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Así va el Mundo

n° 392

22/01/2016               

Frida Khalo

 

 

Dinamarca traiciona su pasado solidario

Gloria Moreno
Ctxt
El país nórdico ha pasado de ser uno de los más abiertos y humanitarios a convertirse en uno de los más hostiles para los refugiados que buscan asilo en Europa

Dinamarca ya no es lo que era. De ser uno de los países más abiertos y humanitarios del mundo ha pasado a convertirse en uno de los más hostiles, por no decir crueles, a la hora de atajar la actual crisis de refugiados que atraviesa Europa. Hace unos meses ya atrajo la atención internacional tras colgar anuncios en países de paso como Líbano o Turquía con el claro objetivo de disuadir a los migrantes que estuvieran pensando en pedir asilo en esta pequeña nación nórdica. A ello se suman las reducciones en las ayudas aplicadas desde entonces y nuevas restricciones para conseguir la reagrupación familiar. Sin embargo, es la reciente propuesta de confiscar el dinero y objetos de valor a los solicitantes de asilo lo que más indignación está generando.

Instigado por el Partido Popular Danés (PPD), famoso por sus posturas contrarias a la inmigración, el Ejecutivo de centro-derecha que gobierna en minoría quiere requisar a los refugiados cualquier pertenencia o dinero en efectivo que supere las 10.000 coronas (unos 1.340 euros), para obligarles así a sufragar los gastos de su propia manutención.

"No lo hacemos porque nos apetezca, sino para no poner en peligro el Estado de bienestar", argumentan los defensores de la medida, que, más que recaudar grandes cantidades con ella, se proponen frenar de forma "notable" la llegada de refugiados a Dinamarca.

Es cierto, este pequeño país de solo 5,6 millones de habitantes recibió 21.000 solicitudes de asilo en 2015, un tercio más que en 2014. Sin embargo, es inevitable que la idea de confiscar a los recién llegados los pocos bienes que han podido traer consigo desde que tuvieron que abandonar su tierra no traiga a la memoria el triste recuerdo de las abominables leyes aprobadas por los nazis para humillar a los judíos.

El próximo paso será preguntarles "¿alguien con dientes de oro? ¿o pelo de buena calidad?", comentaba con sarcasmo hace unos días en su cuenta de Twitter John O'Brennan, profesor de Política Europea de la Universidad Maynooth de Irlanda. La intención del Gobierno danés ha generado una fuerte controversia en el extranjero. Varios medios internacionales la han contrapuesto con acierto a la heroica valentía con la que, a principios de los cuarenta, la resistencia danesa logró evacuar a Suecia a casi todos los judíos del país, cerca de 8.000, poco antes de que llegaran los nazis.

Pero la actitud del Gobierno también avergüenza a muchos daneses de a pie, que sostienen que con propuestas como éstas el ejecutivo se sitúa "a años luz de lo que siempre han sido los valores y la cultura danesa". Es lo que piensa Malena Ravnholt, brand manager de 33 años, para la que esta ley constituye "el ejemplo perfecto y al mismo tiempo horripilante de lo que representa el Gobierno actual y su política de inmigración. No sólo es racista y extremadamente fría sino que también es degradante y profundamente irrespetuosa", lamenta.

Aunque lo más preocupante de todo es que, lejos de ser rechazada, la medida ha logrado un amplio consenso en el Parlamento, especialmente en las filas del Partido Socialdemócrata, que es la principal fuerza de la oposición. Tanto es así que pocos dudan ya de su aprobación, prevista para el próximo 26 de enero.

Hay que reconocer que los socialdemócratas consiguieron rebajar un poco la propuesta inicial, logrando que quedaran excluidos los objetos con valor sentimental, tales como anillos de boda o medallas, y se subiera un poco la cantidad mínima requerida para que los bienes puedan ser confiscados, que originalmente era de tan solo 3.000 coronas (unos 400 euros).

