barack Obama no se puede lavar las manos ante la situación emergente en Faluya. La culpa por el desmembramiento de Irak como nación recae en la presidencia de George W Bush. El pronóstico de “misión cumplida” en Irak de Bush y el alarde de entonces del general David Petraeus suenan vacíos actualmente. Sin duda, el modo en que Obama responde a la situación en Faluya tiene implicancias más amplias para las estrategias regionales de Estados Unidos. El secretario de Estado, John Kerry, dijo: “No estamos considerando el uso de nuestros soldados. Esta es su lucha (de los iraquíes), pero vamos a ayudarlos”. El portavoz de la Casa Blanca, Jay Carney, dijo a su vez que Washington está “acelerando” sus entregas de equipamiento militar a Irak (de misiles y drones), pero que en última instancia Bagdad debe enfrentar el conflicto por sí solo. Estados Unidos combatió ferozmente en 2004 para mantener a Al Qaeda fuera de Faluya y ahora Al Qaeda está a punto de crear una base en la ciudad. Los intereses de Washington se verán seriamente afectados si Al Qaeda establece otro punto de apoyo en la región. Y, por cierto, toda la región observa la determinación de Washington para enfrentar a Al Qaeda. Los halcones belicistas republicanos, como los senadores John­ McCain y Lindsey Graham, culpan a Obama por la situación en la medida en que “no hizo lo suficiente” por lograr un acuerdo con Maliki para mantener tropas después de 2011. Sin embargo, el ambiente interior en Estados Unidos favorece la idea de que, a pesar de la convulsión en Oriente Medio, se debería buscar una relación diplomática y política en vez de una solución militar.

DISYUNTIVAS. Las alternativas que se le presentan a Obama pueden ser vistas desde tres perspectivas. Primero, la situación en Faluya se da en un momento delicado, cuando el gobierno de Obama propone la permanencia de entre diez y doce mil soldados en Afganistán. El plan carece de apoyo dentro de Estados Unidos, y lo que sucede en Faluya es una advertencia oportuna sobre los peligros de mantener una gran fuerza residual en Afganistán. Segundo, Faluya ya no siente que forma parte de Irak, lo que plantea un problema fundamental sobre el futuro del país. Esto, de nuevo, contiene algunas duras lecciones para Afganistán, donde la ocupación estadounidense también aceleró la fragmentación. Una respuesta a la crisis mediante la aceleración de entregas de armas al gobierno iraquí no solucionará el problema e incluso podría empeorarlo. Un tercer aspecto sorprendente es que la situación en Faluya encuentra a Estados Unidos e Irán del mismo lado. Sus intereses respectivos en Irak varían, pero ambos comparten la preo­cupación de que un movimiento internacional de combatientes sunitas está alzando la bandera negra de Al Qaeda. Ninguno de los dos está dispuesto a intervenir. Teherán también promete ayuda militar, pero es renuente a enviar soldados. El gobierno de Obama se podría estar acercando a reconocer la influencia de Irán en temas regionales –Irak, Siria, Afganistán, Yemen–, lo que conllevará reajustes regionales. n

*     Diplomático indio. Ejerció funciones en la extinta Unión Soviética, Corea del Sur, Sri Lanka, Alemania, Afganistán, Pakistán, Uzbekistán, Kuwait y Turquía. Tomado de www.rebelion.org El título es de Brecha, que reproduce fragmentos de esta nota.


El caos arabo-africano Las explosiones interconfesionales y étnicas destruyen progresivamente los estados heredados de la colonización.

