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¿Una Bienal secuestrada por los ricos?

Chiharu Shiota en la Bienal de Venecia | Foto: Sunhi Mang

Chiharu Shiota en la Bienal de Venecia | Foto: Sunhi Mang

La presente e irregular edición de la Bienal de Venecia está rodeada de polémicas, pero no debemos dejar que nos distraigan del problema principal que afecta al mundo del arte: ceguera, secuestro e hipocresía. La Bienal se ha convertido en una fiesta secuestrada por los ricos, donde el resto juega un rol secundario. Como ya lo decía Dave Hickey: “El cambio principal, del que la gente no se ha dado cuenta, es que ya no hay una clase media —hay una clase de cortesanos, que seríamos usted y yo—. Somos meseros intelectuales para gente inmensamente rica

Ceguera en la Bienal de la ciudad del ojo

El poeta Joseph Brodsky decía en Marca de agua, su carta de amor a Venecia, que era imposible tener pesadillas en “la ciudad del ojo”, donde “las demás facultades desempeñan un borroso papel secundario”. La Bienal se está convirtiendo en una fiesta secuestrada por los ricos, donde el resto de elementos, artistas, curadores, y sobre todo, espectadores, juegan un rol de agregado. Y donde es perfectamente posible tener pesadillas.

Okwui Enwezor, curador general de esta edición, se paseaba por la Bienal como un Humberto I. Ya se conocían los premiados del jurado: mejor participación nacional, República de Armenia (con el genocidio armenio de 1915 de fondo); mejor artista, Adrian Piper; mejor artista joven, Im Heung-Soon. Menciones especiales a Joan Jonas, Harun Farocki, el colectivo sirio Abunaddra, y al argelino Masinisa Selmani. La propuesta curatorial de Enwezor, así como sus decisiones electorales, han configurado una Bienal pretenciosa (desde el título, Todos los futuros del mundo) y políticamente correcta; varias obras se solidarizan con conflictos sociales y económicos pero sin ser excesivamente contundentes, con alguna excepción, como Who is Building the Guggenheim Abu Dhabi de Gulf Labour Coalition.

Das Kapital Oratorio, Isaac Julien

DasKapital Oratorio, Isaac Julien

Hay propuestas simbólicas, como la desatendida lectura del Capital de Marx en el nuevo espacio Arena, intercaladas con grandes pinturas abstractas, que nada dicen sobre los posibles futuros del mundo. Un batiburrillo en ocasiones agobiante cuyo mayor problema es la ausencia de un sentido unitario; las obras no dialogan unas con otras, ni con los espacios. Las comparaciones con la anterior Bienal, la sugestiva tesis de Massimiliano Gioni, dejan a Enwezor en un triste lugar.

El espectador que ambicione intuir hacia dónde va el arte actual (algo que debe reflejar este evento) quedará desangelado. Verá muchos pabellones con obras que no es que no sean ni de centro cívico. No son ni de Aeropuerto de Barajas. Las exposiciones colaterales, que forman parte de la programación oficial, se abren a puja; quien tiene dinero para mostrar sus trabajos, entra. Y así, ese espectador desorientado nota como se le irritan los ojos, y decide hacer una estadística a mano alzada. Levanten la mano los que están aquí y son galeristas y coleccionistas. Vale, vale. Ahora, ¿algún intelectual en la sala? ¿Un escritor, un filósofo? ¿Nadie?

El rapto veneciano

Los venecianos están fino allo sfinimento. Quedan poco más de 55.000 habitantes permanentes. Cada año mil venecianos abandona la isla. Cada año 22 millones de turistas secuestran Venecia. Entre los carnavales y las bienales (de arte, danza, teatro, cine y música), hay macroeventos diez meses al año. Okwui Enwezor tuvo la feliz idea de prolongar la Bienal un mes más. Por supuesto que están contentos de que vengan artistas, de ser centro cultural, y de tener trabajo asociado al turismo. Pero, ¿qué tipo de visitante? ¿Y qué cantidad? ¿Qué hay de los megacruceros que quieren llegar al centro de la isla rellenos de turistas, algunos de los cuales ni siquiera llegan a bajar del barco?

