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Jamie Oliver, Chiapas y la Revolución

Estoy con Jamie Olivier frente al gran cartel de Coca Cola que da la bienvenida a Zinacantan. Es la imagen del dorso de una mujer con el bordado tradicional de flores de la comunidad sosteniendo una Coca Cola de medio litro. El cartel tiene las frases “Bienvenido a Zinacantan….Destapa la felicidad” con el gran logo de Coca Cola dominando. Mientras le explico a Jamie, el chef británico que revolucionó la alimentación en las escuelas del Reino Unido sacando la chatarra, que esa publicidad de Coca Cola está diseñada específicamente para esa comunidad, utilizando la imagen de sus bordados tradicionales, se acercan tres niñas de la comunidad, llevando esos bordados.

Jamie en Chiapas

Las niñas van en 6° de primaria, 1° y 2° de secundaria. Les explico que estamos viendo la publicidad de Coca Cola que da la bienvenida a su pueblo y les pregunto qué piensan de los refrescos, contestan que hacen daño. Les pregunto nuevamente si tienen algún familiar con diabetes y la mayor me dice que sí, su papá. ¿Y qué tiene? le pregunto, “las piernas”, contesta; ¿Qué tiene en las piernas?, “Ya no puede caminar”, ¿tomaba mucho refresco?, “si, tres Cocas al día”. Un litro y medio de refresco al día, 30 cucharadas cafeteras de azúcar, tres veces el máximo tolerable recomendado por la Organización Mundial de la Salud (OMS), 6 veces más la recomendación ideal que la OMS ha establecido para una mayor protección de la salud. Le preguntamos si hay muchas personas en la comunidad con diabetes y responde que sí, muchas.

Niñas letrero Zinacantan

En San Juan Chamula entro con Jamie Oliver a una sesión de orientación con mujeres tzotziles que sufren diabetes y en la que reciben orientación sobre los hábitos y cuidados que deben seguir para que esta enfermedad crónica no acabe con sus vidas. De lo primero que se habla es de los refrescos, de la Coca, de la dificultad de dejarla porque está presente en todo lados. Con la  introducción de la Coca Cola la diabetes que era una enfermedad muy poco común en la región y, en general, entre las comunidades indígenas, se convirtió en una epidemia.

Unos meses antes, con el Dr. Marcos Arana que lleva más de 20 años en Chiapas, fui a visitar a una familia tzotzil que vive a las afueras de la cabecera municipal de San Juan Chamula. Platicamos con uno de sus vecinos, Don Roberto que había sufrido unas semanas antes una amputación debido a la diabetes. Al terminar la sesión de orientación frente a la diabetes, le pregunto al Dr. Arana sobre Don Roberto, me comenta que ya murió, que los visitó en sus últimos días y que aunque decía que había dejado el refresco, al lado de su cama tenía una Coca. Murió por diabetes como Don Gonzalo protagonista de nuestro documental “Dulce Agonía” y como muchos otros que hemos conocido y que son parte de esas 80 mil personas que mueren al año por diabetes en nuestro país.

Oliver está presente en México, el país al cual se refirió el entonces  Relator Especial de Naciones Unidas por el Derecho a la Alimentación, Olivier de Schutter, como un país Cocacolinizado, recomendando establecer un impuesto a estas bebidas. El chef británico que ha lanzado una cruzada internacional por la salud alimentaria, que ha cocinado para el Grupo de los 20 ministros y presidentes con mayor poder en el mundo, sabe que hay otros poderes e intereses económicos que están enfermando a la gente. Lo ve en el Reino Unido, lo ha visto en Sudáfrica y de cerca viviendo en comunidades marginales de California, conviviendo con población de origen mexicano.