Por Sami Nair*

Desde el golpe de Estado de julio de 2013, la represión contra los islamistas egipcios ha causado más de mil muertos y miles de prisioneros; los militares reinstauran, sin prisa pero sin pausa, la dictadura; el Sinaí se convierte, por primera vez en la historia de este país, en zona de guerra abierta entre islamistas y militares. Sudán: a la disgregación de la unidad territorial del país, que ha generado –bajo la presión de los occidentales y especialmente de Estados Unidos– la creación de un Estado independiente en el sur, le sigue la guerra dentro del nuevo Estado por el control de los campos petrolíferos. La onu se ve obligada a enviar otros 6 mil soldados, añadidos a los 7 mil ya en la zona, para evitar masacres interétnicas. Siria: cada bombardeo sobre Alepo mata a centenares de civiles. Desde comienzos de 2013 se cuentan miles de muertos en el país. Ninguna solución a la vista. Irak: guerra civil total, secesión progresiva del norte kurdo, expansión de las bases de Al Qaeda. Libia: el país es ya ingobernable, las tribus se devoran entre sí, los terroristas de Al Qaeda, bajo diversos nombres, controlan segmentos completos de territorios en el sur. Las potencias occidentales, al igual que en Irak, concentran sus fuerzas en la defensa de los campos petrolíferos. Jamás las mafias de la droga, del tráfico humano (incitación a la emigración), habían proliferado tanto. Túnez: después de acaparar el poder, los islamistas, sorprendidos por la firme reacción de la sociedad civil, aceptan nuevas elecciones en el marco de un diálogo nacional. Pero el país se hunde en una recesión económica dramática, que la constitución de un gobierno tecnocrático tendrá dificultades para yugular. Mientras tanto, al sur y al norte del país arraigan las guerrillas islamistas. Como trasfondo de este arco de crisis árabes, un verdadero cinturón de fuego recorre el sur de Mauritania y Sudán, pasando por Malí, Níger, Somalia y, más lejos aun, Centroáfrica. Las explosiones interconfesionales y étnicas, afiladas por las desigualdades, destruyen progresivamente los estados-nación heredados de la colonización. Por su parte, Occidente, cuando interviene, lo hace de forma cada vez más militar, y no sólo para defender sus intereses, sino a menudo para evitar genocidios. En 2014 esta situación será tanto más inquietante, puesto que no habrá solución, ni ahora ni en un futuro próximo. El despertar del odio identitario, ya sea confesional o étnico, genera monstruos.

*     Politólogo, sociólogo y filósofo francés de origen argelino, defensor de los derechos de los inmigrantes y de los palestinos, responsable de la revista Les Temps Modernes, junto a Simone de Beauvoir en los años ochenta, y director de un estudio de estudios sobre el mundo mediterráneo en España.

Fuente: BRECHA
¿Qué está pasando en Oriente Medio?
Edmundo Fayanás Escuer

Si vemos los últimos acontecimientos en Oriente Medio: pacto sobre armas nucleares en Irán, guerra de Siria (destrucción del armamento químico, el no ataque norteamericano a Damasco, no dar armas a los sublevados), acuerdo entre Israel, Jordania y los palestinos para el trasvase de agua del mar Rojo al mar Muerto, la desestabilización de Turquía, la consolidación de la dictadura egipcia, papel cada vez más activo norteamericano para resolver el conflicto judeo-palestino. ¿Qué está pasando?

Tras la pérdida de veinte años en los conflictos de Iraq y Afganistán donde los norteamericanos han acabado semiderrotados, se han dado cuenta, de que no están en condiciones del dominio unilateral, que hasta ahora ejercían en el mundo, ni pueden elegir y controlar a sus aliados a la carta.

Ante esta nueva situación, los norteamericanos buscan dosificar y equilibrar esfuerzos y hacer uso de su poder blando. Zbigniew Brzezinsk consejero presidencial lo decía así: “La nueva realidad es que ninguna de las grandes potencias están en condiciones de dominar Euroasia, y por tanto de gobernar el mundo. El papel de América, sobre todo después de haber perdido veinte años, debe ser ahora más sutil y jugar sobre todo en las nuevas relaciones de fuerza en Eurasia”.

Un año después de la caída de la URSS, el Pentágono decía “nuestro primer objetivo es impedir que un nuevo rival surja en la escena mundial. Debemos desviar a los potenciales concurrentes incluso simplemente a los que pretenden jugar un papel más importante a nivel regional y mundial”.

La situación ha cambiado y a Estados Unidos le ha surgido un nuevo competidor, China. Lo confirmó el propio Obama en un debate con el candidato republicano Romney, al considerar a China como su adversario.

Hillary Clinton decía: “el futuro de la política se decidirá en Asia, no en Afganistán o en Iraq. Y Estados Unidos estará exactamente en el centro de la acción”.

Oriente Media era anteriormente una región fundamental para los Estados Unidos, pues le abastecía de petróleo y gas. Debido al desarrollo de fracking ha aumentado la producción de gas de esquisto y de arenas bituminosas. Estados Unidos actualmente es el productor de gas y petróleo con el mayor crecimiento a nivel mundial de estos productos. La importación de petróleo de Oriente Medio irá disminuyendo en casi un 40% de 2011 al año 2017 y se prevé que para el año 2020, Estados Unidos será exportador de gas.

En estos momentos, por un lado, le ha surgido un rival importante, China, esto hace que tenga que centrar todos sus esfuerzos en ese país. Por el otro lado, Oriente Medio que era importante como suministrador de petróleo y gas, ya ha dejado de tener tal papel, pues como hemos visto, está logrando su independencia energética. Oriente Medio siempre ha sido un polvorín, por ello necesita pacificarlo, para no tener que dividir esfuerzos en su enfrentamiento con China

¿Qué está haciendo ahora Estados Unidos en Oriente Medio?

