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La Gran Transición hacia una nueva civilización

05/05/2015
Opinión

Introducción

Una propuesta alternativa al neoliberalismo es más estratégica en la medida en que enfoca la contradicción fundamental en la racionalidad existente. Para orientar la racionalidad alternativa a largo plazo, se requiere que la contradicción fundamental se haga visible. Ello se traduce en la incapacidad de desarrollar las fuerzas productivas bajo las relaciones de producción existentes. En la racionalidad económica actual, el capitalismo ha llegado al momento histórico en que es imposible re-vincular la inversión con la producción en forma rentable. En otras palabras, bajo la racionalidad económica y las relaciones sociales de producción existentes, ya no es posible un mayor desarrollo de las fuerzas productivas. Esta contradicción se torna cada vez más visible en la actualidad ante el frustrado proceso de solucionarlo.

Límites en la obsolescencia programada de la tecnología

La transnacionalización del capital a partir del llamado ‘outsourcing’ no se dio tanto debido al aumento en el costo de la fuerza de trabajo, como suelen plantearlo las tesis neoliberales. La obsolescencia programada de la tecnología empleada en las empresas ha contribuido más al proceso de outsourcing que el propio aumento en el costo de la fuerza laboral. El discurso neoliberal solo habla del elevado costo laboral ya que no conviene señalar el otro. Para poder ´sobrevivir´ en la competencia, el capital acorta la vida media útil del capital fijo (esencialmente edificios y maquinaria) que emplea en sus empresas para poder obtener así la tecnología de punta del momento. La tendencia anterior ha dado un enorme impulso al capital productivo en la posguerra así como a los inventos tecnológicos. Sin embargo, hacia fines de los años sesenta y principos de los setenta la sustitución tecnológica ha llegado al límite posible para aumentar la tasa de ganancia en Occidente. La vida media útil del capital fijo se redujo tanto que el costo tecnológico por transferir al producto (o servicio) ya no es compensado por la reducción en el costo laboral al emplear esa nueva tecnología. La capacidad de reemplazo tecnológico (el desarrollo de las fuerzas productivas) se torna un estorbo para aumentar la tasa de ganancia, es decir, para la propia relación de producción vigente.

 

Es a partir de ese momento que termina, en nuestra opinión, la era de las crisis cíclicas del capitalismo e inicia un capitalismo sin posibilidad de generar un nuevo ciclo. Este fenómeno dio sus primeros síntomas en EEUU. A principios de los años setenta,la baja de la tasa de ganancia se dio también en Europa atribuida erroneamente a la crisis del petróleo. Es a partir de entonces en Occidente que el capital tiende a la financierización de la economía evitando el factor trabajo. No era aún el caso de Japón. Acortar la vida media útil de la tecnología era política oficial en Japón en los años setenta y ochenta. La meta fue alcanzar una posición de vanguardia en materia tecnológica. El país efectivamente llegó a ser campeón mundial en reemplazar capital fijo ‘viejo’ por otro más ‘moderno’. Durante los años ochenta Japón fue considerado ‘el milagro económico’ que iba a conquistar el mundo. La realidad fue que la tasa de ganancia bajó aún más de prisa que en Occidente dejando al país en una recesión de la cuál aún hoy no ha salido. El Estado japonés ha buscado inyectar en la economía endeudándose a lo interno como ningún otro y acumula actualmente una deuda soberana equivalente al 500% de su PIB. Existía la esperanza que tarde o temprano llegara un nuevo ciclo económico. Japón sufre una recesión tras otra. La recuperación no ha llegado ni llegará.

Límites de una renta monopólica sobre el conocimiento

Acortar la vida media útil de la tecnología fomenta entonces una baja en la tasa de ganancia. A partir de los años ochenta en Occidente el capital procura evitar bajar la vida útil de la tecnología mediante toda clase de patentes. El ‘outsourcing’ de capital productivo hacia países periféricos se ve acompañado de toda clase de monopolios basados sobre los derechos de propiedad intelectual. El desarrollo de y el monopolio sobre el conocimiento se concentraba en la casa matriz de las transnacionales. Este monopolio junto con el bajo costo de la fuerza de trabajo en los países emergentes debía evitar la baja de la tasa de ganancia en la economía real.

