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A un año del anuncio de Bachelet: la despenalización del aborto sigue esperando

 

Vanessa Vargas Rojas
El Desconcierto

 

El proyecto de despenalización del aborto en tres causales fue anunciado durante la última cuenta pública de Bachelet, el pasado 21 de mayo. A un año, su discusión ya comenzó pero no tiene urgencia en el Parlamento y los sectores feministas llaman a recordar el apuro de su legislación.

Durante la pasada cuenta pública de la presidenta Michelle Bachelet, la propuesta de despenalizar el aborto terapéutico en tres causales se tomó la discusión política. Sectores conservadores, la Iglesia Católica y las organizaciones feministas se volcaron al debate de una iniciativa inédita, luego de 25 años transcurridos desde que el aborto terapéutico fue prohibido en Chile.

“Chile debe enfrentar en una discusión madura, informada y propositiva esta realidad, debatiendo en el parlamento un proyecto de ley que despenalice la interrupción voluntaria del embarazo en casos de riesgo de vida de la madre, violación e inviabilidad del feto”, recalcó la Presidenta durante el 21 de mayo de 2014.

Sin embargo, la coyuntura política y los tropiezos del Ejecutivo han aumentado la espera para las mujeres chilenas, prisioneras de las cuestionables políticas públicas que han posicionado al país como uno d e los cinco estados en el mundo que rechazan cualquier tipo de interrupción del embarazo.

Un proyecto en larga espera

La propuesta de la Nueva Mayoría no ha logrado convencer del todo a las organizaciones feministas que desde hace años vienen trabajando por la despenalización del aborto. Pese a encontrarse prohibido, miles de chilenas acuden a dicha práctica a través de distintas vías sorteando el peligro de morir o ir a la cárcel. Según el Ministerio de Salud, por ejemplo, durante el 2013 hubo más de 17 mil abortos registrados, mientras que el Ministerio Público arrojó más de 500 causas por el delito de aborto entre 2010 y 2012.

La Organización Mundial de la Salud, en tanto, ha calculado que cada año se producen 22 millones de abortos inseguros en mundo, con un 98% de ellos concretados en países en vías de desarrollo.

Sin embargo, la propuesta de Bachelet fue específica: el embarazo podrá interrumpirse sólo en las tres causales señaladas por el Ejecutivo.

Desde la Coordinadora de Feministas en Lucha, donde se albergan diversos colectivos feministas, han señalado que la propuesta es insuficiente, considerando que los estudios señalan que sólo el 3% de los abortos realizados atenderían a estas razones. Además, recalcó Melissa Sepúlveda, militante de La Alzada y ex presidenta de la FECh, “la posibilidad de decidir para las mujeres seguiría estando limitada por un factor socioeconómico, porque en Chile sí existen los abortos y quienes tienen recursos económicos pueden ir a una clínica privada o salir del país y realizarse un aborto perfectamente”.

Con algo de tardanza, durante el 31 de enero de este año, el proyecto comprometido por Bachelet fue presentado al Parlamento. “Amamos la vida y nadie quisiera interrumpir, pero cuando está en riesgo la vida de la madre, o cuando la vida que se gesta es inviable o fruto de la violencia sexual (…) hay que tomar una decisión”, sentenció la mandataria durante la actividad. Sin embargo, las organizaciones feministas recalcan que el gobierno no ha puesto urgencia en la discusión parlamentaria y el proyecto podría esperar largamente antes de ser debatido y promulgado.

“Indiferente de que el gobierno cumplió con lo que había dicho que era ingresar el proyecto de ley, el proyecto no tiene urgencia y eso nos parece muy delicado por no decir muy espantoso, porque resulta que sí es urgente que las mujeres tengan derecho a la salud y a la vida”, recalcó Claudia Dides, directora ejecutiva de Miles Chile. A su juicio, el proyecto debería pasar a la sala de la Cámara de Diputados durante este año y el gobierno debe responsabilizarse en cumplir lo prometido. “Es bueno recordar que incluso en la última encuesta CEP, que viene de un centro de pensamiento de derecha o liberal, se establece que el 72% de la población está en acuerdo con las tres causales. La situación política que enfrenta el gobierno no da espacio para que no se pueda cumplir con lo que se promete”.