Está buscando un equilibrio estratégico entre chiís y sunníes. Ninguna de estas dos concepciones religiosas debe llegar a ser demasiado poderosa para prevalecer sobre la otra. Un Islam dividido cuyos polos aseguren su equilibrio y se neutralicen mutuamente es lo que están buscando Estados Unidos e Israel. Es la estrategia del divide y vencerás que tan buenos resultados le ha dado históricamente.

El acuerdo sobre armas nucleares entre Irán y Estados Unidos sirve para tranquilizar la zona. Refuerza el papel de Irán como líder chií y aumenta su influencia en Iraq, Siria, Líbano, Gaza y en Hezbolla, haciendo que dejen de ser peligrosos para Israel. Este papel de Irán sirve de contrapeso a Arabia, líder de los sunníes y deja de ser un país que tan esencial como en otros tiempos. De esta forma logra un contrapeso Irán/Arabia.

Además este acuerdo con Irán también le sirve para que este país le ayude a pacificar Afganistán y ponga cierto orden en esta parte de Asia.

En la guerra de Siria, ante el auge yihadista, la solución menos mala y más fiable es la del Assad, que entrará bajo el paraguas de Irán. En este sentido, debemos interpretar el acuerdo sobre armas químicas, el no ataque norteamericano a Damasco, la no ayuda a los sublevados y los problemas que está teniendo el turco Erdogan en su país con su política respecto a Siria. En un corto espacio de tiempo, se llegarán a acuerdos en Siria con pequeñas transformaciones del régimen de Assad para hacerlo más presentable, quedando bajo el patrocinio de Irán y el apoyo de Rusia, pero sin peligro alguno a su protegida Israel.

El yihadismo sunní en Iraq y Siria no es un socio fiable para Estados Unidos, pues lo pudieron comprobar en sus propias carnes con Bin Laden. Se convierte en un riesgo de mucha importancia para ellos, muy superior al que en estos momentos representa el sirio Assad.

Vemos como los dos últimos meses, el Secretario de Estado norteamericano, John Kerry, busca con intensidad acuerdos mínimos en la cuestión judeo palestina, el nudo gordiano de todo lo que pasa en Oriente Medio.

El reciente acuerdo para la realización del trasvase de agua del mar Rojo al mar Muerto y su desalación entre judíos, jordanos y palestinos, es un primer paso para la solución del problema. Se está buscando denodadamente unos mínimos asumibles por los contendientes para que la situación se estabilice en toda la zona y por primera vez Estados Unidos intentará imponer a ambos contendientes sus propuestas.

Si consiguen este acuerdo entre judíos y palestinos, unido al equilibrio entre los chiíes y sunníes esto permitiría que Estados Unidos relajara su presencia en la zona y centrarse en su objetivo central actual, que es China. En el año 2020, el 65% de la flota norteamericana se dedicará exclusivamente a China.

Indirectamente los norteamericanos apoyan la solución militar adoptada en Egipto, como el mejor garante de sus intereses en la zona. Lo mismo pasará con lo que suceda con Erdogan o sin él, en Turquía, pues en cada instante se buscaran soluciones que no alteren el equilibrio, que se pretende construir actualmente.

 

Rebelión

La sombra del fracaso en Ruanda, 20 años después

Samuel Oakford
IPS


El 11 de enero de 1994, Romeo Dallaire, comandante de la Misión de Asistencia de las Naciones Unidas en Ruanda, envió un fax a la sede del foro mundial en Nueva York para informar que una fuente cercana al gobierno del país africano le había confiado que los tutsis estaban siendo obligados a registrarse en Kigali.

“Él sospecha que es para su exterminio”, escribió Dallaire.

En cinco meses, un millón de ruandeses, en su mayoría tutsis, fueron víctimas de un genocidio meticulosamente planificado y lanzado por extremistas hutu.

Las tensiones étnicas se desataron luego de que el avión en el que viajaba el presidente Juvénal Habyarimana fuera derribado por un misil para impedir que firmara un acuerdo de paz. La autoría del magnicidio no fue aclarada, hasta ahora.

En estos días, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) rememora el sombrío 20 aniversario de lo que muchos consideran su mayor fracaso, una oportunidad para reflexionar sobre el papel de las fuerzas de mantenimiento de paz en el siglo XXI.

“Hace 20 años, la humanidad se vio trastocada”, dijo Dallaire a periodistas el martes 14 en Nueva York. “La comunidad internacional hizo todo lo posible para ignorar a Ruanda. No estaba en su radar, no era de su interés, no tenía valor estratégico”, señaló.

Simon Adams, director ejecutivo del Centro Mundial para la Responsabilidad de Proteger, que participó de la conferencia de prensa junto a Dallaire y al embajador ruandés Eugene-Richard Gasana, opinó que el genocidio en ese país y la “limpieza étnica” en los Balcanes en los años 90 constituyeron un punto de quiebre para la ONU.