Como alegoría perfecta, diremos que Venecia está gobernada por un curador. En el 2014 el entonces alcalde, Giorgio Orsoni, y otros 34 políticos y empresarios, fueron detenidos por corrupción urbanística, acusados de enriquecerse a costa de la gran obra de ingeniería Moisés, con la que se pretendía liberar a la isla de los efectos de las mareas y el fenómeno de “agua alta”. Orsoni dimitió y fue sustituido por el comisario Vittorio Zappalorto. Mientras todo esto ocurre bajo las nubes de Tiépolo, Venecia se sigue hundiendo, unos milímetros cada década mientras prevalecen las discusiones para ampliar canales que permitan acceder a los grandes cruceros al centro.

Venecia es un pueblo; de comerciantes, de artesanos, en el que no hay automóviles, todo se lleva en barca o en carro. El ritmo de vida es lento, pausado. El que todos los futuros del mundo, de repente, arriben a la isla, es de difícil digestión. El que todos los turistas del globo lo hagan, es una tragedia. Por eso algunos venecianos fantasean con la idea de dar una nueva vida a la siniestra Isla de Poveglia, antes de que sea vendida por los políticos, y enviar allí a los visitatori indesiderati. Por ahora, se contentan con el accidente ocurrido en el pequeño muelle de la Fundación Prada; los elegantes invitados al cóctel de apertura de la exposición Clásicos portables acabaron mojándose el culo tras la ruptura de la estructura. Los cocodrilos no llegaron a tiempo.

'Not Exactly Sequitorious' - Jimmie Durham

“Not Exactly Sequitorious” – Jimmie Durham

Objetos, trabajo y turismo

Una de esas exposiciones esparcidas por la isla está en la Fundación Querini Stampalia. Antes de abordarla, un vistazo a una de las obras de su colección; “Charlatanes en la Piazzeta de San Marco”, de Gabriele Bella (1730-1799). Comediantes, músicos, espectadores, pícaros, reunidos en la plaza principal de Venecia. Sólo falta ver palos de selfie.

Porque sobre el fenómeno del turismo en la isla ha trabajado Jimmie Durham en su muestra “ Venice: Objects, work and tourism”. Con inteligencia, sensibilidad y mucha ironía, Durham realizó una investigación de campo en Venecia, rescatando objetos y souvenirs rotos, reciclándolos y recomponiéndolos, para situarlos en inadvertidos recovecos del palacio de la fundación. Al igual que se fusionan los pedazos encontrados para generar nuevas formas, se mezclan historias locales poco conocidas, industria veneciana, los detritus del turismo, la majestuosidad de los palacios para concebir lecturas críticas y divertidas. Sólo por disfrutar de exposiciones así, a pesar de todo, merece la pena venir a la Bienal.

Plensa o Scully seducen con su arte en los eventos colaterales de la Bienal
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Es compatible gozar de algunas obras de arte e invocar el espíritu de la Bienal de Sao Paulo del 2008 (“ la bienal vacía”). Las polémicas de este año son; la mezquita construida dentro de una iglesia, las protestas de los aborígenes australianos frente a “su” pabellón, la ocupación ucraniana del pabellón ruso, y el pabellón anónimo sin estado. Y por encima de todas ellas, la venta al por mayor de los espacios de los pabellones. Gracias a denuncias, peticiones de firmas y protestas, conocemos los casos de Kenia, de Azerbaiyán (con representantes como Andy Warhol), y, sobre todo, de los casos latinoamericanos.