Aun así, sigue "pintando una imagen muy poco realista de la situación, en la que parece que los refugiados son personas adineradas que sólo vienen a Dinamarca para sacar provecho del sistema de bienestar", destaca Niels Rohleder, de la Alianza rojiverde, uno de los partidos de la oposición que se ha opuesto con más vigor a la medida.

No cabe duda de que una de las cuestiones que más alarma genera en los círculos progresistas es la deriva antiinmigrante que el Partido Socialdemócrata ha tomado en estos últimos años. En realidad, no es algo nuevo. Aunque para entenderlo, hay que conocer bien el contexto.

Como en el resto de Escandinavia, la socialdemocracia había sido la fuerza política dominante durante gran parte del siglo XX. A ella se le sigue atribuyendo la implantación de un generoso Estado del bienestar y la apuesta por una política solidaria y acogedora hacia los inmigrantes.

En los años 80, Dinamarca abrió sus puertas a una gran cantidad de extranjeros y, en los 90, su espíritu humanitario tampoco pasó desapercibido durante la guerra de los Balcanes. Pero los cambios económicos experimentados con la llegada del nuevo milenio y la no siempre fácil integración de personas procedentes de culturas distintas también ha ido generando cierto recelo.

El PPD nació precisamente a la sombra de estos sentimientos. Y su avance ha sido la principal razón del creciente retroceso socialdemócrata. Fundado a mediados de los 90, su programa político alterna la defensa de un Estado fuerte del bienestar, propia de la izquierda tradicional, con la más férrea oposición hacia los inmigrantes.

Y la fórmula ha demostrado tener éxito. En las pasadas elecciones del mes de junio los populares se convirtieron por primera vez en la segunda fuerza más votada del país. Y su influencia también se ha notado en el resto de la región, donde fuerzas populistas parecidas obtienen cada vez más votos.

Con todo, "el panorama en el que nos adentramos da miedo, estamos perdiendo la batalla", lamenta Line Søgaard, una joven activista de 31 años que el pasado mes de septiembre fundó junto a varios amigos la agrupación Welcome to Denmark para ayudar a los refugiados.

En su opinión, más allá de ser "irresponsable y egoísta para un país rico como Dinamarca", la ley de confiscación de bienes que pretende aprobar el Gobierno "va contra la convención sobre los refugiados que nuestro país ha ratificado".

No lo dice sólo ella. La propia Agencia para los Refugiados de la ONU también lo ha sugerido, señalando que la nueva legislación supone una afrenta para la dignidad de las personas que huyen de la guerra o la persecución y arroja una señal preocupante en el contexto internacional.

A nadie se le escapa que la cerrazón danesa añade un problema más a la diplomacia europea, que, desde que empezó la crisis de los refugiados, todavía no ha conseguido dar con una solución solidaria que implique a todos los países y consiga repartir de forma equitativa a los demandantes de asilo por todo el continente. El reto no es fácil. Pero lo que es seguro es que actitudes como la de Copenhague no sólo consiguen complicar más el asunto sino que, sobre todo, manchan los valores humanitarios y de concordia entre los pueblos en los que se fundamenta la Unión Europea.

Leer también: Últimas tendencias neoliberales: el copago en el derecho de asilo

Fuente:   http://ctxt.es/es/20160120/Politica/3781/Dinamarca-refugiados-requisa-de-bienes-asilo-Convencion-de-Ginebra-Europa-Europa-contra-s%C3%AD-misma.htm

 

 

 

Libia: La batalla infinita

Guadi Calvo
Rebelión
La exitosa ofensiva lanzada por grupos Estado Islámico en Libia, no solo marca el estado de inoperancia de los grupos armados que de alguna manera responden tanto a los parlamento de Trípoli como de Tobruk, el elegido tanto por la Unión Europea, como por los Estados Unidos, que a pesar de los acuerdos, respaldados por la ONU y firmados en la ciudad marroquí de Sjirat, el 17 de diciembre último, no logran unificarse, ni encontrar una política en común para poner coto a las bandas que pululan por todo el país, que tanto pueden representar el brazo armado de organizaciones de contrabandistas, redes de tratantes de persona, carteles de la droga o responder a grupos como al-Qaeda para el Magreb Islámico o para Estado Islámico.

