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Adelaida Artigado: "Utilizo la escritura para llamar a las cosas por su nombre"

http://www.portaloaca.com/images/stories/articulos/009/carcel78e.jpgTu libro es, ante todo, un documento para que no olvidemos la lucha de anónimos, y más conocidos, prisioneros y prisioneras de todo el mundo y todas las épocas. ¿Es difícil narrar, en tan cortos pasajes, las historias, tan dolorosas y crueles algunas, de todas ellas?

Lo difícil hubiera sido conocerlas y haberlas callado. Tenemos que hacer presencia de las personas secuestradas, revivir a las asesinadas, gritar por las torturadas, vocear por las silenciadas… para contar estas historias hace falta tener ganas y sentir una profunda empatía. Este libro concretamente fue una sugerencia de Fernando, mi amigo, mi hermanito. Él conoce bastante a fondo la prisión; por haber estado preso y porque a día de hoy es un luchador activo en contra de esas máquinas de torturas. Conserva una gran bibliografía con documentos de COPEL, APRE, Egin, del MIL, de los GARI… Sin él estas narraciones no existirían. Otra parte la conseguí tanteando en archivos y bibliotecas, siempre ayudada por Darío, mi compañero. Las historias personales fueron vivencias que me contaron mis propios colegas. Tengo una larga lista de amigos y amigas que han sufrido la prisión de una forma u otra.

Quedan fuera de este trabajo otras tantas historias que aún no se han contado y tantas otras que, aun siendo conocidas, has decidido no incluir. ¿Cómo ha sido el proceso de selección?

Contar historias de la cárcel no tiene fin. Tan solo en el Estado español hay 66.000 personas presas. En todo el mundo son millones y en algún momento debía acabar el libro. Y aunque no me resultó difícil escribirlo, sí que me afectó psíquicamente. Me lo lloré mucho porque este libro tiene muchas vidas que me llegan y me llenan sus dolores y sus condenas. En su momento tomé la decisión de darlo por terminado para templar un poquito mi corazón.

Para escribir fundamentalmente hace falta una cosa: escribir. Pero para ser escritora hace falta, sobre todo, tener algo que contar. En tu caso, al revés que la mayoría, no sabías escribir pero tenías mucho que contar.

Exacto. Yo utilizo la escritura para llamar a las cosas por su nombre. Con ella me expreso lo mejor que puedo en contra de todo este sistema opresor que nos ahoga, nos asfixia y nos mata. De hecho, antes de aprender a escribir (lo hice con 27 años), ya desde pequeña, me sobraban las palabras para manifestarme ante cada injusticia. Siempre dije lo que nadie quería escuchar. Este último libro me he centrado en la cárcel, donde hay más silencio que en otros temas.

Intento ser lo más breve posible porque a buena entendedora... Pero para ser escritora aún tengo mucho que aprender. Fernando pacientemente me va enseñando dónde va la b y la v; las palabras que llevan h y las que no; dónde poner las comas y los puntos; dónde debe ir el punto y seguido y el punto y final. Él es quien corrige todos mis libros.

Muy pocas veces sucede que un manuscrito que llega de manera anónima pase a formar parte de nuestro catálogo. Este es uno de esos casos, agradables pero extraños. ¿Qué te pasó por la cabeza para que un día tuviéramos tan grata sorpresa en el correo?

Soy bastante atrevida. Consideré que este libro concretamente se ajustaba bastante a vuestro catálogo y decidí enviarlo. Además, me atrevo a decir que Txalaparta es el sueño de todo escritor y escritora que se precie de tener ideas de izquierda radical, y a mí me gusta incitar los sueños para alcanzarlos, porque no vienen solos.

Sabemos que tuviste el inmenso honor de conocer al recientemente fallecido Eduardo Galeano, que lo consideras tu maestro y que su escritura ha influido de manera notable en ti, al punto que, leyéndote, muchas veces, tenemos la impresión de estar leyéndole a él.

El primer libro que leí en mi vida fue Días y noches de amor y de guerra; me lo regaló una colega en 1996 por mi 30 cumpleaños. Al acabarlo me di cuenta de cuántas cosas bonitas me estaba perdiendo por no leer y ahí nació mi admiración por Galeano.

La primera vez que tuve contacto con él fue de forma casual, chateando en una red social; después, yo le escribí vía email. Posteriormente fue vía postal. Un día recibí una carta certificada desde Montevideo, me enviaba su Amares con una nota que decía: “Para Adelaida, este abrazo de su colega Eduardo. ¡Y que nunca te canses de vivir y de escribir!”.

El destino quiso que no coincidiéramos. Galeano vivía en el mismo barrio donde yo resido cuando voy a Montevideo: Malvín, donde viven los padres de mi Darío. Así que me ahorraba los sellos dejándole mis cartas en su buzón. Este último libro también se lo deposité allí, pero jamás llamé a su puerta. Las casas son un refugio y un regazo que hay que respetar.

Aprendí a leer con sus libros. Aprendí a escribir porque él me motivó, así que su literatura influyó mucho en mí y en mi forma de escribir. Me enseñó Humanidades porque era un gran humanista. Cuando leía sus libros y hacía mención a cualquier país o ciudad, yo lo buscaba en un atlas que me compré en el rastro y así aprendí Geografía. Y sí, Galeano es mi maestro porque en verdad él, de una forma indirecta, me enseñó lo que sé.

Para mí Galeano es el escritor más grande que ha dado la literatura universal. Que se me lea y dar la impresión de estar leyéndole a él, eso sí que es un honor, un honor de los grandes.

 

Adelaida Artigado. A UNA LATIDO DE DISTANCIA

Disponible a partir de septiembre en Txalaparta 

¿Acaso hay algo más antiguo, más recurrente y rutinario que el poder de intimidación y dominación que es la cárcel? Las vidas, las penas y las injusticias que pueblan estos ochenta y pico relatos cortos, sencillos, proverbiales, poéticos, se cuelan entre las rejas, entre los muros, los cristales y las puertas de todas las prisiones del mundo, de todas las épocas, mostrándonos una realidad incómoda y oculta, un dolor silenciado. Así, podemos sentir, a un latido de distancia, el espíritu de lucha de las y los pobres, su complicidad y solidaridad, su lealtad, esa fuerza para resistir, para luchar, para crear, para reírse del poder y de sus caudillos, para sacudirse de una vez por todas el yugo de la opresión que nos machaca sin piedad.

Jon Jiménez

www.txalapartatik.info

n° 366

 

03/07/2015  

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