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La tarde más triste de los seguidores de Pedro Lemebel: Por qué no ganó el Nacional de Literatura

  • Publicado por:
  • •   22 de agosto de 2014 a las 21:10 pm

Jurado explica por qué el candidato con más apoyo popular y el favorito de los escritores se quedó sin el esperado reconocimiento.

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Eran las seis de la tarde, las redes sociales ardían y el Ministerio de Educación cerrado, figuraba rodeado de vallas papales. Adentro, los periodistas esperaban expectantes el resultado de los Premios Nacionales, donde las otras categorías parecían no importar, pasaban desapercibidas como antesala del que despertaba todo el interés: El premio Nacional de Literatura. Todo luego de que el escritor Pedro Lemebel apareció dentro de los últimos nominados y rápidamente repuntó como uno de los favoritos por sobre los otros candidatos (Germán Marín, Antonio, Poli Délano, Jorge Guzmán y Patricio Manns).

El jurado encabezado por el ministro de Educación Nicolás Eyzaguirre, estaba integrado por Ennio Vivaldi (rector de la Universidad de Chile), Jaime Espinosa (rector de la Umce), Pedro Lastra (por la Academia Chilena de la Lengua) y Óscar Hahn (último premiado).

Tras la espera y pasada las seis y media de la tarde, se conoció el resultado del ganador. Apenas se mencionó el nombre de Skármeta, comenzó el incendio en las redes sociales. Fue hasta el propio Lemebel quien publicó en su cuenta personal de Twitter un encendido mensaje. “Y los premios nacionales, hay que recibirlos y soportar su fetidez oficial. En esta contienda de machos literatosos”. Horas antes había publicada una carta en la cuenta de Facebook (“Pedro Lemebel, premio nacional 2014”), como el preludio de la derrota.

Para muchos fue una sorpresa, porque el cronista contaba el apoyo popular y de sus pares en una campaña que inició Sergio Parra, dueño de la librería Metales Pesados. Más allá de las especulaciones, hace unos días Lemebel obtuvo el espaldarazo de la mayoría de los escritores por sobre los otros candidatos que fueron postulados. A este reconocimiento, también se sumaron las cartas de universidades extranjeras y 900 firmas que se entregaron al Mineduc.

Cansados tras la deliberación, aún con sus notas en la mano, los poetas y ensayistas Óscar Hahn y Pedro Lastra conversaron con El Dínamo sobre las razones que pesaron para entregar el galardón al escritor Antonio Skármeta.

Oscar Hahn. “Lo que pasa este premio es decidido por un jurado, no por la cantidad de personas, se puede tener 700 mil firmas y eso da lo mismo, transformar esto en una especie de campaña no funciona a menos que el candidato por sí solo, sin ese apoyo, se imponga. De hecho cuando me presentaron el 2012, no presenté ninguna firma, cero, ninguna. La ley especifica claramente quién es el jurado y que se dirime por mayoría quien es el ganador o ganadora, lo que pase afuera no tiene ningún significado. El galardón para Skármeta tiene que ver con su presencia internacional, que quizás en Chile no se percibe muy bien, pero la gente que vivió fuera sabe que en Chile Antonio Skármeta es uno de los autores más reconocidos. Su obra ha estado presente en otros medios como el cine con la película “Il Postino” sobre Neruda, en otro ejemplo, la película “No” está basada en un texto suyo, tiene mucha llegada afuera y no solamente en el medio literario”.

Respecto a la polémica que desató la decisión, agregó. “La gente nunca está satisfecha, eso es inevitable”.

Pedro Lastra: “Esta deliberación se dio con el más alto profesionalismo, con claridad, una reunión muy valiosa; en el jurado había un acuerdo bastante general sobre nuestras apreciaciones de los distintos candidatos, se revisó la obra de cada una de ellos, se tomaron notas sobre el material, hubo un carácter muy profesional, este año, sumado al interés bastante grande que se generó y espero que eso continúe

Sobre cómo Antonio Skármeta se impuso para el galardón por sobre la obra de Pedro Lemebel, comentó: “Como la ley dice a este premio no se postula, es un error pensar que tenían que enviarse postulaciones. El jurado puede elegir soberanamente los candidatos meritorios, por eso Oscar (Hahn) propuso a Diamela Eltit que se había retirado, yo propuse entre los nombres al escritor Gonzalo Contreras, no es necesario que haya una postulación sino un juicio fundado y de valoración de una obra que nos importa. El respaldo popular no, porque esto no es una votación o elección política, de amigos o partidarios, son los textos, la obra los que tienen que imponerse y hablar sobre sí mismos. Este fue un consenso de los méritos que justificaban este premio plenamente”.