Ni siquiera el presidente del Gobierno de unidad de Libia, designado por la Naciones Unidas, Mohamad Fayez al-Serraj, puede escapar de la violencia del país. El sábado 9 cuándo con una fuerte escolta de más de 15 vehículos quiso abandonar la ciudad de Zlintan, a donde había llegado a dar el pésame por los muertos en el atentado del jueves, fue retenido por los vecinos que lo insultaron, acusándolo de traición, mientras su escolta era atacada con piedras. Al-Serraj, apenas pudo escapar de sus connacionales, volvió a su refugio en Túnez, donde estableció su residencia por temor a atentados.

La falta de acuerdo entre los dos parlamentos que reclaman para si la legitimidad, en conseguir unidad en el terreno militar estriba fundamentalmente en la intransigencia de Trípoli en aceptar al controvertido Jalifa Hafther, el hombre de Tobruk, como jefe del "estado mayor".

El ex general Hafther, responsable de la derrota en la batalla de Maatin al-Sarra (1987) en el marco de la guerra libio-chadiana (1978-1987) que prácticamente decidió el triunfo del Chad, tras traicionar al Coronel Muhammad Gadaffi se exilió en los Estados Unidos, donde vivió durante 20 años y se cree fue cooptado por la CIA; para retornar a Libia en 2011 intentado ponerse a la cabeza de las bandas golpistas anhelo que a casi cinco años del inicio de la embestida de la OTAN contra la Revolución Libia, no ha alcanzado.

El estado de disolución del país, ha permitido que distintos grupos salafistas se instalen en el país entre ellos hoy el más poderoso Estado Islámico, que está marcando la verdadera agenda no solo de los dos parlamentos, sino también de la restructuración, la economía y la política de Libia y de occidente sobre Libia.

Estado Islámico que desde su incorporación al conflicto libio en 2015cuando tomó la ciudad de Darna, en la frontera con Egipto, y desde entonces no ha parado de conquistar territorio y protagonizar verdaderas matanzas, la última fue el jueves 7 de enero donde protagonizó dos atentados el primero en un puesto de control en la ciudad petrolera de Ras Lanuf, al este de país, cuando un atacante se inmoló causando seis muertos, entre ellos un niño de pocos meses.

El segundo fue contra una base militar en la localidad de Zlintan, situada al este de Trípoli, que habría dejado entre 50 y 80 muertos además de 200 heridos. Según lagunas fuentes militares un camión cargado con explosivos conducido por un suicida, embistió contra los portones de entrada a la base, que es también centro de entrenamiento por la Guardia Costera, que lucha contra la inmigración irregular, una de las fuentes de financiación más importantes no solo de Estado Islámico, sino también de muchas de las bandas armadas que actúan en el país. La explosión llegó a escucharse hasta en la ciudad portuaria de Misrata a 45 kilómetros al este de Zlintan.

Al mismo tiempo Estado Islámico, el lunes 4 atacó los más importantes puertos petroleros del país, Sidra y Ras Lanuf, donde la resistencia de la guardia privada, entiéndase mercenarios organizados por empresas occidentales como la estadounidense Blackwater, provocó duros combates hasta ahora de final incierto en torno a los depósitos de crudo. Se sabe que siete depósitos de petróleo se estaban incendiados en las terminales marítimas. Las instalaciones petroleras y sus depósitos al noreste del país, tienen capacidad de almacenamiento para uno dos millones barriles.

La descoordinación en la defensa de las terminales petroleras ha dejado, además de una veintena de muertos, claramente la desorganización no solo de la seguridad privada sino también de las fuerzas que pretende comandar Hafther.