Once años después del genocidio, en 2005, la ONU lanzó la iniciativa Responsabilidad de Proteger (R2P), que insta a los estados a resguardar su propia población de asesinatos masivos y exhorta a la comunidad internacional a que tome acciones colectivas para prevenir genocidios.

“Sin la tragedia de Ruanda, no hubiéramos tenido la R2P”, dijo Adams a IPS. “No hay forma de que eso hubiese ocurrido sin el proceso de triste reflexión posterior y el fracaso total de la ONU en 1994”, aseguró.

Sin embargo, en 2009, la ONU fue objeto de duras críticas por no hacer más durante los meses finales de la guerra civil de Sri Lanka, en la que murieron más de 40.000 civiles.

Un informe interno del foro mundial en 2012 se hizo eco de varias investigaciones realizadas en los años 90, indicando que “el fracaso de la ONU a la hora de responder en forma adecuada a los sucesos como los que ocurrieron en Sri Lanka no debe repetirse”.

“Frente a situaciones similares, la ONU debe ser capaz de cumplir estándares mucho más altos en el cumplimiento de sus responsabilidades humanitarias y de protección”, añade.

Ahora las misiones de paz de la ONU priorizan la protección de civiles, y la soberanía ya no tiene precedente cuando estos son atacados.

Hoy se espera que las operaciones de paz, como las últimas intervenciones en Sudán del Sur y en la República Centroafricana, reciban la autorización de usar la fuerza para impedir la muerte de no combatientes.

 

 

Pero la misión de Dallaire no tenía ese mandato.

Un año después de la desastrosa misión en Somalia, los países dudaban si enviar tropas a Ruanda.

Incluso cuando Dallaire pidió a Estados Unidos que interceptara las transmisiones de radio en las que se emitían instrucciones de matar, Washington se negó, temiendo que ello implicara violar la soberanía ruandesa.

“La obligación recae sobre cada estado soberano que conforma la ONU”, subrayó Dallaire.

“Todos los estados soberanos se lavaron las manos, no quisieron involucrarse. Vieron avecinarse otra catástrofe como la de Mogadiscio e hicieron todo el esfuerzo para no involucrarse. Por tanto, no hubo prevención. Hubo palabras, pero no prevención”, detalló.

No solo la ONU ignoró los pedidos de Dallaire, sino que durante lo peor genocidio, cuando cada minuto eran asesinados siete ruandeses, su Consejo de Seguridad votó a favor de reducir 90 por ciento su misión de mantenimiento de paz en ese país africano.

Dallaire y otros varios cientos de soldados recibieron la orden de abandonar Ruanda, pero se negaron. Intentaron desesperadamente proteger a los civiles, pero la matanza superó a los cascos azules, mal equipados.

Apenas tres semanas antes de que los rebeldes tutsi tomaran la capital y terminaran con genocidio, el Consejo de Seguridad finalmente aprobó una intervención francesa, pero los 3.000 soldados de ese país europeo permitieron que los hutu y el grupo paramilitar Interahamwe siguieran en posesión de sus armas.

La búsqueda de los perpetradores del genocidio continúa hasta hoy.

“La historia ha juzgado a la ONU en forma muy severa por su inacción en Ruanda, y debemos aprender las lecciones del pasado”, dijo Adams.

En marzo de 2013, el Consejo de Seguridad autorizó la creación de una Brigada de Intervención, una fuerza de respuesta rápida que controló exitosamente a los rebeldes del Movimiento 23 de Marzo en la República Democrática del Congo.

“La nueva fuerza allí, con capacidad ofensiva, es un significativo progreso respecto de los mandatos (previos) que eran tan restrictivos”, dijo Dallaire.

“El mantenimiento de paz siempre padece de una falta de reacción rápida”, opinó David Curran, conferencista sobre paz y resolución de conflictos en la británica Universidad de Bradford. “Hay una gran necesidad de examinar los conceptos de despliegue rápido”, añadió a IPS.

Curran dijo que los países todavía se quejan de los ambiguos mandatos que reciben las misiones de paz, y muchos estados miembros, sobre todo del Sur en desarrollo, son renuentes a enviar tropas y seguir órdenes del Consejo de Seguridad, cuyos integrantes por lo general aportan pocos soldados, o ninguno.

“Ciertos estados, principalmente del Movimiento de Países No Alineados, se sienten presionados para proveer soldados en situaciones donde hay poca paz que mantener”, dijo Curran.

“Dicen recibir mandatos muy vagos, relativos a la protección de civiles de parte del Consejo de Seguridad, que sin duda tiene una mayoría de estados que no proveen tropas para las operaciones de mantenimiento de paz”, añadió.

 

 


 

   
N°298--24/01/2014