Para Camila Maturana, abogada de Corporación Humanas, es muy relevante que un proyecto de esta índole esté siendo discutido hoy en el Parlamento, más aún considerando que “está puesto en la agenda política a raíz de las demandas de las mujeres y feministas y en respuesta a los reiterados reproches que organismos internacionales han generado al Estado de Chile por mantener una legislación totalmente punitiva respecto del aborto”.
Los peros de la Corte Suprema

Pese a sus diferencias políticas, el movimiento feminista en Chile coincide en que este es un tema de salud pública, más allá de la etiqueta de “agenda valórica” con la que los medios suelen referirse a su tratamiento. Por ello, refuerza Dides, es vital que la iniciativa contemple el riesgo de vida y salud de la mujer.

“Necesitamos acuñar el concepto de salud, proclamado por Organización Mundial de la Salud, que está en todas las legislaciones de América Latina que tienen despenalizado el aborto“. Además, los colectivos insisten en que es necesario garantizar un proceso de acompañamiento antes, durante y después de concretado el procedimiento médico y que se rechace la idea de establecer un listado de enfermedades como requisito a la interrupción terapéutica del embarazo.

Una de las discusiones más tensas sobre el proyecto se centra en la idea de rescatar la importancia de la relación de confidencialidad entre los médicos y sus pacientes, descartando la denuncia como obligación primordial durante la atención de un posible caso de aborto. Sin embargo, la Corte Suprema expuso su visión al respecto, asegurando que “los deberes de confidencialidad postulados por el proyecto de ley en el Código Procesal Penal, podrían constituirse en un espacio de impunidad en desmedro de las víctimas de delitos sexuales menores de 18 años”.

A juicio de la abogada Camila Maturana, es lamentable que los medios de comunicación se hayan focalizado sólo en esta parte del pronunciamiento de la Corte Suprema, obviando otros aspectos sobre los cuales el poder judicial también opinó. Sin embargo, sobre las críticas en particular, expresó que “se equivoca en la interpretación que hace de que este proyecto busca la impunidad de los abusos sexuales. Este proyecto establece la confidencialidad como una obligación para los equipos médicos. Esto, para enfrentar una compleja situación donde muchas mujeres y niñas son delatadas en los establecimiento de salud, y los médicos dejan de cumplir sus obligaciones éticas y legales de guardar el secreto profesional”.

Aunque el informe dado a conocer recientemente por la Corte Suprema no tiene carácter vinculante, la visión puede ser recogida por los sectores parlamentarios detractores de la iniciativa durante su próxima discusión en el Congreso Nacional.

Para Dides, es preocupante que la voz de la mujer siempre sea puesta en duda en Chile. “Esto lo he visto en distintas comisiones de salud, donde siempre ponen en duda la palabra de la mujer. Lo que este proyecto está haciendo es que no se ponga más en duda y se entienda que su voluntad está por sobre todo. Y que se tiene que hacer la denuncia pero eso va por otro lado, lo primero es acoger a la mujer, informarle y que ella decida qué hacer con un embarazo producto de una violación”, señaló.

La moral cristiana: un obstáculo a sortear

Desde diversos sectores, se ha enfatizado que son las mujeres pobres las más sujetas a lidiar con un aborto clandestino y el miedo a morir y ser encarceladas. Por ello, han señalado que es importante que el debate se plantee más allá de los credos y la fe particular de los miembros del gobierno y el Parlamento.

Sin embargo, las dudas crecen al observar la fuerza que ha tomado dentro del mismo Ejecutivo las posturas de la Democracia Cristiana, quienes se han opuesto a la causal de violación contemplada en el proyecto.

