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Oro en basura electrónica supera extracciones mineras

08/14

Ultimas investigaciones muestran que la proporción de oro contenida en la basura electrónica es mucho mayor que el promedio de origen minero.

La investigación fue realizada en conjunto por la Universidad de Naciones Unidas y la Iniciativa Global de Sostenibilidad Electrónica con el objetivo promover el reciclaje de material electrónico. De acuerdo con el informe, la cantidad de oro contenido en productos electrónicos de consumo en todo el mundo supera las 320 toneladas, con un valor de mercado estimado en más de 16.000 millones de dólares. Por su parte, el contenido de plata alcanzaría las 7.500 toneladas, es decir unos 5.000 millones de dólares.

Según el informe, los aparatos electrónicos como teléfonos móviles, computadoras portátiles y ordenadores de escritorio, entre otros, contienen una enorme cantidad de metales preciosos, pero su reciclaje es muy bajo. En el caso del oro, sólo se recicla entre el 10% y el 15%, mientras que el resto no ha sido encontrado o se pierde en el proceso de reciclaje de productos con contenidos menores.

De acuerdo con la investigación, una tonelada de placas electrónicas contiene 200 gramos de oro y una tonelada de teléfonos celulares contendría hasta 300 gramos de ese metal precioso, mientras que en las extracciones mineras sólo se encuentra un promedio de 5 gramos por tonelada de material.

Esto significa que el contenido de oro en la basura electrónica es entre 40 y 60 veces mayor que en las minas.

Ecoportal.net

Diario Ecología

http://diarioecologia.com/


 

Los nuevos dueños de los alimentos de la Tierra

¿Pueden las grandes multinacionales agroquímicas convertirse en los dueños de los alimentos que produce la Tierra? ¿Pueden esas mismas compañías convertir la naturaleza y sus semillas en su exclusiva propiedad privada? La respuesta provoca espanto: ¡Sí!… Por ese motivo, la fuente de los alimentos del planeta en que vivimos está hoy en riesgo. Diez compañías agroquímicas son dueñas del 73% de las semillas que existen en el mercado internacional.

Debido a su difusión masiva, en algunos países han desaparecido hasta el 93 % de las variedades tradicionales de varias semillas.

Solamente en México, 1.500 variedades de maíz están en peligro de extinción debido a las prácticas comerciales y legales introducidas por Monsanto y otras nueve compañías agroquímicas en el mercado agrario de ese país.

Cuesta trabajo creerlo, pero ellas están privatizando los orígenes de la naturaleza.

La FAO dice que esas prácticas están perjudicando la agricultura sostenible, destruyendo la diversidad biológica y reemplazando las variedades nativas por nuevas plantas modificadas genéticamente y vulnerables a las enfermedades.Un informe publicado por la revista National Geographic describe este desastre:

  • En 1903, las principales variedades de maíz existentes en el mercado alimentario del mundo eran 307; hoy se han reducido a 12.
  • Las de repollo eran 544; hoy solo son 28.
  • Las de lechuga eran 497; hoy son 36.
  • Las de tomate eran 408; hoy son 79. Las de remolacha eran 288; hoy son 17. Las de rábano eran 463; hoy se han reducido a 27.
  • Las de pepino eran 285; hoy solo son 16.

Este proceso de degradación de la naturaleza es simple y al mismo tiempo perverso. Cuando alguna de estas multinacionales llega a un país, casi siempre amparada en una cláusula de un tratado de libre comercio, la lógica sencilla de la naturaleza es reemplazada por una cadena endiablada de procedimientos legales y comerciales que empieza en los bancos.

A partir del momento en que la empresa agroquímica abre sus operaciones comerciales en un país, los bancos se niegan a financiar a los campesinos que continúan sembrando las variedades tradicionales. Solo hacen préstamos a los que aceptan cultivar las variedades transgénicas patentadas.

A su vez, no brindan asistencia técnica sino a los cultivadores que usan sus semillas. Cuando llega la época de la cosecha, las cadenas de supermercados no compran sino las variedades de productos transgénicos certificados con sus patentes. Después de la cosecha, los agricultores no pueden conservar las semillas.

Los contratos los obligan a destruirlas. Para volver a sembrarlas, deben comprar nuevas semillas patentadas. De lo contrario, son denunciados ante los tribunales y sometidos a largos y ruinosos procesos judiciales.

Los resultados de esta cadena asfixiante son dramáticos. Solo en la India, miles de campesinos se han quitado la vida desde 1990, y su número se ha disparado hasta los 15 mil al año desde 2001, acosados por las deudas impagables y los embargos judiciales.

A tragedias como estas hay que agregar las catástrofes ecológicas provocadas por el uso masivo de pesticidas indispensables para controlar las plagas en los cultivos transgénicos. Uno de los pesticidas producidos por Monsanto está acabando con millones de abejas en varios países de Europa.

En vez de suspender la venta de sus venenos, la empresa está desarrollando en sus laboratorios abejas robóticas para polinizar las plantas. De prosperar su proyecto, los agricultores europeos no solo tendrán que pagar a Monsanto las semillas patentadas y los pesticidas. ¡También deberán comprar sus abejas…

Si el mundo sigue gobernado por esta lógica abusiva, las grandes multinacionales agroquímicas van a acabar patentando como propiedad privada hasta el libro del Génesis.