Oliver ha viajado del Reino Unido a México para constatar el deterioro de los hábitos alimentarios, la catástrofe en salud que vivimos y, en especial, el alto consumo de refrescos. Sabe que este es el país en el que se consumen más estas bebidas y uno de los que presenta los mayores índices de sobrepeso, obesidad y diabetes. Un interés especial para él  lo tiene el impuesto que se ha establecido en nuestro país a estas bebidas, una medida que especialistas e interesados en la salud alimentaria están proponiendo a lo largo y ancho del mundo. Viene en medio del lanzamiento de su campaña “Food Revolution” en la que nos está invitando a firmar en http://chn.ge/1DZgcoQ para demandar a los gobiernos alimentos frescos y saludables en las escuelas, a la vez de que se eduque en los planteles sobre los alimentos, que se eduque a los niños para que al salir de la primaria sepan, al menos, cocinar 10 platillos. 5 países ya se han comprometido a cumplir estas recomendaciones.

El viernes 24, Jamie Oliver se sumó al lanzamiento de la campaña “Proyecto Pozol: más sanos comiendo como mexicanos” en San Juan Chamula, una iniciativa para revalorar las bebidas tradicionales frente al alto consumo de refrescos. El Pozol es una bebida tradicional en base al maíz, una bebida nutritiva con muchas propiedades que ha sido abandonada. Jamie Oliver comentó a los presentes: “México no necesita mirar hacia ningún otro lado para resolver el gran problema de obesidad y diabetes que padece, la solución está aquí mismo y es la comida tradicional”, fascinado por la muestra de bebidas tradicionales.

La iniciativa del Proyecto Pozol fue lanzada por el Dr. Marcos Arana Cedeño del Centro de Capacitación en Ecología y Salud de Chiapas y por Yatiziri Zepeda de Proyecto Alimente. Yatziri señaló que: “El pozol, así como los cientos de platillos en los que está presente el maíz criollo y la gran variedad de quelites, insectos, leguminosas, chiles, cactus, frutos, y bebidas fermentadas han sido desplazados en las comunidades originarias y en las grandes urbes por sopas maruchan, papitas, galletitas, refrescos y cualquier cantidad de comestibles ultraprocesados con cero nutrientes y niveles elevados de azúcar, sal y grasa. Los mexicanos ya no comemos como mexicanos y eso nos tiene enfermos”.

El Dr. Marcos Arana agregó: “Un análisis recientemente realizado por el Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán señala que el pozol blanco contiene un 5% de proteínas, es una importante fuente de fibra comestible y a pesar de que tiene un 33% de hidratos de carbono, éstos son compuestos complejos que a diferencia del contenido de azúcar de los refrescos, no provocan la misma elevación violenta del nivel de glucosa en la sangre, es una excelente alternativa”.

Jamie con Marcos y Yatziri

Mientras se lanzaba la iniciativa ciudadana para enfrentar una de los mayores problemas de salud entre la población chiapaneca, que lleva a miles y decenas de miles de muertes, amputaciones y ceguera por diabetes, sin apoyo del gobierno estatal; se realizaba la boda del gobernador Manuel Velasco y la cantante Anahi. Boda para la cual se invirtieron recursos del Estado para remodelar la catedral de San Cristóbal de las Casas y se llevaron mujeres indígenas para posar con sus bordados tradicionales como telón de fondo en las fotos del nuevo matrimonio telenovelesco: el mirrey Velasco vestido de charro y su esposa Anahí.

De regreso a la ciudad, transito por la carretera de Tuxtla al aeropuerto. En mi vida he visto una inversión semejante, cada 40 metros a los largo de decenas de kilómetros, una luminaria. Las barreras de contención de la carretera que empiezan decenas de metros antes de las curvas están construidas con tubos de acero de muy alto calibre. En curvas, las barreras de contención deben ser flexible para lograr reintegrar a los vehículos. Aquí no lo son, se eligió lo más caro a pesar de que esto pueda representar también vidas perdidas. Algo más que nunca había visto en mi país: la mayor parte de la carretera tiene banqueta y acera adoquinada.

Sin duda, la revolución de la alimentación en nuestro país requiere otra más que nos libere de los políticos y mirreyes, que ponga como autoridad a personas comprometidas y con equipos profesionales al servicio del interés público.

Como decía Tere que decía su tía: “Con pendejos ni a bañar porque pierden el jabón”, y peor si son corruptos.

Por lo pronto, con Jamie Oliver y la Food Revolution, con Marcos y Yatziri en el Proyecto Pozol.