 

Patentar el conocimiento significa vivir de la renta monopólica sobre el conocimiento. Es una forma parasitaria y temporal de realizar una renta improductiva propio a una fase senil del capitalismo. A mediano plazo también, la política de patentes no garantiza una tendencia al re-alce de la tasa de ganancia. Cada vez más patentes suelen tener aplicación alguna en el ámbito productivo. En tanto que los costos de Investigación y Desarrollo suelen a incrementarse sin encadenarse con el ámbito productivo, estas inversiones se tornan improductivas. Con ello cada vez más costos de Investigación y Desarrollo han de ser transferidos al producto o servicio, acentuando más bien la tendencial caída de la tasa de ganancia transnacional. Las innovaciones y la economía de conocimiento pueden desarrollarse más en los países centrales, pero las innovaciones aplicables al proceso productivo suelen desarrollarse cada vez más en los lugares donde se encuentran las plantas productivas, es decir en los países emergentes y en primer lugar China. La renta monopólica sobre el conocimiento, entonces, tampoco tendrá un carácter duradero.

 

La política de patentes en cada vez más áreas productivas junto con el ‘outsourcing’ hacia China ha brindado una solución durante varias décadas. La contradicción básica no solo no se ha resuelto en los países centrales sino que más bien esta contradicción tiende a mundializarse, pues, al generalizarse el sistema de patentes en más sectores y países emergentes, la contradicción se torna cada vez más global. En la actualidad los BRICS como conjunto se vislumbran como paises emergentes y China como el nuevo ´milagro económico´. La expectativa colectiva era, y para muchos sigue siendo, que el país, como actual taller del mundo, triunfará como el nuevo líder mundial capitalista. De acuerdo con las estadísticas oficiales, la tasa de inversión de China se acerca al 50% del PIB. No es posible colocar ese capital fijo solo en la ampliación y diversificación de la economía real. Las nuevas inversiones se orientan, entre otras cosas, cada vez más al reemplazo de capital fijo (tecnología y edificios) obsoleto por otro más moderna.

- See more at: http://www.alainet.org/es/articulo/169411#sthash.WGem8wYc.dpuf

La Gran Transición hacia una nueva civilización

05/05/2015
Opinión

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Una propuesta alternativa al neoliberalismo es más estratégica en la medida en que enfoca la contradicción fundamental en la racionalidad existente. Para orientar la racionalidad alternativa a largo plazo, se requiere que la contradicción fundamental se haga visible. Ello se traduce en la incapacidad de desarrollar las fuerzas productivas bajo las relaciones de producción existentes. En la racionalidad económica actual, el capitalismo ha llegado al momento histórico en que es imposible re-vincular la inversión con la producción en forma rentable. En otras palabras, bajo la racionalidad económica y las relaciones sociales de producción existentes, ya no es posible un mayor desarrollo de las fuerzas productivas. Esta contradicción se torna cada vez más visible en la actualidad ante el frustrado proceso de solucionarlo.

Límites en la obsolescencia programada de la tecnología

La transnacionalización del capital a partir del llamado ‘outsourcing’ no se dio tanto debido al aumento en el costo de la fuerza de trabajo, como suelen plantearlo las tesis neoliberales. La obsolescencia programada de la tecnología empleada en las empresas ha contribuido más al proceso de outsourcing que el propio aumento en el costo de la fuerza laboral. El discurso neoliberal solo habla del elevado costo laboral ya que no conviene señalar el otro. Para poder ´sobrevivir´ en la competencia, el capital acorta la vida media útil del capital fijo (esencialmente edificios y maquinaria) que emplea en sus empresas para poder obtener así la tecnología de punta del momento. La tendencia anterior ha dado un enorme impulso al capital productivo en la posguerra así como a los inventos tecnológicos. Sin embargo, hacia fines de los años sesenta y principos de los setenta la sustitución tecnológica ha llegado al límite posible para aumentar la tasa de ganancia en Occidente. La vida media útil del capital fijo se redujo tanto que el costo tecnológico por transferir al producto (o servicio) ya no es compensado por la reducción en el costo laboral al emplear esa nueva tecnología. La capacidad de reemplazo tecnológico (el desarrollo de las fuerzas productivas) se torna un estorbo para aumentar la tasa de ganancia, es decir, para la propia relación de producción vigente.

