La obra de un artista plástico solo es sensible al análisis con el tiempo.El trabajo que se multiplica suele describir un camino y cuando no es así, estamos frente a otra cosa. En el caso de Carlos Musse bien podemos pensar en exploración y búsqueda constante. El sentido de vida que el autor asume como camino lo conduce hacia la libertad absoluta al momento de crear.Sus pinturas, a las que podemos ubicar dentro del mundo del expresionismo abstracto, sugieren caminos, recuerdos y pensamientos que van más allá del color que los materializa. Su formación académica es muy sólida, tanto como su obra, a la que hoy podemos ver con notableproyección local y también internacional, para enfatizar que estamos ante un artista plástico serio y comprometido.
Afable, extrovertido, curioso, su mundo es intenso y está cargado de sentido. Su atelier, ubicado en La Barra de Maldonado, es como una gran caja vidriada donde las puertas siempre están abiertas al público interesado, como a quienes desean conocer, aprender, mirar y descubrir.En algunos textos escritos por el propio Musse, el autor presentaa su obra como “libre y salvaje”, calificativos que me llaman la atención. Luego de observar su obra hallamos otra cosa. Un gran nivel de exigencia, un dominio absoluto de la técnica y la apelación a historias que son narradas a partir del color y, más que ello, de la expresión de trazos que son gruesos e intensos. “Comienzo a trabajar sin un norte definido, me dejo llevar por la inspiración del momento, de allí que me siento libre y pleno. Luego me retiro de la obra. La dejo por un tiempo, que puede ser un par de horas, un par de días o un par de semanas. Cuando regreso la interpreto, la analizo, la descubro, y es entonces que comienzo a entender la historia que necesito contar… La idea de lo salvaje la asumo a partir de la absoluta libertad con la que pinto, el momento es algo catártico, no tengo tiempo, no tengo límite y, de alguna manera, juego con la forma y con el espacio…”.
El proceso de creación para Carlos Musse es espontáneo y luego se ordena a partir de relecturas y descubrimientos. Pinceladas gruesas, espátula, colores intensos y señales, muchas señales, que incorpora a cada paisaje en el cual la historia suele estar aguardando por el lector indicado. Más allá de que una de sus series se denomina Mapas de vida, este título califica al conjunto. La desmesura se explica entonces en el proceso de hallar, analizar y repensar. Las historias aparecen, están allí y tal vez emerjan desde el subconsciente o simplemente sean lo que son,imágenes que cuentan cosas distintas a cada observador distinto. Las composiciones son equilibradas y demandan grandes superficies, de allí que las obras de Musse suelan caracterizarse, además, por el gran formato. 
La libertad y el espíritu salvaje con el cual se autocalifica Musse solo son posibles a partir de una preparación académica muy seria y contundente. Muy joven comenzó a estudiar con Esteban Garino, luego conoció a Felipe Seade y algunos años después llegaron Vicente Martín, Guillermo Fernández, Clever Lara, Miguel Battegazzore y Stephen Faharthing. Bien podemos afirmar que Musse interactuó con grandes maestros a la hora de aprender y capturar conocimiento y experiencia.El dominio de la técnica, su enorme capacidad para el dibujo, le permiten jugar libremente con los colores y hallar las formas donde no suelen aparecer normalmente. Lo figurativo ya no cumple el papel original a la hora de la narración, de allí la libertad de que alma y manos se muevan libremente intentando dar forma al recuerdo, a la visión, o simplemente a la sorpresa del descubrimiento.Al revisar la obra de Carlos Musse me resulta imposible imaginar la falta de premeditación, pero también presiento que existe una cuota importante de magia, muchas narraciones son espontáneas y me gusta pensar que sorprenden al propio autor, conduciéndolo hacia caminos donde no había pensado transitar, dando forma a historias que se van narrando solas, espontáneamente.
El expresionismo suele ser entendido como la deformación de la realidad para expresar de forma más subjetiva la naturaleza y el ser humano, dando primacía a la expresión de los sentimientos más que a la descripción objetiva de la realidad. Para los alemanes los colores violentos se asocian a historias de soledad y miseria, el expresionismo alemán reflejó la amargura vivida por los artistas e intelectuales germanos en la época de la Primera Guerra Mundial y luego de las vísperas de la segunda. Esa condición humana tan vívida fue causa para la búsqueda de nuevas dimensiones para la imaginación y de una clara renovación en el lenguaje plástico. El expresionismo defendía la libertad individual, la expresión subjetiva, el irracionalismo. De alguna forma este movimiento, desde su nacimiento, ha intentado deformar emocionalmente la realidad a través del carácter expresivo del lenguaje plástico, que así adquiere un carácter metafísico que bien puede definirse como una interfase que comunica directamente con los mundos interiores de los autores y los observadores inquietos.Esta semilla que germinó en una Alemania abrumada pronto trascendió y comenzó un proceso de reinterpretación universal, donde otras realidades vividas por otros autores que, como Carlos Musse, encuentran en el recurso una herramienta, un modo otro de narrar desde las entrañas. 
Importa saber que la obra de Carlos Musse ha sido señalada con premios innumerables veces, tanto en concursos locales como internacionales. Es así que está presente en importantes galerías, colecciones particularesy museos de Latinoamérica, Europa, Asia y los Estados Unidos. 
Carlos Musse es un hombre que eligió pintar. Allí está su sentido de vida.