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N° 392

POESIA

 

POESÍA HAITIANA: Jacques Viau

Nada permanece tanto como el llanto (fragmento)
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Hemos ido acumulando corazones en nuestro corazón,
palabras en nuestra voz quebrantada por azadones.
Hemos dejado huellas por todos los caminos
y algunos de nosotros ya no estamos.
Hemos ido de manos con las sombras.
Nuestro andar es un grito estacionado.
Por cada paso, un día que transcurre.
Por cada palabras, mil palabras que vocifera la prole.
Qué será de nosotros después de esta larga travesía?
Poco importan si el mármol o la piedra eternizan
nuestro corazón de húmedo barro.
Nos basta con que nuestra voz perdure en la voz
del amigo, en la del compañero de rutas que nos tendió
la mano cuando se aproximaba la caída.
Hemos llenado muchos de los vacíos que nos legaran.
A otros toca llenar los que nosotros dejamos.
Apenas tuvimos tiempo para remendar la herencia.
qué corazón irá nuestro corazón a depositarse?
A qué silbido irá nuestro silbo a renovarse?
Nada sabemos,
cumplimos una jornada que empezó antes que nosotros
y que no concluirá con nosotros.

Jacques Viau

Jacques Viau nació en Port-au-Prince en 1942. Perteneció a una familia de perseguidos políticos, que se refugiaron en Santo Domingo. Fue abatido durante las insurrecciones de 1965 cuando aún no había cumplido sus 23 años.

 

 

 

 

 

Tejido a tu Alma




Al abrigo de resuelta y entrañable lectora
       mi persona y sien sobre tu vientre,
                   donde la nueva vida elabora
        su esperanza.
Esperanza enjoyada en seno y corazón.
    Anhelada semilla incubando
        su esencia en tus entrañas,
arropada con tembloroso y tibio manto de vela.
      Intima trilogía perfumada de resina y humo
            con sabor a promesa inocente y ruidosa.

Encerrado afuera el gélido viento,
    arañando vicioso las rendijas,
        queriendo violentar
              la divina paz de los maderos.

Tu suave respiración
    callando amorosa la borrasca.

Tus ojos ventanas amorosas al porvenir,
irradiando tersura sobre tu satisfecho vientre.

Manos y dedos entretejidos en eterno abrazo
    alientos y besos anudados
        sobre tu desnudo pecho
Botones futuros
    surtidores de blanca miel
        y hondo sosiego.

La calamidad brutal, implacable,
    anidó en tu materia,
menguando con quebranto lozanía, fortaleza.
Hervía de ira tu sangre y frente,
    envestías convulsa contra la bestia.
    Lágrimas-sudor irrigando
        tus aromáticos campos.
Delirio concentrado en una mano de hierro, 
pidiendo amparo y amor.
    No me dejes,
        no me sueltes,
            no te vayas,
                abrazame...
Excelso beso y eterno,
    amor punzando desesperado...
Calma, sosiego y una sonrisa recién parida
    en tu hermoso rostro.

Resuelto y agitado salí
    al bestial océano demente,
Bocas saladas y espumosas
    queriendo mascar mi humanidad
Trombas y puños percutiendo la frágil barcaza.
    Húmedas púas pinchando mis ojos,             
descarriando el sur.....
Alarido y llanto sin vencer el vendaval.
    Eterna y grosera tortura,
             manos vestidas de honesta sangre.
Espíritu desmembrado y afligido,
    voluntad de piedra.

Vertiginoso retorno con amparo y remedio.
El silencio gritando furioso...........
    Cimitarra descuartizándome de pena...
Ante mi degollada angustia
    una tibieza abandonada.
Un vacío solido y pesado,
    un estuche sin calor
... y en tu vientre solidario,
    valientemente callado,
        preclaro diminuto guerrero
            abrazado a tus entrañas,
tejido a tu alma, compañero de yerto viaje....

Toda partícula de mi socavado espíritu
    se convierte en grito y dolor.
El gris atropella con metálicos cardos
    mis despojos.
La vida misma huye con la luz,
    el fango se reseca en mi sobrante.

Sin mas movimiento que clavar mi humanidad
     con zarpas de etanol.
    Entre aullido y lágrima
        en 60 tinieblas
            me destierro
                hacia ustedes.

José Luis Mendoza Aubert