Fuente: El Dínamo http://www.eldinamo.cl/2014/08/22/pedro-lemebel-premio-nacional-literatura/
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La tarde más triste de los seguidores de Pedro Lemebel: Por qué no ganó el Nacional de Literatura

Jurado explica por qué el candidato con más apoyo popular y el favorito de los escritores se quedó sin el esperado reconocimiento.

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Eran las seis de la tarde, las redes sociales ardían y el Ministerio de Educación cerrado, figuraba rodeado de vallas papales. Adentro, los periodistas esperaban expectantes el resultado de los Premios Nacionales, donde las otras categorías parecían no importar, pasaban desapercibidas como antesala del que despertaba todo el interés: El premio Nacional de Literatura. Todo luego de que el escritor Pedro Lemebel apareció dentro de los últimos nominados y rápidamente repuntó como uno de los favoritos por sobre los otros candidatos (Germán Marín, Antonio, Poli Délano, Jorge Guzmán y Patricio Manns).

El jurado encabezado por el ministro de Educación Nicolás Eyzaguirre, estaba integrado por Ennio Vivaldi (rector de la Universidad de Chile), Jaime Espinosa (rector de la Umce), Pedro Lastra (por la Academia Chilena de la Lengua) y Óscar Hahn (último premiado).

Tras la espera y pasada las seis y media de la tarde, se conoció el resultado del ganador. Apenas se mencionó el nombre de Skármeta, comenzó el incendio en las redes sociales. Fue hasta el propio Lemebel quien publicó en su cuenta personal de Twitter un encendido mensaje. “Y los premios nacionales, hay que recibirlos y soportar su fetidez oficial. En esta contienda de machos literatosos”. Horas antes había publicada una carta en la cuenta de Facebook (“Pedro Lemebel, premio nacional 2014”), como el preludio de la derrota.

Para muchos fue una sorpresa, porque el cronista contaba el apoyo popular y de sus pares en una campaña que inició Sergio Parra, dueño de la librería Metales Pesados. Más allá de las especulaciones, hace unos días Lemebel obtuvo el espaldarazo de la mayoría de los escritores por sobre los otros candidatos que fueron postulados. A este reconocimiento, también se sumaron las cartas de universidades extranjeras y 900 firmas que se entregaron al Mineduc.

Cansados tras la deliberación, aún con sus notas en la mano, los poetas y ensayistas Óscar Hahn y Pedro Lastra conversaron con El Dínamo sobre las razones que pesaron para entregar el galardón al escritor Antonio Skármeta.

Oscar Hahn. “Lo que pasa este premio es decidido por un jurado, no por la cantidad de personas, se puede tener 700 mil firmas y eso da lo mismo, transformar esto en una especie de campaña no funciona a menos que el candidato por sí solo, sin ese apoyo, se imponga. De hecho cuando me presentaron el 2012, no presenté ninguna firma, cero, ninguna. La ley especifica claramente quién es el jurado y que se dirime por mayoría quien es el ganador o ganadora, lo que pase afuera no tiene ningún significado. El galardón para Skármeta tiene que ver con su presencia internacional, que quizás en Chile no se percibe muy bien, pero la gente que vivió fuera sabe que en Chile Antonio Skármeta es uno de los autores más reconocidos. Su obra ha estado presente en otros medios como el cine con la película “Il Postino” sobre Neruda, en otro ejemplo, la película “No” está basada en un texto suyo, tiene mucha llegada afuera y no solamente en el medio literario”.

Respecto a la polémica que desató la decisión, agregó. “La gente nunca está satisfecha, eso es inevitable”.

Pedro Lastra: “Esta deliberación se dio con el más alto profesionalismo, con claridad, una reunión muy valiosa; en el jurado había un acuerdo bastante general sobre nuestras apreciaciones de los distintos candidatos, se revisó la obra de cada una de ellos, se tomaron notas sobre el material, hubo un carácter muy profesional, este año, sumado al interés bastante grande que se generó y espero que eso continúe

Sobre cómo Antonio Skármeta se impuso para el galardón por sobre la obra de Pedro Lemebel, comentó: “Como la ley dice a este premio no se postula, es un error pensar que tenían que enviarse postulaciones. El jurado puede elegir soberanamente los candidatos meritorios, por eso Oscar (Hahn) propuso a Diamela Eltit que se había retirado, yo propuse entre los nombres al escritor Gonzalo Contreras, no es necesario que haya una postulación sino un juicio fundado y de valoración de una obra que nos importa. El respaldo popular no, porque esto no es una votación o elección política, de amigos o partidarios, son los textos, la obra los que tienen que imponerse y hablar sobre sí mismos. Este fue un consenso de los méritos que justificaban este premio plenamente”.



