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Soy de la Costa

Escrito por: Guillermo Torija

Costa de Oro. Foto: Juanjo Castel

 

Del Carrasco al Pando, aproximación a una identidad

La más grande del país, fuera de Montevideo. 112 mil habitantes tiene Ciudad de la Costa. Eso quiere decir: Parque Miramar, Barra de Carrasco, City Park, Shangrilá, San José de Carrasco, Lagomar, El Bosque, Solymar, Parque Solymar, Lomas de Solymar, Médanos de Solymar, El Pinar, además de una ristra de barrios (incluyendo privados) que se alinean sobre la ruta 101. ¿Qué los une?

 

¿Existe una identidad en Ciudad de la Costa? Es una pregunta que podría profundizarse hasta cuestionar si –más allá del nomenclátor– la gente siente que vive en una ciudad. Las ideas, emociones, sentimientos y experiencias que despierta vivir allí son bien variadas, pero ya existe al menos una generación nativa, criada allí, que se vincula con ese sitio de manera distinta a los veteranos pobladores, siempre arribados de alguna otra parte.

Los que nacieron y crecieron en el lugar levantan la mano para decir "soy de la Costa", pero la cercanía a Montevideo, la poca oferta de actividades recreativas y el escaso apoyo y planificación cultural de la comuna canaria, dificultan en alguna medida el desarrollo de una subjetividad que empieza a pronunciar "no me quiero ir de acá".

Según manifestó a Brecha la antropóloga Leticia Cannella, que trabaja para la Comisión de Patrimonio de la Intendencia de Canelones (ic), hay que empezar teniendo en cuenta que la identidad cultural de una comunidad no se puede ver como algo estático, sino como movimiento.
Inicialmente la cultura de la zona tenía dos grandes ejes, o incluso un quiebre, un antagonismo: "Del lado sur de la avenida Giannattasio la identidad era el período estival y los asados del fin de semana; del lado norte, estaba relacionada a la faena cotidiana de la chacra. Eran dos mundos".

En los ochenta la urbanización creció aceleradamente; al sur de Giannattasio lo que eran casas de veraneo se convirtieron en residencias permanentes, y del lado norte las chacras de-saparecieron, pasando a albergar a los que huían de la capital y a quienes, necesitando estar cerca, no deseaban vivir en Montevideo. "Ese quiebre que hacía Giannattasio entre playa y chacra desaparece. La identidad del veraneante y el productor rural pierden importancia frente a esas personas que siguen diciendo que son de Montevideo aunque vivan acá. Pero es en esos años que empiezan a gestarse las redes vecinales, las comisiones barriales, la gente se preocupa y se ocupa de lo que pasa en su entorno inmediato y comienza a identificarse con él", señaló Cannella.

Sin embargo, también tiene un pasado y ese pasado también es identidad.
El alcalde del municipio de Ciudad de la Costa, Omar Rodríguez, declaró a Brecha que las ciudades del interior de Canelones tienen una identidad más marcada que la de su alcaldía. "La identidad del pueblo de Tala es su plaza, su iglesia, que tiene toda una mística... la gente de acá no. Si vos me preguntás cuál es hoy la identidad de la Ciudad de la Costa, yo no te lo sé decir".

El alcalde señala que la gente vino de Montevideo, se instaló en el lugar por diversas razones, pero siguió teniendo su vida en la capital. "Estudié para la campaña electoral qué hacía la gente cuando vuelve a la tarde de Montevideo, y es lo siguiente: llegan a la casa y se meten en su mundo, que es escuchar las noticias de lo que pasa donde estuvo un rato antes, en Montevideo. De lo que pasa en Ciudad de la Costa pocos se enteran."

Edelweiss Zahn es parte del proyecto de la Biblioteca Popular de Shangrilá, gestionado por la comisión barrial de esa zona de la Ciudad de la Costa. Contó a Brecha que nació, se crió y vivió –hasta que se casó– en el Cerro. Hace ya más de 15 años que se radicó en Shangrilá y comenzó con el proyecto de la biblioteca, pero aseguró que su identidad "está en el Cerro. Yo no sé si me siento 'costeña', por ahí sí, no lo sé".