 

Es a partir de ese momento que termina, en nuestra opinión, la era de las crisis cíclicas del capitalismo e inicia un capitalismo sin posibilidad de generar un nuevo ciclo. Este fenómeno dio sus primeros síntomas en EEUU. A principios de los años setenta,la baja de la tasa de ganancia se dio también en Europa atribuida erroneamente a la crisis del petróleo. Es a partir de entonces en Occidente que el capital tiende a la financierización de la economía evitando el factor trabajo. No era aún el caso de Japón. Acortar la vida media útil de la tecnología era política oficial en Japón en los años setenta y ochenta. La meta fue alcanzar una posición de vanguardia en materia tecnológica. El país efectivamente llegó a ser campeón mundial en reemplazar capital fijo ‘viejo’ por otro más ‘moderno’. Durante los años ochenta Japón fue considerado ‘el milagro económico’ que iba a conquistar el mundo. La realidad fue que la tasa de ganancia bajó aún más de prisa que en Occidente dejando al país en una recesión de la cuál aún hoy no ha salido. El Estado japonés ha buscado inyectar en la economía endeudándose a lo interno como ningún otro y acumula actualmente una deuda soberana equivalente al 500% de su PIB. Existía la esperanza que tarde o temprano llegara un nuevo ciclo económico. Japón sufre una recesión tras otra. La recuperación no ha llegado ni llegará.

Límites de una renta monopólica sobre el conocimiento

Acortar la vida media útil de la tecnología fomenta entonces una baja en la tasa de ganancia. A partir de los años ochenta en Occidente el capital procura evitar bajar la vida útil de la tecnología mediante toda clase de patentes. El ‘outsourcing’ de capital productivo hacia países periféricos se ve acompañado de toda clase de monopolios basados sobre los derechos de propiedad intelectual. El desarrollo de y el monopolio sobre el conocimiento se concentraba en la casa matriz de las transnacionales. Este monopolio junto con el bajo costo de la fuerza de trabajo en los países emergentes debía evitar la baja de la tasa de ganancia en la economía real.

 

Patentar el conocimiento significa vivir de la renta monopólica sobre el conocimiento. Es una forma parasitaria y temporal de realizar una renta improductiva propio a una fase senil del capitalismo. A mediano plazo también, la política de patentes no garantiza una tendencia al re-alce de la tasa de ganancia. Cada vez más patentes suelen tener aplicación alguna en el ámbito productivo. En tanto que los costos de Investigación y Desarrollo suelen a incrementarse sin encadenarse con el ámbito productivo, estas inversiones se tornan improductivas. Con ello cada vez más costos de Investigación y Desarrollo han de ser transferidos al producto o servicio, acentuando más bien la tendencial caída de la tasa de ganancia transnacional. Las innovaciones y la economía de conocimiento pueden desarrollarse más en los países centrales, pero las innovaciones aplicables al proceso productivo suelen desarrollarse cada vez más en los lugares donde se encuentran las plantas productivas, es decir en los países emergentes y en primer lugar China. La renta monopólica sobre el conocimiento, entonces, tampoco tendrá un carácter duradero.

 

La política de patentes en cada vez más áreas productivas junto con el ‘outsourcing’ hacia China ha brindado una solución durante varias décadas. La contradicción básica no solo no se ha resuelto en los países centrales sino que más bien esta contradicción tiende a mundializarse, pues, al generalizarse el sistema de patentes en más sectores y países emergentes, la contradicción se torna cada vez más global. En la actualidad los BRICS como conjunto se vislumbran como paises emergentes y China como el nuevo ´milagro económico´. La expectativa colectiva era, y para muchos sigue siendo, que el país, como actual taller del mundo, triunfará como el nuevo líder mundial capitalista. De acuerdo con las estadísticas oficiales, la tasa de inversión de China se acerca al 50% del PIB. No es posible colocar ese capital fijo solo en la ampliación y diversificación de la economía real. Las nuevas inversiones se orientan, entre otras cosas, cada vez más al reemplazo de capital fijo (tecnología y edificios) obsoleto por otro más moderna.