Fuente: El Dínamo http://www.eldinamo.cl/2014/08/22/pedro-lemebel-premio-nacional-literatura/

Uruguay

A la altura de los sueños

SURda

Opinión

La diaria

 

Ciudad Ocre / La calle Fernández Crespo.

Si las calles fueran relaciones o amores, podría decir que Fernández Crespo fue la novia más fea que tuve, aunque nuestra relación simbiótica (sobre ella viví) duró cuatro años. Una novia travesti y sin cambio de identidad registral, porque su nombre de pila es Daniel.

Su principio (si convenimos que 18 de Julio puede ser un principio) está inaugurado por el gran sueño uruguayo: el famoso banco que siempre prometió la casa propia a costa de una vida en cuotas. Un sueño que cada gobierno renueva con un banco diletante, mientras pagamos alquileres de Europa y en Montevideo hay alrededor de 50.000 casas vacías, herencia para los gusanos.

Un cuento viejo como el de la jubilación digna y los abuelitos contentos que nos muestra el gran cartel del Banco de Previsión Social, que nos sugiere tiernamente que los llamemos como queramos (Nono, Abu, Tata) pero que los llamemos, que los acompañemos en su soledad. Mejor sería, pienso yo, que todos esos viejos que fueron jóvenes y agacharon el lomo (alrededor de 100.000), y que no necesitan que los traten de ñoños, cobrasen bastante más que los 6.170 pesos de jubilación mínima que percibirán en octubre.

No me gusta hablar de estadísticas ni de números cuando de la ciudad se trata, pero en este país de primera no viene mal pesar el liviano monedero de esa señora que camina agarrada de sí misma, que viste esa pollera desde sus años mozos, que sólo Dios sabe cómo hace para comprarles regalos a sus nietos.

Enfrente están los también famosos techitos verdes con ropa working class design (nombrémonos en inglés, muchachos, que le quita dramatismo al asunto y nos coloca de lleno en la posmodernidad) y unos metros más allá, los restos de lo que fue otra feria de ropa para la clase obrera y la media, que ahora se convirtió en una estructura edilicia más fuerte, con decenas de cubículos que al menos, pienso, protegen un poco más a los trabajadores de la crueldad de este frío y de la maldad de los soles de enero (siempre que no sean de esos techos de chapa que sudan).

Es cierto: ésta y cada una de las decenas de máscaras de cierta montevideanez (permítanme la expresión) no encarnan en sí mismas el atributo de la fealdad. Es otra cosa, algo que uno va percibiendo y se va colando de a poco, a medida que toca a mi ex novia Daniel. Pero las más feas también tienen derecho a bailar y siempre hay un roto para un descosido. O, también, ¿quién dijo que los feos no pueden ser atractivos?

Entonces no es estrictamente la fealdad lo que define a Fernández Crespo, sino más bien la mezcla entre declaraciones e íconos con las imágenes de lo real, descarnadas: esa casa destruida que antes fue un palacete y de la que ahora salen los aullidos de niños llorones, los marginados prepotentes y orgullosos (el "lumpenproletariado" le decíamos antes, muchísimo antes), la jovencísima mujer embarazada pero de rostro más viejo que la casa vieja a la que cuatro hijos ya nacidos, uno al hilo del otro, le piden, le gritan, le exigen.

Enfrente, igual, uno puede comerse los bizcochos rellenos de jamón y queso más suaves y deliciosos de todo Montevideo, aunque más adelante un Disco enorme tiente con ofertas chinas y su clásico “bajo la carne”, aunque la carne siempre suba. Si lo dejaran así para siempre, sin tilde, es el nombre perfecto para una película bien erótica de Pedro Almodóvar o un poema mortuorio que algún día me gustaría escribir (“Bajo la carne estos huesos, / este esqueleto inmundo / que ya en mi tumba / nada le dirá a nadie”).