24 de julio de 2014

Fuente: Rel-UITA


 

Fukushima, la industria nuclear y los costes reales de las “externidades”


Salvador López Arnal
Rebelión


Se ha afirmado hasta la saciedad, como mantra publicitario atómico-industrial, que la energía nuclear era eficaz económicamente (JA!), segura (JA, JA), pacífica (JA, JA, JA), sin contaminación (JA, JA, JA, JA) y barata-compra-lo-barato. Cinco mitos en uno. Misterios teológico-industriales.

“Demostración” del último atributo, lo barata que es económicamente la energía, la industria nuclear. ¡Un verdadero cholo para la ciudadanía, para los pobladores del mundo-mundial!

El coste total del accidente de Fukushima será, probablemente, de 80.000 millones, el doble de lo previsto [1]. Así lo afirma un estudio realizado por dos universidades japonesas y presentado el pasado martes 26 de agosto. El informe ha sido elaborado por Kenichi Oshima y Masafumi Yokemoto, titulares de Economía y de Política Medioambiental en las universidades de Ritsumeikan y de Osaka respectivamente.

La cifra total incluye 4,91 billones de yenes (35.817 millones de euros) destinados a pagar compensaciones a los evacuados por la catástrofe; 2,48 billones (18.093 millones de euros) para las tareas de descontaminación radiactiva; más 2,17 billones (15.830 millones de euros) para desmantelar la planta accidentada. A lo anterior se añaden 1,06 billones de yenes (7.733 millones de euros) para costear el almacenamiento de los residuos y materiales radiactivos recogidos durante las tareas de descontaminación. Los autores, además, “no descartan que la cifra aumente si se tienen en cuenta posibles futuros gastos”. El coste total –habría que precisar con detalle las partidas incluidas en el cálculo- del accidente nuclear de Fukushima ascendería, de este modo, a 11,08 billones de yenes (80.800 millones de euros), el doble de lo previsto –a lo loco, a lo loco, que se vive y engaña mejor [2]- por el ejecutivo nipón en 2011..

El cálculo, corregible como cualquier otro cálculo, se basa en datos oficiales, los del Gobierno y de la propietaria de la planta, Tokyo Electric Power Company (TEPCO), una multinacional con pulsión falsaria permanente.

De hecho, según los autores del informe, la factura final podría ser aún mayor si se tienen en cuenta, como parece más que razonable, “los futuros gastos para construir (antes se ha hablado de almacenamiento) un depósito permanente para los residuos radiactivos o, por ejemplo, el previsible aumento del presupuesto para las tareas de desmantelamiento debido a su dificultad técnica”. ¿No habría que tenerlas en cuenta?

Existe además otro estudio, éste del Instituto Nacional de Ciencias y Tecnologías avanzadas de Japón (AIST) que no es un instituto de tres al cuarto, que situaba el coste de los trabajos de descontaminación radiactiva en 5,13 billones de yenes (unos 39.000 millones de euros), “cuatro veces más de lo presupuestado por el Gobierno y el doble de lo calculado por las universidades niponas.”

¿Y quién paga, quién financia? El Gobierno nipón, es decir, la ciudadanía japonesa, financia el coste de las tareas de desmantelamiento y descontaminación. Se creó un fondo especial para ayudar a TEPCO a pagar las compensaciones que reciben los habitantes de la zona que se vieron obligados a abandonar sus hogares. La multinacional, con enormes beneficios en otros momentos, deberá reembolsar en el futuro las cantidades aportadas por el Estado. Veremos en qué queda la promesa y cuándo y cómo se cumple. Por lo demás: seamos más que optimistas, ¿ese posible reembolso no podrá tener repercusión en las facturas eléctricas? Negocios privados, grandes desastres públicos, apoyos obligados de la ciudadanía y pago de los gastos extra por esta misma ciudadanía. ¿Tienen algún ejemplo de la noción de “negocio perfecto”? Aquí tienen una ilustración.

Recuérdese por otra parte que más de 50.000 habitantes de la prefectura de Fukushima viven todavía evacuados de sus hogares. ¡Y se han cumplido más de tres años de la catástrofe nuclear que también ha afectado gravemente, como no podía ser de otra forma, a la agricultura, la ganadería y la pesca local y no local! Sin olvidar otras aristas. ¿Cómo se mide el sufrimiento humano causado? ¿En unidades de cinco o de diez yenes? ¿Y el miedo provocado? ¿En unidades de euro revaluado? ¿Y la desesperación? ¿Y las muertes avanzadas?

¿Alguien habló de seguridades y costes mínimos y de un futuro atómico esplendoroso en paz con el planeta? ¡Que levante la mano! Como apuntó Eduard Rodríguez Farré dos días después de la hecatombe: un Chernóbil a cámara lenta… con costes crecientes. 


Notas:

[1] http://www.publico.es/internacional/540661/el-coste-total-del-accidente-de-fukushima-sera-de-80-000-millones-el-doble-de-lo-previsto

[2] Un primer cálculo realizado por el Gobierno nipón -diciembre de 2011- situaba el coste de la crisis de Fukushima en 5,8 billones de yenes (42.305 millones de euros). El estudio actual incluye gastos que el Ejecutivo nipón descartó por considerarlos difíciles de estimar (así, el del almacenamiento temporal de los residuos radiactivos por no hablar del definitivo).

 

 

 

 

 

       

 

 

  

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ECOLOGIA
   
N°325--29/08/2014

       

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