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05/05/2015
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Una propuesta alternativa al neoliberalismo es más estratégica en la medida en que enfoca la contradicción fundamental en la racionalidad existente. Para orientar la racionalidad alternativa a largo plazo, se requiere que la contradicción fundamental se haga visible. Ello se traduce en la incapacidad de desarrollar las fuerzas productivas bajo las relaciones de producción existentes. En la racionalidad económica actual, el capitalismo ha llegado al momento histórico en que es imposible re-vincular la inversión con la producción en forma rentable. En otras palabras, bajo la racionalidad económica y las relaciones sociales de producción existentes, ya no es posible un mayor desarrollo de las fuerzas productivas. Esta contradicción se torna cada vez más visible en la actualidad ante el frustrado proceso de solucionarlo.

Límites en la obsolescencia programada de la tecnología

La transnacionalización del capital a partir del llamado ‘outsourcing’ no se dio tanto debido al aumento en el costo de la fuerza de trabajo, como suelen plantearlo las tesis neoliberales. La obsolescencia programada de la tecnología empleada en las empresas ha contribuido más al proceso de outsourcing que el propio aumento en el costo de la fuerza laboral. El discurso neoliberal solo habla del elevado costo laboral ya que no conviene señalar el otro. Para poder ´sobrevivir´ en la competencia, el capital acorta la vida media útil del capital fijo (esencialmente edificios y maquinaria) que emplea en sus empresas para poder obtener así la tecnología de punta del momento. La tendencia anterior ha dado un enorme impulso al capital productivo en la posguerra así como a los inventos tecnológicos. Sin embargo, hacia fines de los años sesenta y principos de los setenta la sustitución tecnológica ha llegado al límite posible para aumentar la tasa de ganancia en Occidente. La vida media útil del capital fijo se redujo tanto que el costo tecnológico por transferir al producto (o servicio) ya no es compensado por la reducción en el costo laboral al emplear esa nueva tecnología. La capacidad de reemplazo tecnológico (el desarrollo de las fuerzas productivas) se torna un estorbo para aumentar la tasa de ganancia, es decir, para la propia relación de producción vigente.

 

Es a partir de ese momento que termina, en nuestra opinión, la era de las crisis cíclicas del capitalismo e inicia un capitalismo sin posibilidad de generar un nuevo ciclo. Este fenómeno dio sus primeros síntomas en EEUU. A principios de los años setenta,la baja de la tasa de ganancia se dio también en Europa atribuida erroneamente a la crisis del petróleo. Es a partir de entonces en Occidente que el capital tiende a la financierización de la economía evitando el factor trabajo. No era aún el caso de Japón. Acortar la vida media útil de la tecnología era política oficial en Japón en los años setenta y ochenta. La meta fue alcanzar una posición de vanguardia en materia tecnológica. El país efectivamente llegó a ser campeón mundial en reemplazar capital fijo ‘viejo’ por otro más ‘moderno’. Durante los años ochenta Japón fue considerado ‘el milagro económico’ que iba a conquistar el mundo. La realidad fue que la tasa de ganancia bajó aún más de prisa que en Occidente dejando al país en una recesión de la cuál aún hoy no ha salido. El Estado japonés ha buscado inyectar en la economía endeudándose a lo interno como ningún otro y acumula actualmente una deuda soberana equivalente al 500% de su PIB. Existía la esperanza que tarde o temprano llegara un nuevo ciclo económico. Japón sufre una recesión tras otra. La recuperación no ha llegado ni llegará.

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La Gran Transición hacia una nueva civilización

05/05/2015
Opinión

Introducción

Una propuesta alternativa al neoliberalismo es más estratégica en la medida en que enfoca la contradicción fundamental en la racionalidad existente. Para orientar la racionalidad alternativa a largo plazo, se requiere que la contradicción fundamental se haga visible. Ello se traduce en la incapacidad de desarrollar las fuerzas productivas bajo las relaciones de producción existentes. En la racionalidad económica actual, el capitalismo ha llegado al momento histórico en que es imposible re-vincular la inversión con la producción en forma rentable. En otras palabras, bajo la racionalidad económica y las relaciones sociales de producción existentes, ya no es posible un mayor desarrollo de las fuerzas productivas. Esta contradicción se torna cada vez más visible en la actualidad ante el frustrado proceso de solucionarlo.