Y al lado, del Disco o de la carne, los recuerdos, que a veces son la misma cosa. Allí nomás, un hogar estudiantil de los tantos que hay en Montevideo, con la peculiaridad de que es en el que dormí por muchos años, amuchado en una pieza minúscula con cinco varones más, con horarios de entrada y de salida, fingiendo que me gustaba el Derecho; decenas de canaritos vigilados en todo por la concepción represora de ese hombre sin escrúpulos que comanda el departamento de San José desde hace por lo menos 30 años. No vaya a ser cosa que los canarios portadores de morales y costumbres blancas (supuestos representantes en la capital de toda esa bobada gaucha) se encontrasen con las verdaderas luces malas, los demonios, su perversión.

En fin, eso es el pasado, y que cada cual encuentre su liberación como pueda: lo cierto es que yo me las ingenié para meter amantes callejeros a escondidas por la ventana, cogí en la terraza, en los cuartos de las mujeres, en los baños, con otros canarios y canarias del mismo hogar, con propios y extraños. Ésa fue mi venganza y mi placer, blancos represores.

Ahora debemos seguir caminando (cada cual con sus pesos) y registrar todo lo que nos sea posible, para elegir lo que nos conviene o simplemente decir no. O creer, o rezar, o maldecir por esa calle que contiene 1.000 formas de la fe.

De las santerías salen y entran hombres y mujeres cargados de velas y esperanzas; en un refugio nocturno, algunos hacen una cola en la calle, esperando (esperanza) un plato de comida caliente y una cama por esta noche; las sedes del Comité Central del Partido Comunista y del Partido Bolchevique del Uruguay no sé a quién esperan (o convocan) con sus hoces, martillos y la fea caricatura de Lenin; el boliche gay Caín espera por las noches de los fines de semana a buena parte de los hijos del matrimonio igualitario (de poses al infinito pero desesperados de amor); la calle Nueva York (perdonen la digresión), cubierta de árboles, invita al sosiego; un grupo de anarcos sostiene un proyecto cultural, La Solidaria, que con la sola inscripción en la puerta (“Mano abierta al compañero, puño cerrado al enemigo”) auspicia mi ser huraño.

Que Dios, Bakunin y los anarcos uruguayos me perdonen, pero a veces toda sus libertades innegociables y vociferadas y todos sus combates discursivos se parecen demasiado a un eslogan publicitario, un panfleto o a una simple declaración de principios. No sé, otro día capaz que entro y logro que me conmueva algún anarco silencioso y sin verdades acabadas.

Además, cada cual hace su juego, busca lo suyo, encuentra su tribu, se defiende como puede. Ya sabemos: éste es el país en el que todo se formaliza, regulariza, el país de los trabajadores bajo una nomenclatura o una sigla. Me resulta conmovedora esa Asociación de Tortafriteros del Uruguay, evidentemente una asociación modesta enclavada en una casa pobre.

Más que conmovedor me resulta exquisito, como las mismísimas tortas fritas que engullo, como cliente fijo y fiel, cada vez que puedo, en cualquier punto de la ciudad. Y cerca, otra vez, lo extremo justo frente a un liceo: una sucesión de casas derruidas y miseria, ropa colgada sobre la calle, perros sarnosos, niños sucios, sillones hechos jirones sobre la vereda, túneles oscuros donde vive gente, gente, gente. Alguien inmensamente grande viene en mi auxilio (por estos días no ando leyendo programas electorales con promesas para futuros gobiernos):

“En el gran abandono lánguido que rodea la ciudad, allí donde la mentira de su lujo va a chorrear y acabar en podredumbre, la ciudad muestra a quien lo quiera ver su gran trasero de cubos de basura”, escribió Céline en Viaje al fin de la noche.

Es cierto también que hay momentos, instancias o atmósferas que pueden salvar a una calle, a un país o a un individuo de tanto sueño, ideología, miseria, fealdad o nihilismo: a la belleza aplacada de la feria de Tristán Narvaja los domingos, que se codea luminosamente con Fernández Crespo, no hay con qué darle. Ilumina, sosiega, nos vuelve transeúntes sin discurso.

Ese discurso que se repite desde el comienzo de los tiempos y que encuentra su paraíso y su destino (y la gran estafa) en la imagen que cierra el recorrido: exuberante y opulento, distante, el Palacio Legislativo intenta convencernos o seducirnos desde siempre con eso otro gran sueño.

Principio y final de todo: los sueños de la casa propia y el de la democracia perfectamente representativa están carísimos. En el medio y por los costados, la vida que todo lo fisura.

Apegé

Fuentes:http://ladiaria.com.uy/articulo/2014/8/a-la-altura-de-los-suenos/  http://www.surda.se

 

 
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N°325--29/08/2014