Tenemos el pabellón de Guatemala, atestado de artistas no-guatamaltecos (Emma Anticoli Borza, Sabrina Bertolelli, Mariadolores Castellanos, Max Leiva, Pier Domenico Magri, Adriana Montalto, Elmar Rojas, Paolo Schmidlin, Mónica Serra, Elsie Wunderlich y Collettivo La Grande Bouffe), curado comisarios no-guatamaltecos (Stefania Pieralice, Carlo Marraffa y Elsie Wunderlic), titulado con un idioma no-guatamalteco ( Sweet death), y financiado de manera misteriosa. Como resumen del entuerto, no se puede entrar en su sitio web; en su lugar aparece el mensaje “not acceptable”.

El caso ecuatoriano; país representado por una instalación de la artista María Verónica León, residente en París, que repite presencia, y cuya obra no ha sido muy bien recibida por los ecuatorianos, como por Patricio Palomeque; “al parecer está muy buen relacionada y cuenta con dinero para autosustentarse”. La exposición es, la mires por donde la mires, inaceptable.

Lo del Pabellón Ítalo-Latinoamericano es indignante. Voces indígenas es una propuesta curatorial del comisario (parece que vitalicio) del pabellón, Alfons Hug, la reproducción de una recopilación de grabaciones de indígenas hablando en su idioma. Lo más cuestionable no es el contenido artístico (aunque el curador “someta” a los artistas, cuya huella es únicamente la grabación o obtención de grabaciones), ni la hipocresía de los participantes e invitados (el 95% de los asistentes y responsables de las “Voces indígenas” son mestizos u occidentales de clase media y de clase alta), sino la intra-historia; los artistas participantes tienen que pagar los 6.000 dólares de cupo, más viaje, alojamiento, etc…si quieren estar en la expo. En algunos casos, el artista ha invertido 16.000 dólares para poder poner en su currículum “Bienal de Venecia”. Ese es, finalmente, el objetivo.

No han podido escribir esa línea en sus portafolios los artistas costarricenses. Al gobierno de su país le entraron sudores fríos cuando el comisario de su pabellón les anunció que había conseguido a artistas capaces de pagar 5.000 dólares para poder sufragar los gastos. Eran 50. El gobierno retiró su participación, temeroso por la tremolina que se iba a liar.

Obra de María Verónica León en el pabellón ecuatoriano de la Bienal de Venecia

Obra de María Verónica León en el pabellón ecuatoriano

de la Bienal de Venecia

Los futuros posibles de la muestra

El porvenir de Okwui Enwezor se ve tan brumoso como Venecia en invierno. Sus aciertos (selección de algunas obras, reivindicación de artistas africanos, presencia de más mujeres) se ven oscurecidos por su poco trabajado concepto curatorial, sus forzadas decisiones y la ausencia de manejo del contexto.

Por su parte, Paolo Baratta, presidente de la Bienal, ha anunciado que “podrían” haber nuevas regulaciones en la manera de seleccionar curadores por parte de los gobiernos nacionales. Sin duda, es un paso necesario aunque insuficiente. El futuro de la Bienal depende de un más exhaustivo control financiero de los pabellones, y de una moderación del evento. Por ponernos poéticos (y quizás, utópicos): por poner diques al mar.

Juan José Santos

http://esferapublica.org/nfblog/una-bienal-secuestrada/

Arte - Cultura

n° 360

22/05/2015  

Frida Khalo
Vincent van Gogh

La rica tradición del lirismo de Uruguay

Se cumplen 100 años de la muerte de la precursora poeta Delmira Agustini

Magdalena Martínez - Montevideo

 

La poeta uruguaya Delmira Agustini. / BIBLIOTECA NACIONAL DE URUGUAY

Los cien años de la muerte de la poeta Delmira Agustini, asesinada por su exmarido, reabren el debate sobre el feminismo y la violencia doméstica en Uruguay. La autora de Los cálices vacíos es una de las fundadoras de la tradición más rica y singular de mujeres poetas de América Latina.