“En términos generales, se han manifestado en contra de esa causal y podríamos estar ante el retroceso del proyecto o ante la posibilidad de que finalmente no se legisle“, recalcó Melissa Sepúlveda, agregando que hay una evidente detención de la agenda legislativa ante la crisis política que enfrenta el gobierno, las instituciones y los partidos en general.

Maturana, abogada de Corporación Humanas, recordó que el debate parlamentario debe ser acotado en el tiempo, ya que la situación que enfrentan las mujeres que podrían acogerse a algunas de estas causales es delicada. “Es una situación de tortura que el Estado de Chile están imponiendo a las mujeres. Ya han transcurrido 25 años desde la penalización del aborto terapéutico. No debiéramos seguir esperando y el Parlamento debe acelerar los tiempos de discusión para que esta ley se materialice pronto“, señaló.

Por ahora, la recién llegada ministra de Salud, Carmen Castillo, señaló que el proyecto es perfectible y que están dispuestos a mejorarlo, pero que no transarán la confidencialidad. Las mujeres y niñas, como en tantas otras ocasiones, no tienen más remedio que esperar.

Fuente: http://eldesconcierto.cl/a-un-ano-del-anuncio-de-bachelet-la-despenalizacion-del-aborto-sigue-esperando/

MUJER - GÉNERO

n° 360

22/05/2015  

Frida Khalo

Asesinato de Chiara Páez: Ni una menos ni una más

x Sandra Russo

El asesinato de la adolescente Chiara Páez, en Rufino, Santa Fe, fue la gota que rebasó algo. Algo podrido, algo horroroso que está pasando frente a nuestras narices, y no porque los medios de comunicación últimamente se ocupen de los femicidios llamándolos como tales, después de décadas de aludir a ellos como “crímenes pasionales”, una noción que era un terreno lindante con la emoción violenta, es decir, una excusa para pretextar que la víctima “algo habría hecho” para enfurecer a su victimario. Chiara tenía 14 años, estaba embarazada, fue muerta a golpes por un novio de 16 que confesó habérselas arreglado él solo para el asesinato, aunque la Justicia descree y ata cabos e imputa a la madre del chico y a su pareja, e investiga si el homicidio no se debió a la negativa de Chiara a tomar medicación abortiva.

La respuesta colectiva y viral a la convocatoria de periodistas, artistas y activistas que se expresa en Ni una menos, y que pondrá en la calle el 3 de junio a decenas de miles de mujeres –y seguramente varones– en todo el país, es tan transversal como la violencia de género, que no reconoce ni sectores sociales ni afinidades políticas y ni siquiera el género: así como se presume en este caso y en otros de los 277 casos de femicidios registrados el año pasado, y en otros de antes y de después, los asesinos no han actuado solos. El caso más recordado, y todavía de una extrema injusticia, es el del crimen de Rosana Galliano, mandada a matar por su esposo, José Arce, con la complicidad de su madre. Ambos están condenados a cadena perpetua, pero tienen prisión domiciliaria por la edad. Lo increíble es que los dos hijos de la pareja hayan sido dados en custodia a Arce y a su madre, los asesinos de Rosana. Las madres de los asesinos en muchas ocasiones, y de diversas formas, la mayoría de ellas no tan bestiales ni explícitas, pero igualmente activas, han sido cómplices y portadoras de la trama cultural que sostiene a la voluntad masculina como el frontón en el que rebota con sangre la voluntad femenina.

Sin llegar al extremo del asesinato, a lo largo de la historia se han mutilado o se han abortado infinidad de aspiraciones femeninas entre cuatro paredes. En millones de oportunidades, esas aspiraciones ni siquiera llegaron a subir a la superficie de la conciencia de ellas. Si se repasa la lista de femicidios caso por caso, si se afina el oído cada vez que una noticia de femicidio es dada a conocer y aparece poco después algún relato que contenga el motivo de ese asesinato cuyo agravante es matar a una mujer por el hecho de ser una mujer, lo que se encuentra repetidamente es que un hombre no se resignaba a que no se hiciera su voluntad. Eso es el patriarcado. Un sistema caprichoso de valores en el que las mujeres somos subsidiarias de la voluntad masculina, un sistema jerárquico que incluye culpa, frustración, difuminación del yo, cosificación, resentimiento.