Pero también dijo que "nosotros estamos trabajando con gurises del liceo de Shangrilá, y a los que terminan el ciclo básico les cuesta horrores irse. Tienen que ir al liceo de Solymar o a Montevideo". Así, "en los jóvenes, por ahí, ya se empieza a ver una identidad, pero en la gente mayor no".
Algo similar expresó el cantautor Abel García, uno de los tantos norteños que prefirieron afincarse en la zona.

Vivió más de 30 años en Solymar, hoy reside en Santa Lucía del Este, y dice: "Los veteranos, por haber sido los que se mudaron, los que fueron construyendo y creando su hogar ahí, no tienen tanto sentido de pertenencia ni están tan arraigados al lugar como sus propios hijos. Mis hijas se sienten de Ciudad de la Costa. Tienen su barra de amigos, se identifican con el lugar, tienen su plaza donde juntarse, van a la playa en Fin de Año y prenden una fogata. Eso no lo tiene nadie en Montevideo".
E

l alcalde, como el resto de los entrevistados, también percibe en los jóvenes un cambio en cuanto a su perspectiva identitaria. "Dando una charla sobre descentralización para los chiquilines del liceo, me dijeron: 'pero nosotros sí somos de acá, somos auténticos. Fuimos al jardín, a la escuela y hacemos el liceo acá; nos vamos a ir cuando tengamos que ir a la universidad'. Eso es una gran verdad", reflexionó Rodríguez.

En relación con la brecha generacional, Cannella entiende el segundo cambio de eje identitario. Para la antropóloga, la gente con más de 30 años de asentada en la zona tiene como primera relación con el territorio su tiempo "idealizado" de las vacaciones. La persona trabaja en Montevideo, pero cuando llega a su entorno "siente estar de vacaciones".

Advierte que "las generaciones más jóvenes, de los 35 años para abajo, tienen otra relación con el territorio, porque crecen acá y recién empiezan a ir a Montevideo cuando comienzan a trabajar o a cursar estudios terciarios. En ese momento la relación de identidad con la Ciudad pasa de ser idealizada en tanto paisaje y playa a ser el lugar que habito, el que quiero y elijo para quedarme a criar a mis hijos".

Se siente. Ir pegándole a la guinda hasta llegar al picadito de pies descalzos en las calles de tosca, con cuatro chancletas, piedras o pedazos de bloque oficiando de arcos, que se interrumpe por el "pará que viene un auto". O consolarse con un "fulbito", estar atento al atardecer y esperar a la noche para hacer un fogón y que empiece la guitarreada...

En invierno, caminar quilómetros con la banda de amigos para ir a un cumpleaños, cantando y tomando alguna espirituosa para calentar el cuerpo. Recorrer media ciudad en bici para ir a un toque. Eso es la Costa, dicen muchos.

"Me encontré con un gurí de unos 20 años que se fue a vivir a Malvín, pero cuando se junta con los amigos siempre viene a Solymar. Me dijo: 'vivo en Malvín porque mis viejos se mudaron para ahí, pero mi barrio, mi lugar, es Solymar'", apuntó Abel García.

Kamilo Fulchi tiene 25 años y es músico. Es cantante de Karma Mankaya, una de las bandas más influyentes de la movida reggae del país, y junto con su madre, Valeria Duarte, son organizadores desde hace más de cinco años de uno de los festivales costeros más identificables, el Costa Re-ggae. Afirma que "la gente de mi generación en adelante, o sea los más nuevos, somos 'camiseteros'. Somos hinchas de la Costa. La Ciudad se enriquece y crece de a poco en todos los ámbitos. Tuvimos una miss Uruguay, tenemos dos campeones del rap uruguayo.

(Luis) Suárez no es de acá, pero su mujer sí. Creo que cada vez se forma más esa identidad o ese orgullo de decir 'soy de la Costa'".

ES LA CULTURA, ANIMAL.

Al unificar una franja balnearia lineal de 16 quilómetros y nombrarla ciudad, sin un centro físico determinado, la administración asumió un riesgo. La atomización balnearia no reflejaba un sentimiento de ciudad, más allá de que la infraestructura urbana montada y el incremento de la población hacían inevitable el título.