Rubén Darío, máximo exponente del Modernismo, fue su amigo personal y en el prólogo de una de sus obras la declaraba continuadora de Santa Teresa de Jesús por "la irrupción de su voz femenina" en las letras españolas de ese 1900. Pero nada más alejado de la santa española que Delmira Agustini, poeta de lo erótico, niña precoz de una familia adinerada de Montevideo, personaje absolutamente libertario que selló su desgracia con un matrimonio malogrado. Agustini es también el producto de algo que se estaba fraguando en la América Latina de principios del siglo XX, un nuevo mundo.

Para el Secretario de la Academia Nacional de las Letras de Uruguay, Ricardo Pallares, las poetas uruguayas son "una anticipación de los movimientos de emancipación de la mujer de principios del siglo XX, fenómeno que se vincula indisolublemente con el carácter aluvional de la llegada de inmigrantes europeos. Esa población encontró en el Río de la Plata un ambiente de tolerancia, y esto produjo una conducta permisiva de la burguesía y de las clases intelectuales".

Delmira Agustini se casa en 1913 con dudas, como revela su correspondencia con Rubén Darío —"internaré mi neurastenia para lanzarme al abismo medroso del matrimonio"—. En 1914 decide divorciarse amparada por la primera ley de divorcio de toda América Latina, votada en 1907 y ampliada en 1913 para que pudiera aplicarse con el consentimiento de tan solo uno de los cónyuges. Ese mismo año es asesinada de dos disparos por su ex marido, que se suicida después. La fotos de la escena del crimen tomadas por la policía técnica todavía causan horror. Hasta el día de hoy los estudiosos analizan los hechos y debaten sobre si hubo o no asesinato, mientras desde su obra Delmira declara “yo muero extrañamente… No me mata la Vida”.

Imagen de la Generación del 45 en Uruguay, figuran entre otros, Benedetti, Idea Vilariño, Amanda Berenguer y en el centro, Juan Ramón Jiménez. / BIBLIOTECA NACIONAL DE URUGUAY

Pallares descarta cualquier paralelo entre el final trágico de la poeta y la violencia de género que en Uruguay causa la muerte de una mujer cada nueve días. Por su parte, las feministas y las poetas uruguayas de hoy consideran el crimen que sesgó la vida de Agustini como el prototipo de la violencia machista.

En todo caso, todos coinciden en que Agustini y otra gran poeta de la época, María Eugenia Vaz Ferreira, iniciaron una "genealogía" de autoras uruguayas. Con su claro liderazgo, estas mujeres ocupan el mismo lugar (inmenso) que tiene la poesía en aquella época. En 1938 otra gran autora, Juana de Ibarburú, invitó a Montevideo a la chilena Gabriela Mistral (Premio Nobel de Literatura en 1945) y una lectura pública de sus versos fue retransmitida en directo por la radio y seguida con fervor por miles de personas.

A mediados de siglo siguieron apareciendo mujeres en la poesía, como Susana Soca, Esther de Cáceres o Clara Silva, y en 1945 surgió la generación más completa de autores uruguayos, con escritores como Juan Carlos Onetti y Mario Benedetti. Nuevamente, se destacaron poetas como Idea Vilariño, Amanda Berenguer o Ida Vitale.

"Si hay que buscar una característica común de las poetas uruguayas ésta sería su intransigencia, ese no ceder a la facilidad, a la tentación de decir. Todas tienen una cosa muy tensa con el lenguaje", dice Silvia Guerra, poeta de 53 años.

La poeta uruguaya Idea Vilariño. / MICHEL SIMA

Idea Vilariño continuó con estilo propio la temática erótica de Delmira Agustini, aunque su obra ha sido calificada como una poesía del amor. La bella mujer que fuera amante de Onetti era discreta, casi secreta, y durante años se negó a promocionar o dar a conocer su obra. Compartía con Onetti el pesimismo; de su pasión y de su ruptura nacieron versos muy conocidos en Uruguay: "Ya no será, ya no, no viviré contigo, no criaré a tu hijo, no coseré tu ropa".