Fuente: http://www.sinembargo.mx/opinion/28-04-2015/34082

 

MEXICO

n° 360

22/05/2015  

Frida Khalo

Jornaleros de San Quintín

Esclavos de campo


Marco I. Dávila
Rebelión


¿Cuál es la diferencia entre un esclavo de casa y un esclavo de campo? Malcolm X lo exponía de la siguiente manera, parafraseo: Un esclavo de casa es aquel que está contento y satisfecho con su condición de esclavo, adora a su amo más de lo que su amo se adora a sí mismo, daría la vida por él, y en lo último que piensa es en liberarse. Por otro lado, el esclavo de campo es aquel que no está nada contento ni satisfecho de su condición de esclavo, odia a su amo y desea de corazón que le caiga un rayo y lo parta. Éste, a diferencia del esclavo de casa, tomaría la primer oportunidad que se le presentase para escapar de su condición de oprimido.

Los jornaleros de San Quintín, Baja California, cultivadores de tomate, zarzamora, frambuesa, fresa, pepino, calabaza, chícharo, chile…. se dieron cuenta de que sus derechos laborales, constitucionales y humanos, bajo un sistema económico que no requiere de trabajadores sino de esclavos, bajo un sistema político simulador y un sistema de justicia injusto, no se los van a otorgar en la práctica, por lo que tienen que hacerlos valer ellos mismos a base de organización, unidad y exigencia. Los jornaleros nos enseñan que ni el gobierno ni los patrones se tocarán el corazón, sino que se les tiene que obligar a respetar al trabajador. Nos enseñan que los derechos humanos, derechos laborales y derechos constitucionales, en un país como México, los tienes que conquistar con sacrificio.

Fue en marzo del 2015 cuando miles de ellos se fueron a huelga para exigir mejores salarios, acceso a la salud, educación para sus hijos, alto al acoso sexual contra las mujeres, reconocimiento de un sindicato independiente, mejores condiciones de vida…. Mejores salarios porque lo que les pagan es un salario de hambre de alrededor de cien pesos diarios; acceso a la salud porque no cuentan con seguro médico; educación porque sus hijos no deberían estar siendo explotados sino estudiando; alto al acoso sexual porque los mayordomos tienden a acosar sexualmente a niñas y mujeres; un sindicato independiente porque los sindicatos que ahí existen son sindicatos charros, sindicatos que están del lado del patrón, sindicatos priistas que lo que menos les importa es representar debidamente al trabajador; mejores condiciones de vida porque los tienen sometidos a malas condiciones de higiene, son obligados a permanecer en el rancho del patrón, viven en casas hechas de plástico y cartón, no tienen luz, les venden el agua a precios exagerados, se fumigan los campos con todo y jornaleros, se les maltrata psicológicamente, están propensos a enfermedades generadas por las malas condiciones sanitarias…

Como es natural, de todos los acuerdos que los jornaleros han alcanzado recientemente, gracias a su propio esfuerzo, los patrones, cuya filosofía es “si quieren tragar trabajen” se siguen negando a aumentar el salario. Los patrones de la miseria jamás aceptarán aumentar el salario a algo justo a menos que, a base de unidad, organización y sacrificio, sean doblegados por los trabajadores.

Conclusiones: Hoy como ayer, sigue siendo necesario que se reactive el campo, y poner a trabajar a millones de campesinos, para beneficio primeramente de ellos mismos y para beneficio del país, y de paso mandar al diablo a las transnacionales abusivas. Si a los jornaleros de Baja California los han explotado por más de cincuenta años, al mexicano en general lo han explotado por siglos. En el México del siglo XXI hay una alarmante falta de identidad, un bárbaro menosprecio hacia nuestra mexicanidad. Lo indio, lo más valioso de nuestra raza, hoy como ayer, es subestimado y, al mismo tiempo, las enfermedades morales son promovidas en este México que es injusto para la mayoría de sus habitantes. No somos inferiores, no somos una raza pequeña, nos han engañado a través de los siglos. Porque el día que la raza despierte, cosa inevitable, ese día seremos libres, y obteniendo nuestra libertad podemos llegar a ser más grandes que EEUU y que cualquier nación europea.

Los jornaleros de San Quintín pasaron de ser esclavos de casa a ser esclavos de campo.