Límites en la obsolescencia programada de la tecnología

La transnacionalización del capital a partir del llamado ‘outsourcing’ no se dio tanto debido al aumento en el costo de la fuerza de trabajo, como suelen plantearlo las tesis neoliberales. La obsolescencia programada de la tecnología empleada en las empresas ha contribuido más al proceso de outsourcing que el propio aumento en el costo de la fuerza laboral. El discurso neoliberal solo habla del elevado costo laboral ya que no conviene señalar el otro. Para poder ´sobrevivir´ en la competencia, el capital acorta la vida media útil del capital fijo (esencialmente edificios y maquinaria) que emplea en sus empresas para poder obtener así la tecnología de punta del momento. La tendencia anterior ha dado un enorme impulso al capital productivo en la posguerra así como a los inventos tecnológicos. Sin embargo, hacia fines de los años sesenta y principos de los setenta la sustitución tecnológica ha llegado al límite posible para aumentar la tasa de ganancia en Occidente. La vida media útil del capital fijo se redujo tanto que el costo tecnológico por transferir al producto (o servicio) ya no es compensado por la reducción en el costo laboral al emplear esa nueva tecnología. La capacidad de reemplazo tecnológico (el desarrollo de las fuerzas productivas) se torna un estorbo para aumentar la tasa de ganancia, es decir, para la propia relación de producción vigente.

 

Es a partir de ese momento que termina, en nuestra opinión, la era de las crisis cíclicas del capitalismo e inicia un capitalismo sin posibilidad de generar un nuevo ciclo. Este fenómeno dio sus primeros síntomas en EEUU. A principios de los años setenta,la baja de la tasa de ganancia se dio también en Europa atribuida erroneamente a la crisis del petróleo. Es a partir de entonces en Occidente que el capital tiende a la financierización de la economía evitando el factor trabajo. No era aún el caso de Japón. Acortar la vida media útil de la tecnología era política oficial en Japón en los años setenta y ochenta. La meta fue alcanzar una posición de vanguardia en materia tecnológica. El país efectivamente llegó a ser campeón mundial en reemplazar capital fijo ‘viejo’ por otro más ‘moderno’. Durante los años ochenta Japón fue considerado ‘el milagro económico’ que iba a conquistar el mundo. La realidad fue que la tasa de ganancia bajó aún más de prisa que en Occidente dejando al país en una recesión de la cuál aún hoy no ha salido. El Estado japonés ha buscado inyectar en la economía endeudándose a lo interno como ningún otro y acumula actualmente una deuda soberana equivalente al 500% de su PIB. Existía la esperanza que tarde o temprano llegara un nuevo ciclo económico. Japón sufre una recesión tras otra. La recuperación no ha llegado ni llegará.

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La historia de los que no tienen historia

auteurs :Emma Gascó y Martín Cúneo

Editorial Icaria, 2013

 

 

                                                          

Raúl Zibechi

 

Aunque existe una larga experiencia que avala la importancia de las pequeñas iniciativas locales en la gestación de los movimientos que han cambiado el mundo, así como de las innovaciones que nacen en los márgenes y luego se difuminan hacia el resto de la sociedad, el pensamiento hegemónico en las izquierdas y las academias sigue centrado en los grandes acontecimientos y en el papel de los dirigentes.

Como si la historia y los relatos políticos y sociales fueran escritos en torno a los sucesos en las grandes alamedas y por las intervenciones providenciales de los líderes, opacando así la cotidianeidad de la gente común en la que unas y otros beben y se alimentan.

Esta historia de episodios heroicos y acontecimientos trascendentales tiene, desde hace medio siglo, una contrahistoria que aún no ha conseguido instalarse en el alma y en el cuerpo de nuestras izquierdas sociales y políticas. En la historia tradicional del movimiento obrero, como señala Castoriadis, «las fechas de las huelgas y las insurrecciones reemplazan en ella a las batallas, los nombres de los líderes o de los militantes heroicos a los de reyes y generales»2. Son relatos producidos por una cultura elitista que se resiste a dar paso a nuevos modos de sentir la vida; una vieja cultura que se asienta en la inercia de cierto sentido común que es funcional a las nuevas camadas de jerarcas, enancados en la protesta popular, pero que al reproducir viejos paradigmas anuncian que los cambios son tan superfluos como poco duraderos.