Intentando repeler el ataque llegaron al complejo petrolero milicias del Gobierno de Trípoli, pero no las fuerzas leales a Tobruk, que están bajo el mando directo del ex-general Hafther. La Compañía libia Nacional de Petróleo (CNP) había solicitado ayuda, a las milicias de Hafther, que nunca llegaron al lugar.

Según la inteligencia francesa Estado Islámico cuenta con unos 3 mil miembros en Libia y es presumible que tras los duros golpes que está recibiendo en Siria, una vez iniciado el desbande el frente libio podría ser un de los destinos para los miles de combatientes del Califa Ibrahim. En su primer año de acciones, 2015, Estado Islámico, la banda realizó una treintena de atentados en Libia en 2015.

Más sangre por más petróleo.

Estado Islámico ya conoce sobre el alto rendimiento que se obtiene con el petróleo, robado en Siria e Irak, ahora pretende usar la misma estrategia de financiación en Libia. Los constantes asedios a zona petroleras no solo se realizan para debilitar todavía más la economía del país, sino para intentar hacerse con la mayoría de los pozos y refinerías, ante la mirada de Europa y los Estados Unidos, a quienes parece no haber molestado los escandalosos negociados que Necmettin Bilal Erdoğan, el hijo del presidente de Turquía, realiza con el Califa Ibrahim. Ahora en Libia, Estados Islámico parece estar intentado algo similar, buscando una fuente de financiación concreta.

Los califados han convertido a Sirte, el lugar de nacimiento y martirio del coronel Gadaffi, en su capital en la costa del Mediterráneo, y desde allí han organizado los diferentes asedios que han lanzado sobre las principales instalaciones petroleras del país. Ahora también están intentando ocupar la ciudad de Sabratha, a mitad de camino entre Trípoli y la frontera tunecina. Sabratha, fundada por los fenicios hace 2500 años es un yacimiento arqueológico al que uno vez tomado por Estado Islámico correrá seguramente la misma suerte que las ruinas de Palmira en Siria. Los módicos esfuerzos de Naciones Unidas, y la comunidad internacional entiéndase Estados Unidos, y la Unión Europea, tan ágiles a la hora de atacar a Gadaffi, por detener las acciones de los grupos salafistas y las bandas delictivas en el país, hace sospechar que Libia está destinada a convertirse en una batalla infinita.

* Guadi Calvo es escritor y periodista argentino. Analista Internacional especializado en África, Medio Oriente y Asia Central.

ATILIO BORON / Obama: time is running out!

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ATILIO BORON / APORREA – En menos de un año volverá a las sombras, corriendo la suerte de todos los presidentes de Estados Unidos que, como lo observara con clarividencia Juan Bosch en El Pentagonismo, una vez que dejan la Casa Blanca su voz se desdibuja por completo hasta tornarse inaudible en medio de la engañosa vocinglería que fomenta la dictadura mediática. Como salvo escasísimas excepciones no son estadistas sino apenas funcionarios surgidos de una tramposa maquinaria electoral, una vez que salen del locus del poder formal rápidamente se convierten en oscuros "don nadies." Sus promesas y opiniones sólo cuentan mientras habiten en la Casa Blanca. Una vez salidos de ella nada pueden hacer.

A Obama le queda menos de un año para hacer lo que dijo que quería hacer: normalizar las relaciones con Cuba –digo: normalizarlas en serio, sin bloqueos ni agresiones financieras- e iniciar una nueva etapa en las relaciones bilaterales. A ello se le opone una importante parte del Congreso, que en su decadencia se convirtió en el refugio de una turba impresentable de ignorantes y reaccionarios de diversos pelajes (salvo unas pocas excepciones, por supuesto) y no pocos sectores de su administración.