"Hemos ido construyendo algunos íconos, sobre todo en lo que respecta a expresiones culturales artísticas, y estamos convencidos de que la construcción del Centro Cívico Costa Urbana, y el aprovechamiento de su hall central para las exposiciones, aporta a la identidad de la ciudad", sostuvo el alcalde. Sin embargo, hay miradas que se sorprenden de que una ciudad de más de 112 mil habitantes posea sólo cuatro salas de cine y una de teatro, nucleadas en un centro comercial privado, y se preguntan hasta dónde la comuna ha hecho lo suficiente.
"Nuestro proyecto surgió porque de Montevideo a Salinas no existe una biblioteca municipal, y hay una población muy lectora, pero el apoyo económico que tenemos es –básicamente– de la gente. La Comuna Canaria colaboró al final, antes de la inauguración de la biblioteca, con una partida de 90 mil pesos, en un proyecto de 2 millones.

El Ministerio de Educación y Cultura (mec) apoyó con partidas para los dos espectáculos de Larbanois-Carrero, lo que significó 100 mil pesos. En ese sentido hay algún apoyo. Pero hay un déficit en el desarrollo cultural público", sentenció Zahn.

Para Abel García la deuda más grande que tiene la ic con la gente atañe a la parte cultural, y graficó:"más grande que la deuda externa". "Acá falta un gran proyecto cultural, que sea más horizontal, no tan vertical como hace el mec con los Fondos Concursables. Se presentan 500 bandas y de esas salen sólo dos o tres. ¿Y qué hace el resto? ¿Esperan al año que viene? La cosa no pasa por que compitamos a ver quién gana el primer premio y se lleva una guita para hacer un disco, para hacer una gira, sino generar condiciones para que todos puedan mostrar lo que hacen, en una plaza, en un parque, en un teatro o donde sea. Eso no hay", manifestó a Brecha
El municipio y la ic apoyan en algún punto los festivales más concurridos. El desfile de Llamadas es organizado por el municipio, y al Costa Reggae y La Fiesta de la Luz – festival de bandas organizado por el Espacio Cultural La Akademia de Solymar– se les brinda apoyo con equipos y escenario. Pero la ciudad sigue sin un centro cultural público con un espacio para música, artes visuales, danza o teatro, y sin un apoyo real a los emprendedores de proyectos populares como la biblioteca de Shangrilá.

Además, a medida que crecen las apuestas crecen las tensiones. La ic apunta a intervenir el parque Roosevelt para dar lugar a varios proyectos privados, entre ellos un parque de diversiones adjudicado por licitación a la empresa Blue-Park. "Está proyectado que el Roosevelt sea un parque metropolitano", sostiene el alcalde.

Pero dice que para lograrlo "tenés que comerle la cabeza a mucha gente que porque sacaste tres pinos hace un escándalo, cuando el otro día los pinos se caían solos por el viento". E introduce otros motivos de polémica: "Ahora se está haciendo un parque de diversiones, para mí está fabuloso. Si no lo hacen los privados, ni la Intendencia ni ningún ministerio lo pueden hacer porque hay que invertir muchísimo".

La comunidad también pone ideas sobre la mesa. Valeria Duarte presentó un proyecto al concurso Realizar, organizado por todos los municipios del país: construir un anfiteatro en la rivera del arroyo Pando en El Pinar.

El proyecto fue aprobado, pero las resistencias saltan como llaves de corte. "Salió, o sea lo van a realizar. El problema ahora es que hay una elite de El Pinar que está trancando todo, gente de guita metiendo peso. A veces pasa eso, hay algunas mentes pequeñas que intentan destruir lo que otros quieren crear. Ojalá salga todo bien, pero nunca se sabe. Ese anfiteatro también sumaría mucho a la identidad de la Costa", sostiene Fulchi.

La comisión barrial de Shangrilá tiene su propio proyecto de anfiteatro, e incluye pista de atletismo, ya que la Ciudad no cuenta con ninguna. Esas expresiones comunitarias nos permiten entrever emprendimientos que en el futuro serán espacios colectivos para el arte y la expresión cultural.

Sin dudas es una forma de buscar esa raíz identitaria que los jóvenes expresan a diario en las calles de la Costa. Grafiteros, raperos, músicos y deportistas que intercambian ideas, miradas y acordes. Las iniciativas comunitarias, a base de esfuerzo, generan espacios con identidad propia, aprovechables para las personas. Las autoridades pueden comprenderlo y compartir ese camino de búsqueda comunal de identidad y espacio.

Fuente: http://brecha.com.uy/
 

 

 

 

       

 

 

  

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N°308--4/4/2014