En los márgenes del relato hegemónico empiezan a aparecer otros relatos, que ponen en el centro a la gente común, a los más diversos abajos, a los ninguneados de siempre

En los márgenes del relato hegemónico empiezan a aparecer otros relatos, que ponen en el centro a la gente común, a los más diversos abajos, a los ninguneados de siempre: mujeres indias y negras, niñas y niños, situados siempre en el escalón simbólico más bajo del imaginario político y social. Aunque duela decirlo, la izquierda y la academia encuentran razones para no considerarlos sujetos, sino apenas seguidoras, aplaudidoras, personas que sólo entran en la historia a través del discurso del dirigente, en general varón, escolarizado, bienhablante y, por tanto, referente ideal para analistas que, en general, son reclutados en ese mismo estrato social y cultural.

Por el contrario, los relatos y análisis políticos, históricos o periodísticos deberían parecerse a un arcoíris en el cual quepan todas las formas de ver y sentir el mundo, sin que ninguna se coloque encima de la otra, para que contengan tantos colores como la vida misma, cada uno con sus matices, gradaciones y escalas. La historia de la gente común no puede reflejarse en un tapiz de un solo color o en un relato único que siempre serán afines a las clases dominantes. Una historia monocolor sería como un monocultivo, homogéneo, igual a sí mismo, un desierto incapaz de reflejar la diversidad de la vida real de los hombres y mujeres que hacen la historia.

No se puede poner a la gente común en el centro del escenario sin amarla, sin dejarse estremecer por sus sufrimientos y de regocijarse con sus contentos. Lo que supone, a la vez, respeto sin veneración, ternura sin caridad.

Ciertamente, hilvanar escritos inspirados en esta concepción del mundo requiere de las artes y talentos de los artesanos. Personas capaces de cincelar historias de vida, esculpir narraciones y repujar relatos con la delicadeza, la perspicacia y la ternura del artesano. Quiero decir que no se puede poner a la gente común en el centro del escenario sin amarla, sin dejarse estremecer por sus sufrimientos y de regocijarse con sus contentos. Lo que supone, a la vez, respeto sin veneración, ternura sin caridad.

Colocar a la gente común en el centro de un relato, de una narración política, histórica o periodística, implica poner en juego una manera de ver el mundo, de situar a los seres humanos en él, pero también de situarse uno mismo en ese mundo y en esos relatos. Implica, sobre todo, jugar-se, en sus dos sentidos: correr el riesgo y descubrirse, mostrarse. Correr el velo de la distancia objetiva para implicarse junto con otros en una relación necesariamente horizontal. Sólo en ese tipo de relación entre iguales, entre sujetos diferentes, pueden emerger historias que serían rigurosamente ocultadas apenas el entrevistado perciba la menor intención de convertirlo en objeto de estudio.

El trabajo realizado para este libro por Emma Gascó y Martín Cúneo es el de dos artesanos viajeros que, recorriendo este continente, se redescubren a sí mismos a medida que van recorriendo comunidades, pueblos, gentes otras, tan cercanas y tan diferentes. En ese viaje, un verdadero viaje interior, el diálogo que descubre a los diferentes es un espejo en el que mirarse, mirarnos, descubriéndonos en otras y en otros.

Aparecen así, ante el lector, las más pequeñas, las más dignas, las hacedoras de buena parte de lo nuevo que está sucediendo en este continente. Las Madres de Ituzaingó, en Córdoba (Argentina), mujeres que atravesaron el dolor de sus hijos mutilados por las fumigaciones del agronegocio y se pusieron en marcha. «Mujeres comunes», como dicen ellas mismas; muy pocas, pero tan activas que lograron romper el muro de silencio con el cual el sistema enclaustra a los de abajo en las periferias, porque son seres prescindibles para la acumulación de capital. Con matices, es la misma historia que nos cuentan Emma y Martín sobre las mujeres quechuas de Ayacucho, como Mamá Angélica, que movieron cielo y tierra para encontrar a sus hijos desaparecidos por los militares en la guerra sucia de los ochenta. Una vez más, pobres, pocas, empecinadas, como las Madres de Soacha en la periferia de Bogotá, que sacaron a la luz una de las más tenebrosas maniobras del actual presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, cuando era ministro del Interior, para justificar el asesinato de jóvenes inocentes y poder cumplir con la cuota de muertos que requieren los presupuestos de la guerra interior.