Pero la mayoría del pueblo norteamericano quiere acabar con esa escandalosa rémora de la Guerra Fría y poder viajar y conocer a Cuba y sus gentes; disfrutar de la maravilla de su cultura, su música, sus bailes, sus playas y el sabor de sus rones y sus puros. De la misma opinión es buena parte del mundo empresarial, que ve como algunos jugosos negocios se le escurren entre los dedos por el intransigente veto de algunas agencias del gobierno federal. En suma, si Obama quisiera debilitar significativamente al bloqueo está en él poder hacerlo. Pero no lo hace.

Esta disyunción entre palabras y acciones obliga a preguntar si hay uno o dos Obamas. Uno dice que quiere que "el pueblo cubano sea libre". Se sobreentiende que el pueblo norteamericano ya lo es: por ejemplo, libre para tener más afroamericanos entre 20 y 24 años en las cárceles que en las universidades; libre para tener un 15 % de la población bajo la línea de pobreza; libre para que la mayoría de los niños de Estados Unidos viva en la pobreza; libre para que policías blancos maten a unos mil quinientos afroamericanos en el último año sin tener que rendir cuentas ante la justicia. Libres para no poder pagar la matrícula universitaria, o comprar los medicamentos que necesitan. Libres también para ver como el 1 % más rico se enriquece cada día más mientras que el 90 % inferior en la distribución del ingreso reduce su patrimonio a lo que poseía hace treinta años, en 1986, mientras que el 3 % más rico hoy se adueña de algo más de la mitad del total de la riqueza de ese país según los datos de la Oficina del Censo. El Obama de las bellas declaraciones se esfuma detrás del otro que persiste en no utilizar las atribuciones que tiene como presidente de Estados Unidos para ir desarmando la infernal maquinaria del bloqueo. ¿Quiere que los cubanos elijan libremente su futuro? Entonces, ¿por qué mantiene el bloqueo informático a la Isla? Basta con observar el diagrama de los cables submarinos que distribuyen el tráfico de la Internet para comprobar como todos ellos sortean cuidadosamente a Cuba. ¿Por qué mantiene la criminal política migratoria, la Ley del Ajuste Cubano, que incentiva la migración ilegal de cubanos a Estados Unidos y facilita la corrupción de las autoridades migratorias norteamericanas y los negocios de la mafia de los "polleros" encargados de introducirlos en territorio americano? ¿Por qué insiste en sancionar a empresas estadounidenses o extranjeras que intermedian en actividades económicas de Cuba? Días atrás la Oficina de Control de Activos Extranjeros, OFAC, le aplicó una multa de 260.000 dólares a Watg Holdings, una consultora con base en Irvine, California, porque había participado en un proyecto arquitectónico para la industria hotelera cubana. Luego de las alegaciones correspondientes la sanción se redujo a 140.000 dólares, y ahí se mantuvo firme.

En otras palabras: ¿cuál es el verdadero Obama? ¿El que habla bonito o el que sigue actuando como un frío cancerbero imperial? Su dualidad desvirtúa el valor de sus palabras. Si quiere pasar a la historia como el presidente que puso fin a una injusticia tan enorme como el bloqueo impuesto contra la Cuba revolucionaria tiene que comenzar a actuar ya, sin más demoras. Si lo hace habrá probado que tiene pasta de estadista, poseedor de una visión que se eleva por encima de las presiones y los aprietes de la mafia anticastrista y sus poderosos lobistas. Si cede ante ellos su suerte estará echada. No sé si será consciente que su único mérito real al concluir su presidencia sería el haber sentado las bases para acabar con el bloqueo. De la lectura de su reciente, y final, discurso sobre "El Estado de la Unión" del 13 de Enero del corriente año se desprende que su política migratoria fracasó, la reforma financiera fue un fiasco, y casi otro tanto puede decirse de la que intentó en el sector salud. El desempeño económico es apenas mediocre y en la arena internacional cosechó un traspié tras otro. Por una de esas raras paradojas de la historia sólo le queda Cuba para anotarse un éxito duradero y aprobar el examen. Pero tiene que apurarse. Le queda muy poco tiempo.

Fuente: http://www.lahaine.org/

 

Miró - Mundo caos