Los poemas de Vilariño sorprenden por su modernidad, a veces con versos que podrían ser resumidos en un mensaje de texto o en un Tweet sin perder un ápice de su fuerza o belleza. En este aspecto se destaca Amanda Berenguer, menos conocida que Vilariño pero reverenciada por los críticos. Atea militante, Berenguer es la referencia absoluta en poesía experimental y trabaja constantemente el tema del paso del tiempo. Los amaneceres del Rio de la Plata, las frutas, los objetos de la modernidad componen una obra casi ausente de las librerías uruguayas pero luminosa: "Navío nictálope asumes el tríptico ilusorio/como una estrella presente pasada y futura".

Los años de la dictadura (1973-1985) y el declive económico del país no detuvieron el flujo incesante de mujeres poetas, con la generación de los 60 integrada por Nancy Bacelo, Marosa di Giorgio o Circe Maia, entre otras. Muchas de ellas mostraron un claro compromiso militante, como Circe Maia, de 82 años, que relata en uno de sus poemas los viajes para visitar a su marido preso durante la dictadura. La tradición continúa en nuestros días, con autoras que surgen y mantienen una constante producción.

http://cultura.elpais.com/cultura

 


 

Dúo "Lole y Manuel"

Fallece el cantautor y guitarrista Manuel Molina

Fallece el cantautor y guitarrista Manuel Molina
EFE
Publicado el martes 19 de mayo del 2015

El compositor, guitarrista y cantaor Manuel Molina, del dúo "Lole y Manuel" y precursor del llamado "Nuevo flamenco", murió hoy a los 67 años en San Juan de Aznalfarache víctima de un cáncer, informaron fuentes del Ayuntamiento de esa localidad sevillana.

 

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Manuel Molina, nacido en 1948, formó parte con Dolores Montoya del dúo flamenco "Lole y Manuel", con quien se casó y fueron padres de la también artista Alba Molina.

A principios de los años setenta comenzó su carrera con el trío "Los gitanillos del Tardón", en el que estaban Antonio Cortés "Chiquetete" y Manuel Domínguez.

"El flamenco no le importaba a nadie. Ahora -señalaba a Efe- el flamenco de verdad vende discos porque hay gente auténtica que sabe hacerlo y gracias a Camarón, que fue capaz de hacer escuchar a la gente desde lo más sencillo, una bulería, a lo más complicado, las seguirillas".

Luego, pasó por el grupo "Smash" y descubrió "la música electrónica sin abandonar mi flamenco, pero sabiendo que había algo más", y consiguió el éxito con su "Garrotín".

Manuel Molina con "Smash" descubrió, "gracias a los Beatles y Pink Floid, que había algo más que flamenco", y con "Lole y Manuel" consiguió "demostrar que el flamenco es algo de todos" y saboreó las mieles del éxito con su revolucionario disco "Nuevo día".

Cuando inició su carrera en solitario, en 1999, sacó su disco "La calle del beso" y se enfrentó a la música cantando, algo a lo que no estaba acostumbrado su público, y en un momento en el que el flamenco vivía uno de sus mejores momentos.

Más tarde, produjo el disco de su hija Alba, con quien contó para la grabación de su debut en solitario: "hice pruebas a otras mujeres pero al final fue Alba la que más me gustó, quizá porque por el hecho de estar en casa sabía lo que yo quería para mi disco".

Una de las últimas actuaciones de Manuel Molina fue el pasado año acompañando a su hija en Madrid, en esa ocasión también cantando, aunque siempre prefirió quedarse "mudo" y ser conocido "solo" como "la música y letra" de Lole.

Molina dedicaba actualmente sus esfuerzos a un libro que recogía los poemas que escribió a lo largo de su vida y que iba comentando. EFE

 

 

 

Joan  Miró