Así como hay mujeres que, hundidas en la naturalización de su propia insignificancia, siguen hoy sosteniendo ese sistema de ideas patriarcales, hay otras que exhiben un extraordinario cambio cultural que ve sujetos donde antes había cosas. La propia madre de Chiara confesó su tristeza cuando se enteró del embarazo de su hija el mes pasado, cuando todavía tenía 13 años. Y ante el hecho atrozmente consumado del crimen, habló en voz alta, refiriéndose al novio de esa nena: “Le alcanzaba con dejarla, con no hacerse cargo. No tenía que matarla”.

Esa reflexión maternal sobre la disposición al acompañamiento de un embarazo solamente deseado por Chiara despunta un horizonte donde la voluntad que prima es la de la mujer, tenga la edad que tenga. Pero tenemos sobre nuestras espaldas culturales muchos siglos de negación. Las designadas para la multiplicación doméstica del patriarcado han sido históricamente las madres, las de los varones y las de las mujeres, replicando distintas escenas en las que la voluntad del varón tiene más consistencia y derecho que la voluntad de la mujer.

Si se pone la lupa caso por caso, se encontrará que una buena parte de los femicidios tuvieron lugar “porque ella decidió dejarlo a él, y él no lo aceptó”. Ese era el móvil. Negarse a aceptar que ella es un ser autónomo que decide cuándo quedarse y cuándo irse. Es abrumadora la entidad de los “ex” maridos o novios o parejas que, imposibilitados de aceptar esa ruptura, desbordan hacia el crimen. ¿Pero cuál es la barrera imposibilitadora? Hay un ingrediente subjetivo, por supuesto, pero siempre asentado sobre un cimiento cultural, que insiste en subsumir la voluntad de ella en la de él. “O sos mía o de nadie” es una muletilla bestial e impotente, y sin embargo yace como un sentimiento reconocible en hombres que antes de negarse a aceptar que ella decidió romper un vínculo, seguramente se negaron a aceptar que ella quisiera trabajar, o que quisiera tener amigas, o que quisiera visitar a su familia, o que quisiera estudiar, o que quisiera cualquier cosa que antepusiera su propia voluntad al rol que ese mismo hombre le había asignado.

Los crímenes contra las mujeres van en aumento, así como sus variables aberrantes: vengarse de ellas asesinando a los hijos, aunque sean los propios. Puede que se trate de un tipo de locura que termina en un suicidio o en un intento fallido de autoeliminación, pero aún así esa locura sigue prendida a la trama cultural del patriarcado, que es necesario comenzar a desmantelar de arriba para abajo y de abajo para arriba. De arriba para abajo estamos mal. Una gran cuenta pendiente de estos años de democratización en muchos sentidos es la de democratizar los géneros, aplicando las leyes que no sirven si no son coordinadas en todos los aspectos de la realidad, y la realidad incluye la desidia y la negligencia con la que continúan actuando la Justicia y las diferentes policías. Muchas mujeres que se animan a la denuncia, diariamente, chocan contra la mirada institucional que minimiza un golpe o una amenaza, y que no les ofrece ninguna hoja de ruta. Es el Estado, sus tres poderes, el que tiene que decirle a esa mujer qué pasos le siguen a esa denuncia, porque si no hay un terreno de contención ya preparado, la denuncia las fragiliza aún más. De abajo para arriba, en tanto, es necesario parar esta sangría de mujeres interpelándonos también entre nosotras, repasando qué tics domésticos replican y refuerzan el sistema de valores del que germinan los femicidas. Ese sistema patriarcal es dialéctico, y nos incluye como reproductoras muchas veces inconscientes de nuestra falta de autoestima.

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http://www.lahaine.org/mm_ss_mundo.php/asesinato-de-chiara-paez-ni