Ésa es una de las grandes virtudes de este trabajo: mostrar que se puede, que es posible superar el dolor, la derrota y la humillación.

Por momentos, puede pensarse que se trata de un memorial de agravios, de la suma infinita de agresiones que sufren los pueblos indígenas, los afrodescendientes, los campesinos, los sectores populares urbanos. No es ése el centro, porque Martín y Emma no colocan a sus entrevistados como víctimas que piden, sino como sujetos dignos en resistencia. Ésa es una de las grandes virtudes de este trabajo: mostrar que se puede, que es posible superar el dolor, la derrota y la humillación. Por eso aparecen las madres, por eso aparecen dirigentes como Hugo Blanco y Felipe Quispe, que no sólo nacieron abajo sino que viven, sienten y aman abajo, cuidándose mucho de usar a los demás como escaleras, como hacen los políticos profesionales. Por eso en estas páginas veremos que en ocasiones los sujetos no tienen nombre y apellido, que se llaman comunidad, barrio, pueblo, sujetos colectivos como las decenas de comunidades mayas que se reinventan a sí mismas en la defensa de la vida frente a los grandes proyectos del capital.

Que la gente común es capaz de emanciparse por sí sola es algo que aprendimos en los libros hace más de un siglo. Si creemos de verdad en esa afirmación, debe hacerse carne en hechos concretos, como los que describe y analiza este libro. Parece necesario recordarlo, una y otra vez, cuando la religiosidad política hegemónica nos habla de líderes y caudillos —respetables muchas veces— sin conectarlos con los hechos y las luchas que les dieron vida.

Quiero comprender este libro, un libro que cuenta historias maravillosas y es un libro también maravilloso, como un toque de atención a cierta euforia progresista-izquierdista que recorre la región

Quiero comprender este libro, si Emma y Martín me lo permiten, un libro que cuenta historias maravillosas y es un libro también maravilloso, como un toque de atención a cierta euforia progresista-izquierdista que recorre la región y cuyas realizaciones han sido mitificadas en el Norte. Como si los gobiernos estuvieran construyendo una sociedad justa o realizando alguna venturosa revolución desde arriba.

Más allá de lo que cada cual piense de los actuales procesos latinoamericanos, Emma y Martín nos están diciendo que sólo mirando hacia abajo y en horizontal, podemos entender algo de lo que viene sucediendo en la última década. Que si nos limitamos a los discursos de los dirigentes, a las leyes aprobadas por los gobiernos y a los programas que anuncian, por más interesantes que nos parezcan, no habremos entendido sino una mínima parte de esta realidad.

Las claves de lo que sucede en el escenario público hay que buscarlas en las prácticas cotidianas de los sectores populares, como afirma James Scott: «Siempre que limitemos nuestra concepción de lo político a una actividad explícitamente declarada, estaremos forzados a concluir que los grupos subordinados carecen intrínsecamente de una vida política»3. Concentrarnos en el continente que está detrás de la costa visible de la política parece un paso necesario para comprender, que es el primer acto de la creatividad humana, como nos enseñó un poeta sabio.

Por último, felicitarlos por el trabajo, por el modo de escribirlo y de transitarlo, porque nos están hablando de una ética que los narradores y escribidores debemos respetar, reglas no escritas que apuntan a la lealtad con los protagonistas, que es un modo de ver el mundo y de vivirlo que anuncia todo un programa de vida, más valioso aún porque no se declara, simplemente se hace.

Raúl Zibechi (Periodista, escritor, pensador y activista uruguayo. Editor del semanario Brecha)
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2. Castoriadis, C. (1979), La experiencia del movimiento obrero, vol. 1, Tusquets, Barcelona, p. 16.

3. Scott, J.C. (2000), Los dominados y el arte de la resistencia, México, ERA, p. 233.

http://cronicasdelestallido.net/prologo-de-raul-zibechi/

Fuente: http://clajadep.lahaine.org/?p=16821

 

n° 360

 

22/05/2015  

Frida Khalo
el fantasmita "sin partido"